En septiembre de 2016 entrevistamos al historiador y escritor israelí, autor de Sapiens: De animales a dioses, Homo Deus: Breve historia del mañana​ y 21 lecciones para el siglo XXI.

  • 5 septiembre, 2016

Por: Carla Sánchez M.

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“La historia empezó cuando los humanos inventaron a los dioses… y va a terminar cuando los humanos se transformen en dioses”. Ése es el vaticinio de Yuval Noah Harari (40 años), el profesor de historia de la Universidad de Jerusalén que está revolucionando el mundo intelectual con sus teorías de la evolución de la humanidad, explicadas en forma precisa en su libro Sapiens: De animales a dioses. Breve historia de la humanidad. Un bestseller de casi 500 páginas, traducido a 30 idiomas, que lo elevó a la categoría de rockstar del mundo editorial tras ser recomendado por Mark Zuckerberg en su club de lectura de Facebook y por el millonario Bill Gates, quien lo comentó en su blog: “Sapiens tiene la habilidad de unir a millones de extraños en torno a mitos comunes. Ideas como la libertad, los derechos humanos, los dioses y el capitalismo existen en nuestra imaginación, sin embargo, pueden unirnos y motivarnos a cooperar en tareas complejas”.

La curiosidad de Harari empezó cuando era un niño. Hijo de padres libaneses, siempre le interesaron las grandes preguntas de la historia, las cuales intenta responder en su libro. ¿Somos más felices que nuestros antecesores del Paleolítico? ¿Por qué los hombres han dominado a las mujeres en la mayoría de las sociedades? ¿Por qué, a pesar de no estar de acuerdo en religión o política, todos confían en la misma moneda? ¿Cómo es que incluso Osama Bin Laden, que odiaba la cultura norteamericana, era bien aficionado a los dólares?

Harari nunca imaginó estar entre los más vendidos del mundo, ni tampoco tener que pasar gran parte de su tiempo en aeropuertos, a la espera de vuelos que lo llevan por el mundo entero explicando sus ideas. Siempre pensó que Sapiens: De animales a dioses sería interesante sólo para los universitarios y, de hecho, cuatro editoriales se negaron a publicarlo. “Antes de leer el libro, mucha gente me confesó que odiaba la historia. Pensaban que era un catálogo aburrido de reyes muertos y batallas olvidadas, pero el libro les hizo ver las conexiones entre la historia y la vida cotidiana”, cuenta el israelí a Capital.

Y si en Sapiens –nombre original del libro– Harari intenta resolver las grandes dudas de la humanidad, en su nuevo trabajo, Homo deus: Breve historia del mañana –disponible en noviembre en Chile– intenta predecir el futuro. ¿Qué pasará con nuestra especie a medida que la tecnología entregue a los humanos súper poderes para crear y destruir? ¿Qué sucederá con la democracia cuando Google y Facebook nos conozcan mejor de lo que nos conocemos a nosotros mismos? ¿La biotecnología producirá una desigualdad sin precedentes entre los pobres y los ricos? ¿Terminará Silicon Valley creando nuevas religiones en vez de gadgets?

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-Nosotros, los homo sapiens, ¿tenemos algún límite de desarrollo?

-Para decirlo sin rodeos, creo que en el futuro, los humanos utilizarán la tecnología para convertirse en dioses. Y no es una metáfora. Muy pronto, podrán diseñar y crear seres vivos a su antojo, surfear realidades artificiales directamente con sus mentes, extender la vida y cambiar sus cuerpos y mentes de acuerdo a sus deseos.

A través de la historia, han ocurrido muchas revoluciones políticas, sociales y económicas. Pero hay algo que se ha mantenido constante: la humanidad. Aún tenemos el mismo cuerpo y mente que nuestros antecesores del Imperio romano o del antiguo Egipto. Pero en las próximas décadas, la humanidad experimentará una revolución radical: Nuestros cuerpos y mentes serán transformados por la ingeniería genética, la nanotecnología y la interfaz cerebro-computador. Lo más excitante del futuro no son las naves espaciales, sino los seres que las volarán.

-¿Seremos inmortales?

-La muerte siempre ha sido vista como un fenómeno metafísico. Morimos porque Dios, el cosmos o la naturaleza así lo decretaron. Algo que sólo podía ser revertido por un gran gesto metafísico o por la segunda venida de Cristo. Sin embargo, últimamente, hemos llegado a redefinir la muerte como un asunto técnico. Un problema muy complicado, sin duda, pero técnico. Y la ciencia cree que cada problema técnico tiene solución. ¡No tenemos que esperar a Dios para vencer la muerte: un par de computines en un laboratorio podrían hacerlo! Hace dos años, Google creó Calico, una compañía biotecnológica cuyo objetivo es resolver el problema de la muerte. Esto significa enormes oportunidades, pero también peligros terribles. Pero no tiene sentido ser optimista o pesimista: debemos ser realistas y entender que tenemos que tomarnos en serio la ciencia más que la ciencia ficción. La crisis económica mundial, el Estado Islámico, la situación en Ucrania, son problemas importantes, por supuesto, pero insignificantes al lado de la interrogante que gira en torno a la evolución humana.

