Volvió este año al senado y se ha instalado como uno de los grandes negociadores con La Moneda. Ojo político y trayectoria respaldan el diagnóstico de Andrés Zaldívar respecto al gobierno y una Concertación que, a su juicio, aún no se acostumbra a estar en la vereda de enfrente. De paso, desempolva episodios ocultos de la administración Bachelet. Cuenta, por primera vez, cuánto le advirtieron a la ex presidenta que el escándalo de las irregularidades en subvenciones escolares venía. ¿Por qué no reaccionó entonces? Las redes de protección del poder, acusa. Por María José O’Shea C. Fotos: Verónica Ortiz

  • 16 noviembre, 2010

 

Volvió este año al senado y se ha instalado como uno de los grandes negociadores con La Moneda. Ojo político y trayectoria respaldan el diagnóstico de Andrés Zaldívar respecto al gobierno y una Concertación que, a su juicio, aún no se acostumbra a estar en la vereda de enfrente. De paso, desempolva episodios ocultos de la administración Bachelet. Cuenta, por primera vez, cuánto le advirtieron a la ex presidenta que el escándalo de las irregularidades en subvenciones escolares venía. ¿Por qué no reaccionó entonces? Las redes de protección del poder, acusa. Por María José O’Shea C. Fotos: Verónica Ortiz

 

Dice Andrés Zaldívar (74 años, 4 hijas, 10 nietos) que volver a la política activa era una idea de la que se había despedido para siempre. Pero cuando le pidieron el año pasado que postulara a como senador por la VII Norte, hubo un motivo contundente que lo hizo cambiar de opinión: le picó el orgullo y sintió el deber de reivindicarse. ¿De qué? De cuando, tres años atrás, la entonces presidenta Bachelet lo sacó intempestivamente de su cargo de ministro del Interior, a sólo cuatro meses de haber asumido la nueva administración. Y le fue bien en el desafío que se autoimpuso. No sólo ganó –le arrebató el cupo al PS Jaime Gazmuri–, sino que se ha convertido en uno de los hombres clave a la hora de buscar acuerdos entre La Moneda y la oposición, en tiempos en que para él las cosas aún están a punta de ensayo y error… Para gobierno y Concertación.

Viejo zorro en la política, Zaldívar es de los DC que tratan al presidente Piñera de Sebastián. De los que probablemente lo vieron crecer, o pasar en bicicleta por el mismo barrio. Se nota que le tiene simpatía. Pero no se confunde, Zaldívar. Lo critica duro y advierte que al mandatario le falta “finura”. Y que con su hiperkinesia política pone en riesgo la prestancia republicana.

-¿Cómo ha sido negociar con el gobierno de Piñera?

-No es fácil; sobre todo, porque es primerizo y porque la gran mayoría recién está asumiendo una experiencia pública. Muchas veces actúan con el criterio del ejecutivo de empresa privada que entra a imponer lo que quiere, pero en el ámbito público la cosa es diferente. Tienen que entender que la contraparte también tiene algo que decir. En un principio, la ruptura de las negociaciones por el presupuesto 2011 se produjo por eso: Felipe Larraín dijo se hace esto y esto. Y no era mucho. Entonces nos paramos y nos fuimos. Pero a medida que van haciendo esta gimnasia, aprenden… Pero no creas que es fácil. Yo mismo le decía a Felipe: valora lo que es conseguir un acuerdo y concede pequeñas cosas. Hay veces que se produce intransigencia. Yo he sido ministro de Hacienda, entonces lo aconsejé: entiendo que hay que ser muy duro, pero tenís que guardar algo para entregar. El ministro de Hacienda siempre tiene que andar con algo en el bolsillo, le dije. Fue un tira y afloja largo.

-¿Cuál fue el momento más tenso en las conversaciones?

-El comienzo. Le hicimos una propuesta al gobierno, de 14 puntos, nos sentamos en la mesa de negociación y Felipe nos contestó con muchas vaguedades y poca concreción. Ahí Camilo Escalona, que preside la comisión, dio vuelta el tablero. Fue un poco duro e incluso sentí que la cosa se extremaba…

-¿Qué le dijo?

-No, no lo puedo contar. Pero bueno, después se producen reflexiones…

-¿Y a usted le tocó ablandar a Escalona, también?

-No, él en la comisión de Hacienda es muy moderado. La gente lo vincula con posiciones más rupturistas, pero es todo lo contrario. Yo valoro mucho su trabajo.

