Laura-Ann Chong, era parte del espectáculo Amaluna de la prestigiosa compañía canadiense que el lunes anunció su quiebra producto de la pandemia. “Sin dudas el arte volverá, incluido el circo”, dice la gimnasta.

  • 1 julio, 2020

El 1 de marzo, el show Amaluna de Cirque Du Soleil tuvo su último espectáculo en Sacramento, California. Esa noche, el elenco compuesto por 46 personas de 15 nacionalidades, se despidió emocionado de la gira que terminaba, para iniciar una nueva temporada en Hong Kong. Entre ellos, estaba la canadiense Laura-Ann Chong, quien desde 2013 participa en la compañía. La gimnasta no sabía que ese día sería el último en que llevaría a cabo su número de barras paralelas.

La pandemia no solo puso término anticipado a varias giras, si no que también llevó a la compañía circense más importante del mundo a la quiebra. Con deudas por más de 900 millones de dólares, el lunes, el Cirque Du Soleil presentó un plan de restructuración y anunció el despido de 3.840 trabajadores. “La situación financiera en la industria me da lástima… pero creo que el arte encontrará una escapatoria de esto”, dice.

Laura-Ann Chong hoy cumple 32 años. La celebración, dice por video llamada, será en la casa de sus padres, con quienes vive desde enero. “Es el tiempo más largo que he pasado en mi casa desde los 18 años”. Hasta la llegada del coronavirus, pasaba la vida viajando junto a la compañía, y no pasaba por su casa más de 4 semanas al año. En estos casi siete años ha visitado 37 ciudades en tres continentes, donde ha realizado más de 1.800 espectáculos.

Chong se inició en la gimnasia artística cuando tenía apenas dos años. Cuenta que siempre fue talentosa y que ya a los 6 años empezó a participar en competencias locales. A los 12 se hizo parte de la selección canadiense. Para llegar ahí, dice, la disciplina fue su principal arma: mientras sus amigos iban a fiestas ella se dedicaba a entrenar. Más tarde tuvo que dejar de asistir al colegio en jornada completa. “Mis verdaderos amigos en ese tiempo eran los deportistas. En el colegio me conocían como la ‘niña que hacía deporte’ porque nunca estaba en clases”, relata. Por lo mismo, relata, no aprendió a hablar francés -el segundo idioma en Canadá, que es obligatorio en las escuelas. A los 18 años, postuló a una beca deportiva en la Universidad de Oregon, en EE.UU, para estudiar y comenzó su vida nómade.

Créditos: Shirlaine Forrest

Llegar al circo

Laura-Ann Chong fue finalista en los Juegos Olímpicos de 2004. Eso, dice, le abrió puertas para poder postular en 2011 a universidades estadounidenses para estudiar fisioterapia. Pero la convalidación de las pruebas le tomaría un año así que decidió retomar su entrenamiento de manera intensa y participar en las olimpiadas de 2012, decisión que desechó poco después. Mientras, la idea de audicionar para el Cirque Du Soleil daba vueltas en su cabeza.

Fue en la competencia de L’International Gymnix en Montreal, cuando “tuvo la suerte” de toparse con quien solía ser el fisioterapeuta jefe del circo. “Me convencí de que ser parte del cirso era algo que necesitaba en mi vida”, dice. Postuló a través del sitio web de la firma, envió videos de sus audiciones, y dos meses después el Cirque le informó que sería parte de un programa de entrenamiento en Montreal llamado Formación General, donde tendría clases de baile, teatro y trapecismo, entre otros. De esta manera, si se abría un cupo en algún espectáculo, ella entraría en carrera. “Nadie te garantizaba que tras esas seis semanas de entrenamiento ibas a quedar. Pero todos lo deseaban”, dice Chang.

Pasaron unos diez meses hasta que la contactaron para unirse a Amaluna, show que estaba en tour desde abril de 2012 y al que querían agregarle una escena de barras paralelas en la que solo hubiera mujeres: las amazonas. Este espectáculo en específico retrataba el poder femenino, a través del clásico de Shakespeare La Tempestad. La idea era que en lugar de ser protagonizado por los dos sexos, fuera -por primera vez- solamente por mujeres. Y así fue.

Chong aún recuerda cómo fue esa primera vez en el escenario de Amaluna, donde ofició de tramoya para ayudar a mover utilería en escena. “Estaba muy nerviosa porque en gimnasia tú practicas exactamente lo que harás en la rutina: literalmente todos los días, diez veces al día. Aquí me metí en un submundo, lleno de maquillaje, trajes y luces, mucho más intimidante, y en el que existe un margen de error”, asegura la artista quien confiesa que para los deportistas como ella comenzar a hacer circo es un desafío en el que hay que cambiar la mentalidad: puede haber equivocaciones, las hay, y lo importante es que la audiencia no se dé cuenta.

Por estos días, Chong dice estar tranquila y esperanzada. Aprovecha este descanso de las entre ocho y diez funciones que tenía a la semana en un tour en Amaluna y está agradecida de que el circo les haya informado de manera interna sobre la quiebra antes de enterarse por la prensa. “Eso habla de una delicadeza muy propia de la compañía”, dice. Sobre la situación del rubro en la pandemia, también se muestra con esperanza. “Creo que las artes siempre tendrán un espacio en el mundo. El arte siempre ha proveído de un escape para la gente y ahora mismo la gente extraña eso. Sin dudas el arte volverá, incluido el circo”, remata.

Créditos: Evgeny Kurkin