-Si los seres humanos tienen posibilidades infinitas de evolucionar, ¿qué pasará en el futuro con los sentimientos y los afectos, algo tan propio de la especie?

-La biotecnología pronto nos podría dar la posibilidad de empezar a cambiar nuestros afectos y nuestros sentimientos sexuales de manera sorprendente. Por supuesto, esto no es totalmente nuevo. A raíz de la evolución, el sentir de todos los animales ha ido cambiando durante millones de años. Ésta es la razón por la cual los gorilas son polígamos, los gibones (tipo de primate) son monógamos, los chimpancés son promiscuos y los seres humanos un poco de todo. La diferencia es que en el siglo XXI, la biotecnología podría acelerar las cosas y generar cambios que la selección natural ha tardado millones de años en lograr, en algunos decenios. Nos convertiremos en cyborgs: una mezcla entre máquinas y humanos. En 100 o 200 años, la gente como nosotros no habitará la Tierra. En cambio, el mundo estará dominado por seres mucho más distintos a nosotros de lo que nosotros fuimos de los chimpancés.

Más Mr. Data y menos Capitán Kirk

-¿De qué manera concreta la inteligencia artificial cambiará al mundo?

-El desarrollo de la inteligencia artificial y la biotecnología va a transformar el mundo por completo, pero no determina un único resultado. Todavía tenemos cierto margen de maniobra. Ésta es, sin duda, la cuestión más significativa que enfrenta la humanidad hoy en día. Es mucho más importante que la crisis económica mundial, las guerras en el Medio Oriente o la crisis de refugiados en Europa. El futuro no sólo de la humanidad, probablemente de la vida misma, depende de cómo elegimos utilizar la biotecnología y la inteligencia artificial.

-¿Cree que la vida no orgánica será desarrollada en forma masiva?

-Desde la aparición de la vida en la Tierra, hace cuatro mil millones de años, la vida se rige por las leyes de la selección natural. Es más, sin importar qué tan extrañas o bizarras formas tomó la vida, ya sea un cactus o una ballena, la vida permaneció confinada a la esfera de lo orgánico. Ahora la ciencia podría sustituir la selección natural con el diseño inteligente, e incluso podría empezar a crear formas de vida no orgánicas. La ciencia está marcando el comienzo de la era de la vida inorgánica en forma de un diseño inteligente.

Salir de la esfera orgánica permitirá la vida fuera del planeta Tierra. Ni la bacteria más agresiva puede sobrevivir en Marte, pero para un ser no orgánico con inteligencia artificial será mucho más fácil colonizar planetas alienígenos. La sustitución de la vida orgánica de los seres inorgánicos puede sembrar la semilla de un futuro imperio galáctico, gobernado por los gustos de Mr. Data en lugar de los del Capitán Kirk (de Star Trek).

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-El debate sobre la ingeniería genética se ha extendido incluso a los círculos científicos. Un grupo de profesionales expertos en el tema publicó una editorial en la revista Science donde piden más debate público y regulación, pues temen un descontrol en la manipulación de los genes. ¿Eres partidario de permitir la modificación genética del ADN?

-No podemos impedirla completamente, pero ciertamente podemos tratar de dirigirla hacia un objetivo beneficioso en vez de perjudicial. Ni la tecnología ni la historia son deterministas. Y la tecnología en sí misma jamás nos dirá qué hacer con ella. Por ejemplo, tú podrías usar todos los inventos de la Revolución Industrial –como los autos, trenes o el teléfono– para crear una sociedad comunista, fascista o democrática. Basta con pensar en Corea del Norte y del Sur: tienen acceso a exactamente la misma tecnología, pero han elegido utilizarla de manera diferente.

-La manipulación genética sin duda producirá un cambio total en la historia. Según explicas, seremos capaces de modificar a nuestros hijos y hacerlos más inteligentes. Pero sólo los más ricos podrán pagarlo. ¿Cómo resolveremos el aumento de la desigualdad? ¿La equidad es una utopía?