“Sebastián tiene que ser más republicano y no exagerar en lo mediático”


-¿Y cuál es su evaluación del gobierno, en general?

-Está en proceso de rodaje y se cometen muchos errores, precisamente por eso. Les tocó un comienzo complejo pero, por otro lado, recoge un país en buenas condiciones económicas… y eso no es fruto de estos siete meses, sino de lo que se hizo los años anteriores. Con todo, cuando hay mucha abundancia no es fácil tampoco, porque la riqueza es difícil de administrar y la demanda, además, se exacerba.

-¿Y cómo ve a Piñera?

-El será el titular de este buen año económico, por lo que tendrá un beneficio a su favor. Ahora, creo que el gran problema de Sebastián es su excesiva exposición y el hecho de tratar de estar en todas, de ser el protagonista en todo. Y eso no es bueno para un presidente.

-¿Le baja la prestancia republicana, dice usted?

-Sí, tiene que cuidar más eso. Y empoderar más a sus ministros. No puede aparecer como sabiéndolo todo. Muchas veces por esa hiperkinesia política, siendo muy inteligente, se le producen los chascarros que conocemos y que ya son permanentes…

-¿A cuáles se refiere?

-Son muchos. Cuando va a Juan Fernández y se equivoca, cuando va a Alemania y equivoca, cuando le va a dar clases a la Angela Merkel y se equivoca, cuando saca demasiado el papelito… O cuando se va a Valparaíso a ofrecer a Wanders y Everton un nuevo estadio el día anterior a la elección de la ANFP.

-Esa última fue grande…

-Todas son grandes. Ese es su gran error. El está en una posición de apoyo bastante alto en las encuestas, tuvo una gran suerte con los mineros –aunque sólo le faltó meterse a la cápsula–, pero va en helicóptero y lo maneja él, va a la Antártica con un presidente extranjero y maneja el Hércules… ¡y eso no puede ser! No tiene cuidado. No le recomienda a su consuegro no comprar las acciones de Colo-Colo…

-¿Falta de delicadeza?

-Le falta finura, lo que es muy importante para el cargo. Es avasallador. Cuando uno está en una cosa con él, no le deja margen al pobre que está al frente… Sebastián tiene que ser más republicano y no exagerar en lo mediático.

-¿Cree que le va a repercutir en su popularidad la idea de que intervino en la elección de la ANFP?

-No quiero hacer afirmaciones de las que no tengo constancia. Pero la sensación que hay es que, efectivamente, al gobierno no le gustaba Harold Mayne-Nicholls y estaba sentido con Bielsa. Si bien Sebastián debe haber gozado con los partidos, le molestaba el DT… Y eso se traduce en que con la coincidencias, en que el consuegro y él son accionistas de Colo-Colo, las especulaciones que tiene algún fundamento de relación, entonces la imagen que hay es que hay presunciones fundadas de que el gobierno algo tuvo que ver.

-Pero echarse a Bielsa es un error político, y él lo sabe.

-Y a Mayne-Nicholls, también. Y yo creo que con Harold se produjo lo que llamamos “el pago de Chile”. Creo que afectará su popularidad. No sé cuánto, pero le va a pegar porque se instaló que algo pudo haber tenido que ver. Aquí va el dicho sobre la mujer del César: no sólo hay que serlo, sino también parecerlo.

-El dice otro dicho: “miente, miente, que algo queda”.

-Eso se dice en autodefensa, pero hay que reconocer que cuando uno ha hecho tonteras…

“Si yo fuera diablo…”


-¿Y cómo ve la presidencial en la Alianza?

-Eso es lo que provocará los mayores problemas en la derecha, porque van a empezar las zancadillas, las envidias. Ya lo vimos con las declaraciones del ministro Hinzpeter en esta revista. Yo si fuera diablo, diría dejemos que haya reelección presidencial, a pesar de que Piñera haya dicho que no. Siguiendo la política de El príncipe, de Maquiavelo, diría que les aprobemos la reforma constitucional para que haya reelección. Estoy seguro de que ese día se quiebra el gobierno, porque nadie aceptará que Piñera tenga cuatro años más. El tema presidencial es algo que está ahí porque hay varios que han mostrado el colmillo.

– Están los ministros Hinzpeter, Golborne…

-A ninguno de ellos los veo con trayectoria para ser candidato. Tienen que mostrarse mucho más.

