Un nuevo hito en la carrera del artista nacional es su colaboración para Roberto Cavalli. A pedido de su director creativo, Paul Surridge, imágenes de los cuadros de Godoy adornan la nueva colección de la marca italiana.

  • 6 diciembre, 2018

Una obra de arte: Cartones para tapices de Goya. El Prado es un museo fascinante y con mucha seguridad puedo decir que es la mejor pinacoteca del mundo, por lo mismo, es un despropósito destacar una sola cosa, pero algo que vale la pena, y pocos hacen, es ir al tercer piso a ver los cartones para tapices de Goya, una serie de cuadros con temáticas galantes, costumbristas y cortesanas, pinturas maravillosas que ayudan a entender una tradición pictórica que tiene como paradigma a Velázquez y que hoy resuena en artistas como Neo Rauch. Recomiendo viajar al día siguiente a El Escorial y ver esos mismos cuadros hechos tapices, decorando el palacio de los Borbones.

 

Un libro: Historia del ojo, de Georges Bataille. Es una novela breve que cautiva por su narración casi clínica sobre el desenfreno, crueldad, voluptuosidad sexual y frenesí erótico de los dos jóvenes (casi adolescentes) que la protagonizan. Lo he leído unas 10 veces y siempre he querido hacer algo con este libro: todavía no sé si una serie de pinturas o una edición ilustrada, o pequeños videos que recreen algunas de las tantas imágenes que suceden intensamente, inolvidables por lo vívidas que son y la pregnancia que tienen. La edición de La sonrisa vertical está prologada por un ensayo de Vargas Llosa que es mejor leer después de la novela.

Una cantante: Paulina Rubio. Me cuesta mucho innovar en la música y siempre prefiero canciones que me sepa, por eso escucho lo mismo desde hace años. Paulina, de Paulina Rubio, es uno de mis discos favoritos: la banda sonora de mi salida del clóset, los últimos años de colegio y los primeros de universidad, los miércoles en el Bokhara y las noches de karaoke. Incluye varios hits, pero también otras canciones casi desconocidas que son una joya, como Sexy Dance –mi favorita para bailar– o Cancún y yo, escrita por Juan Gabriel. 

Un viaje: De Santiago a la amazonía peruana. Hace años viajé en auto desde Santiago hasta el Parque Nacional del Manu en el Amazonas peruano, donde confluyen los ríos Manu y Madre de Dios. Entre muchos otros lugares, pasé por Los Molles, la Pampa del Tamarugal, San Pedro de Atacama, los salares de Ascotán y Uyuni, el Titicaca, Cuzco, Paucartambo, el Cañón del Colca, Arequipa y en la selva fui a un mirador desde el que se veía una roca en donde se reunían más de 100 guacamayos a comer. Debe ser el viaje más estimulante y enriquecedor que he hecho, por la dimensión con la que se abarca y comprende la cultura y el territorio, y también por la forma en que se revela la naturaleza.

Un artista: Hernán Bas. Hace poco vi una exposición de Hernán Bas en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga. Conocía su trabajo pero no había podido verlo en vivo, y quedé alucinado. Subí fotos de los 36 cuadros que formaban la muestra a Instagram y escribí que me faltaban los emojis para decir lo que había sentido mirándolos. Por lo mismo no voy a tratar de describirlo ahora. Cuando no se es elocuente, es muy difícil ponerle palabras a la pintura. Creo que es un artista que todos deberían conocer, porque hace una pintura grandiosa, que tensiona lo figurativo y la abstracción, en donde relaciona la historia del arte, la literatura y la cultura queer, haciendo que temas sensibles e íntimos se conviertan en imágenes reveladoras y poderosas.