-En el siglo XX, la igualdad era uno de los principales valores de la humanidad. Se puede describir como el período de la historia de superación de la desigualdad entre razas, géneros, clases sociales y grupos étnicos. Después de la Guerra Fría, la gente se volvió particularmente optimista de que la globalización extendería gradualmente la prosperidad económica y la libertad democrática en todo el mundo. Toda una generación creyó en esa promesa de mismos derechos, privilegios y oportunidades. Ahora, parece que esa promesa puede haber sido una mentira. La globalización ha beneficiado a grandes segmentos de la humanidad, pero hay señales de la creciente desigualdad entre y dentro de las sociedades y de cómo algunos grupos monopolizan cada vez más los beneficios de la globalización. ¡Las 60 personas más ricas del mundo hoy tienen más riqueza que la mitad más pobre de la humanidad combinada, que son 3,5 mil millones de personas! El avance de la inteligencia artificial puede exacerbar este problema y no sabemos qué hacer con él. En unas pocas décadas, puede convertir a una gran parte de los humanos en seres inútiles, mientras la riqueza y el poder estarán en manos de la pequeña elite dueña de los programas computacionales súper poderosos. En conclusión, podemos terminar creando la sociedad más desigual de todos los tiempos.

-En Sapiens sostienes que el capitalismo es la religión más exitosa, pero que no asegura que los beneficios se obtengan o distribuyan de manera justa. Si no es el modelo para resolver la desigualdad, ¿cuál es entonces?

-El capitalismo no es la condición natural de la humanidad, sino que es la religión más exitosa, tanto que la mayoría de la gente cree que es la verdad. El principio fundamental de la religión capitalista establece que el crecimiento económico es la fuente de todas las cosas buenas, incluidas la justicia, la libertad e incluso la igualdad, y que la solución a los problemas individuales es comprar más cosas (lo que depende del crecimiento). Gracias al capitalismo, la humanidad ha disfrutado de un tremendo crecimiento, el cual no necesariamente ha hecho del mundo un lugar más feliz. Necesitamos algo que vaya más allá de esta obsesión capitalista de crecimiento. Desgraciadamente, en la actualidad no conocemos ninguna alternativa al modelo. La última posibilidad seria fue el comunismo, desacreditado tan a fondo, que pocos tendrían el estómago para volver a intentarlo. El mayor desafío para quienes no comulgan con el capitalismo es formular una alternativa realista. Y es hora de formularla, porque el modelo se dirige a una crisis mayor.

La felicidad en deuda

-¿Crees en Dios?

-No, creo que Dios es una ficción inventada por los humanos. Aun así, pienso que la espiritualidad tiene un rol fundamental en nuestras vidas. La espiritualidad tiene relación con las preguntas; la religión, en cambio, con las respuestas. La espiritualidad te lleva a una búsqueda para entenderte a ti mismo y al mundo; la religión, en cambio, te pide que creas en una historia sagrada particular, sin atreverse a dudar o cuestionarla. No soy religioso, pero sí profundamente espiritual. Para mí, la pregunta más importante es qué es realidad y qué es ficción en mi mente. El mejor método para responder a esa interrogante es la meditación Vipassana, que he aprendido del maestro S. N. Goenka. Una técnica para observar la mente de manera sistemática y objetiva. Sin la claridad que he adquirido con la práctica de está meditación, no hubiera sido capaz de escribir ni Sapiens ni Homo Deus.

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-En Sapiens planteas que en Silicon Valley están surgiendo las nuevas religiones del mundo. ¿Las tradicionales están en retirada?

-Primero, hay que entender qué es la religión. No es la creencia en dioses. Por lo contrario: es un sistema de normas y valores basados en leyes sobrehumanas, que no fueron inventadas por los hombres, quienes tampoco podemos cambiarlas a voluntad. Independiente de si se cree en leyes divinas o naturales, todas las religiones tienen la misma función: legitimar las normas y los valores y dar estabilidad a las instituciones tales como los estados o las corporaciones. Silicon Valley es hoy un invernadero de nuevas religiones. Allá prometen todos los premios de la religión tradicional –felicidad, paz, prosperidad y vida eterna– aquí en la Tierra, con la ayuda de la tecnología, en vez de conseguirlo después de la muerte, con la ayuda de los seres sobrenaturales.

-Si las religiones están en retirada, ¿cómo explicas entonces el terrorismo del Estado Islámico?

-Los ataques islámicos son simplemente una reacción a los rápidos cambios en el mundo. La gente tiene miedo del cambio y de lo desconocido, por lo que se aferran a algunas verdades supuestamente eternas de tal o cual religión tradicional. Pero este tipo de religiones tradicionales no ofrecen respuestas pertinentes a las grandes preguntas del siglo XXI. ¿Qué pasará cuando la inteligencia artificial empuje a miles de millones de seres humanos fuera del mercado de trabajo y cree una nueva clase masiva de inútiles? Esa respuesta no la encontrarás en el Corán y la Sharia, porque las personas que escribieron esos libros no sabían nada acerca de las computadoras ni de la inteligencia artificial.