-¿Y a quién ve? ¿Lavín, Allamand?

-Mucho más a Lavín. Tiene más trayectoria. A Allamand lo veo más distante, pero con ganas. Bueno, el bichito ese le entra a todo el mundo. Lo peor de todo es creérselo.

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Concertación: “hay puros liderazgos nacientes, el único potente es Bachelet”

-¿Y en la Concertación? También están de primerizos como oposición.

-Tenemos un tema bastante delicado… Debemos acostumbrarnos a que somos oposición y no gobierno.

-No ha aprendido a ser oposición.

-Está aprendiendo. Y le cuesta, y es natural que eso pase.

-Pero si usted fuera doctor, ¿cuál es el diagnóstico de la Concertación?

-Está en un proceso de convalecencia y hay que alimentarla bien para que recupere su fuerza. Tiene que asumir que tiene que ser oposición y proyectarse así para volver a ser gobierno. Primero tiene que ordenar sus filas –y en eso ya ha habido recambio en los partidos–, y ahora le falta un nuevo paso, que es volcarse a repensar qué quiere hacer en el país en el próximo tiempo.

-¿Una refundación?

-Más bien reformular sus programas y sus planteamientos, para que la opinión pública vuelva a tener atención en lo que la Concertación quiera hacer. Tiene que ver cómo impedir que el gobierno haga cosas que dañan al país, pero que no nos vean en una trinchera permanente de críticas sin sentido. Y los liderazgos emergerán. Hay gente joven que está saliendo…

-¿Claudio Orrego en la DC, Carolina Tohá en el PPD?

-No quiero dar nombres.

-Pero hay mucha gente que piensa que para 2014 la única alternativa es que vuelva Michelle Bachelet.

-Ella es el liderazgo más consolidado que tenemos. Y ella tiene todo el mérito. Ahora, es un tema de decisiones personales. En Chile, salvo en el caso de Eduardo Frei, no ha habido segundas patas. Pero eso no es una norma, y puede ser que Michelle Bachelet sea candidata y produciría un efecto de consolidación bastante fuerte en la Concertación si es que la ven como alternativa.

-¿Le volvería el alma?

-Más que eso, nos volvería a dar la capacidad de entender que tenemos un liderazgo potente, porque todos los otros que tenemos son liderazgos nacientes, no son potentes. Hoy no hay ninguno que uno diga “aquí está”.

-¿Y cree que de esos liderazgos nacientes, alguno alcanza a foguearse para 2014?

-Sí, porque además no solo basta con el nombre, sino que tiene que estar la coalición.

-¿Y la DC apoyaría a un PS, o PPD?

-Yo como DC voy a jugarme por proyectar un liderazgo DC. Pero también, como soy concertacionista, voy a optar por un nombre que sea capaz de liderar el próximo tiempo y, por lo tanto, no excluyo que sea Michelle Bachelet.

-Varios en la Concertación piensan que serán 8 años para la derecha.

-Yo no soy pesimista, no estoy de acuerdo. Creo que aun cuando Sebastián Piñera lo haga bien, la opción de la Concertación sigue siendo positiva.

-Siempre que tenga un liderazgo claro y potente…

-Muchas veces los gobiernos que lo han hecho bien no han tenido sucesión. Fue el caso de Bachelet.

-¿Le preocupa la idea de que la Concertación aparezca desorientada tras perder el gobierno? Hinzpeter planteaba que ésta tenía un arteria alimentadora, que era el gobierno y, perdido éste, le dio anemia.

-No, ese es un error gravísimo. El respaldo electoral de la Concertación lo vamos a ver en la municipal. La ciudadanía que está detrás se mantiene y es más potente que la de la coalición de gobierno. No creo que la gente popular se vaya a derechizar. Y creo que cuando la gente ha estado 20 años en el gobierno, se produce incluso una situación delicada de vida, porque hasta se les cierran los espacios de trabajo.

-Pero eso le pasa a alguien que fue funcionario. Y lo que vemos es que los parlamentarios no han podido encontrar un rumbo común…

-Hoy estamos totalmente ordenados. Que se producen entredichos, bueno, también le pasa a la UDI…

-Pero en el voto voluntario versus obligatorio, aparecen divididos. Unos quieren mantener el acuerdo por el voluntario al que se llegó durante el gobierno pasado y otros, no.

-Eso es más de fondo. Yo no participé en ese acuerdo pero lo voy a respetar, sin perjuicio de que creo que el voto voluntario es el error más grande. Los ciudadanos tienen que votar, porque no es sólo un derecho sino también un deber. Y la voluntad del individuo debiera expresarse a través de su retiro del servicio electoral.

-¿Pero van a votar en bloque?

-Si a mí me obligaran a votar, me voy a abstener, porque no voy a entorpecer el acuerdo. Pero haré todo lo posible por imponer mi tesis sobre la base de la reforma constitucional que se aprobó.

“Con Adolfo la relación antes era más fluida”
-¿Cómo está la relación con su hermano Adolfo, hoy embajador de Piñera en Argentina?

-Bien, aunque no lo veo desde hace unos hace tres meses. Tenemos buenas relaciones familiares, porque la política no tiene que ver ni con la familia ni con los amigos.

-¿Y le ha resultado esa norma con él?

-El separó aguas… No me gustó lo que hizo, además fui contrario a que lo expulsaran de la DC. Me dolió, y no estoy de acuerdo con su decisión. Ahora, nuestra relación antes era mucho más fluida. Nos juntábamos más.

-Entre la no extradición de Apablaza y la muerte de Kirchner le ha salido difícil…

-Claro, pero él es muy inteligente y lo va a hacer muy bien.

Su salida del gobierno y las advertencias a Bachelet
-La periodista Patricia Politzer acaba de lanzar un libro en que relata su salida del ministerio del Interior a inicios del gobierno pasado. ¿Todavía le duele ese episodio?

-Esa decisión la consideré injusta y nunca la entendí. Yo creo que la presidenta lo hizo porque tuvo presiones, creyendo que con eso iba a cambiar el eje de lo que estaba pasando. Y buscó seguramente el cambujo más potente, que era el ministro del Interior.

-¿Cómo se sintió?

-Me sentí víctima de una situación poco justa y poco afortunada. Pero yo privilegio el bien común al personal, y ese bien común era que yo debía aceptar resignadamente la decisión que se tomó en mi contra. Ella tiene una carta mía, que se la mandé al día siguiente.

-¿Se la contestó alguna vez?

-No, pero después nos hemos encontrado varias veces. ¿Qué pasó después? Hice algo que no tenía planificado, que fue reivindicarme políticamente. Sentí que tenía que hacerlo, aunque no estaba en mis planes ser candidato. Dije: tengo que ir a dar una pelea donde sea difícil, pero voy a demostrar cómo se hace la política.

-¿Le guarda rencor a Bachelet?

-No tengo ningún rencor ni resentimiento. Pero por supuesto la confianza política es menor. Si ella me pidiera nuevamente ser su ministro no lo sería, por ningún motivo. Le ofrecería cualquier tipo de colaboración, pero esa no. Yo fui muy leal porque creo en el proyecto de la Concertación. En el caso de Belisario, él se sintió incomunicado. En mi caso no fue así, pero fue peor porque fue sorprendente. Estábamos trabajando muy bien, habíamos hablado en la mañana sobre lo que íbamos a hacer y en la tarde, cuando le pido una nueva entrevista para terminar de conversar sobre las inundaciones, subo a su oficina y ella agacha la cabeza. Sin mirarme, me dijo: “Andrés, te quiero pedir un favor”. “Sí, claro”, le contesté. Y era que lo dejara en libertad de acción. Le dije que no lo entendía, que algún día me podría explicar por qué, pero que estaba en su derecho.

-¿Y llegó ese día?

-No.

-¿Pero pudo reconstituir sus motivos?

-Sí. Ella fue presionada mediáticamente por su entorno. No sólo el segundo piso, sino también de afuera. Le dijeron que tenía que dar un golpe político grande. Yo sabía que ella iba a hacer dos cambios: el de Martín Zilic en Educación, y el de Ingrid Antonijevic en Economía, con quienes había un descontento. Con Martín estaba muy crítica, porque había una pelea con la subsecretaria y con el seremi de Santiago, Alejandro Traverso, quien estuvo después en el fiasco de las subvenciones escolares que terminó con la salida de la Yasna Provoste. Ya en ese momento se le había dicho a la presidenta, y tocamos un punto muy sensible, porque Traverso era muy protegido en el mundo socialista. Martín Zilic le advirtió que ahí iba un escándalo.

-¿Y la presidenta no reaccionó?

-Es que la presidenta también pertenece a ese círculo, que es la nueva izquierda.