-En Sapiens planteas que cada día hay menos violencia en el mundo. Pero por otro lado, vemos que la humanidad enfrenta una era violenta con ataques sin precedentes. ¿No es tu teoría un poco contradictoria?

-En efecto, estamos viviendo la era más pacífica de la historia, a pesar de los conflictos ocasionales o los ataques terroristas. No estoy diciendo que no exista violencia, sólo que hay menos que nunca. En América del Sur, por ejemplo, después de la guerra del Pacífico, que terminó en 1883, ¡sólo se han registrado tres grandes guerras internacionales en más de 130 años! En las sociedades agrícolas antiguas, aproximadamente el 15% de todas las muertes fueron causadas por la violencia humana. Hoy, en el mundo en su conjunto, menos del 1,5% de las muertes son causadas por la violencia humana. De hecho, ¡el número de suicidios es hoy mayor que el número de asesinatos! Del mismo modo, la cantidad de personas que muere por enfermedades relacionadas con la obesidad es mucho mayor que las que mueren a causa de la violencia. ¡McDonald’s y Coca-Cola plantean una amenaza mucho mayor para tu vida que ISIS y Al Qaeda!

-¿Qué produjo esta nueva era de paz?

-Creo que hay dos causas. Primero, las armas nucleares han convertido la guerra entre las súper potencias en un suicidio colectivo, así que tuvieron que cambiar por completo el sistema internacional y encontrar la manera de resolver los conflictos sin grandes guerras. En segundo lugar, los cambios económicos han convertido al conocimiento en el principal activo de la economía. Antes, la riqueza era material: esclavos, ganado, minas de oro. Esto generó guerras, porque era relativamente fácil conquistar esas riquezas a través de ellas. Pero hoy no se puede conquistar la riqueza de Silicon Valley con la guerra, porque ¡no hay minas de silicio ahí! La riqueza proviene del conocimiento de los ingenieros y técnicos. En consecuencia, hoy las guerras que existen se limitan a aquellas partes del mundo –como el Medio Oriente– donde la riqueza está todavía basada en commodities pasados de moda (sobre todo el petróleo).

-Y qué hay de la felicidad. ¿Somos más o menos felices que los hombres de las cavernas?

-Pese a que los humanos son muy buenos para adquirir poder, no lo son para traducir ese poder en felicidad. Por lo tanto, hoy somos más poderosos que nunca y llevamos una vida mucho más cómoda que la del Paleolítico. Sin embargo, tengo la duda de que seamos más felices que nuestros antepasados. Una explicación básica es que la felicidad no depende tanto de las condiciones objetivas, sino que de nuestras expectativas. Cuando las cosas mejoran, las expectativas aumentan y, en consecuencia, incluso cambios trascendentales en las condiciones nos pueden dejar tan insatisfechos como antes.

A un nivel más fundamental, nuestra reacción al placer no es la satisfacción, sino más bien el deseo de obtener más. Por lo tanto, no importa lo que logramos, ya que sólo aumenta nuestro deseo y no la satisfacción. Ésta es la razón por la que la humanidad ha tenido tanto éxito en la conquista del mundo y la adquisición de un inmenso poder, pero no en la traducción de toda esa potencia en felicidad.•••

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Su visión de Chile

El especialista en los procesos macrohistóricos de la humanidad estuvo en Chile en enero pasado como orador principal del Congreso del Futuro. “Lo que alcancé a conocer me pareció extremadamente bonito, especialmente las Torres del Paine. Espero volver y pasar más tiempo ahí”, comenta el historiador que sigue liderando el ranking local de ventas con su libro Sapiens.

-¿Qué piensas de los fenómenos que están ocurriendo en Chile?

-Están preocupados de los mismos problemas que la mayoría de la gente en el mundo. Lo que no es de extrañar, porque los humanos somos partes de una sola comunidad global. Ya no hay países independientes en el mundo, todos dependen de fuerzas económicas, políticas y ecológicas globales. Los mayores problemas que enfrentamos son incluso respecto a la naturaleza. ¿Qué pasará cuando el efecto invernadero cause cambios climáticos radicales? ¿Qué sucederá cuando la biotecnología sea capaz de producir súper hombres? Ésas no son preguntas que un país pueda resolver solo. Cuanto antes adoptemos una verdadera identidad global, más chance tendremos de superar los grandes problemas que enfrenta el mundo.