• 4 abril, 2008

Estoy seguro de que no es necesario ser ni famoso, ni científico, ni empresario, ni político para hacerse la pregunta… En mi caso, durante 2007 yo también cambié de opinión. Por Sergio Espejo.p class="bajada">Y usted, ¿en qué cambió de opinión? Estoy seguro de que no es necesario ser ni famoso, ni científico, ni empresario, ni político para hacerse la pregunta… En mi caso, durante 2007 yo también cambié de opinión. Por Sergio Espejo.
 
Qué gran pregunta!

La Edge Foundation ha publicado hace poco en su World Question Center (www.edge.org) el resultado de su interrogante para el año 2007: ¿en qué ha cambiado de opinión en 2007?
Decenas de intelectuales, científicos y artistas responden a esta pregunta con gracia y humildad. A través de ellos, descubrimos que el ensayo y error, el reconocerse moldeables por nuevas vivencias y descubrimientos, el atreverse a elegir y caminar en la incertidumbre, son parte fundamental del aprendizaje y la preparación para enfrentar desafíos mayores.
Fantásticos cambios de opinión
Howard Gardner, el destacado psicólogo de la Universidad de Harvard, nos cuenta que encontró en Jean Piaget la fuente de inspiración, tanto de su vocación como de la orientación que tomaron sus intereses académicos. Para Gardner, el valor de las interrogantes formuladas por Piaget en torno al desarrollo de la mente permanece intacto.
Sin embargo, cuarenta años después de iniciada su carrera académica, Gardner reconoce que el grueso de su trabajo se ha desarrollado a partir de una crítica a las observaciones y teorías desarrolladas por Piaget. El resultado de sus investigaciones, sea a propósito de las capacidades cognitivas de los recién nacidos, o de los diferentes tipos de inteligencia que encontramos en los humanos, es el resultado de reconocer haberse equivocado al abrazar inicialmente los enfoques de Piaget.
Kevin Nelly, autor y fundador de la revista Wired, reconoce su profunda equivocación al vaticinar el fracaso de Wikipedia. Con 20 años de experiencia en Internet, Nelly estaba convencido de que era imposible contar con una enciclopedia que fuera el resultado de un conocimiento compartido en redes, una enciclopedia editada “por todos”. Un producto que, en su opinión, debía además sobrevivir a la propensión al vandalismo de miles de seres humanos, mayoritariamente jóvenes, ocupando su tiempo de ocio y aburrimiento online.
“Qué equivocado estaba”, dice Nelly. El poder de las redes sociales y de conocimiento, el potencial constructivo de la cooperación y la innovación hicieron posible lo imposible.
En Wikipedia, tanto las debilidades como las virtudes de los individuos son transformadas en riqueza colectiva, con un mínimo de reglas y elites, con una burocracia tan pequeña que parece invisible”. En este proyecto, Nelly descubre sorprendido una nueva esfera de lo social, así como el valor de creer en lo imposible.
Hasta Daniel Kahneman, psicólogo de la Universidad de Princeton y Premio Nobel de Economía 2002, cuestiona hoy las conclusiones a las que llegó durante años de estudios sobre el bienestar.
Y usted, ¿en qué cambió de opinión?
Estoy seguro de que no es necesario ser ni famoso, ni científico, ni empresario, ni político para hacerse la pregunta… En mi caso, durante 2007 yo también cambié de opinión.
En un mundo de cambios acelerados, de incorporación veloz de la tecnología en nuestras vidas, sólo para constatar su rápida obsolescencia, así como de sobrevaloración del éxito y la juventud, creo haber terminado compartiendo la intuición de F. Scott Fitzgerald: No existen segundos actos en nuestra vida. Es decir, hace unos meses habría dicho que la vida es breve y que en ella no hay espacio para comenzar de nuevo al enfrentar un quiebre o una caída.
Ya no pienso así.
En diciembre pasado, un tremendo amigo y gran economista se casó por segunda vez teniendo más de 60 (envidiables) años. Mi madre –viuda– viaja sola por el Medio Oriente y Harrison Ford se prepara a los 65 años para interpretar nuevamente a Indiana Jones. Suma y sigue. Descubro que Muddy Waters, un genio del blues, grabó una de sus piezas maestras a los 62 años. Frank McCourt, uno de mis escritores preferidos, publicó su primer libro a los 66 años, Angela´s Ashes (y ganó el Pulitzer). Usted conoce más empresarios que yo que han empezado exitosamente su “segundo acto”. ¿Que no ocurre en política? Pregúntele a Patricio Aylwin, cuyo primer acto se cierra con el colapso del Chile de la década de los 70, pero que a los 72 años se convierte en un estadista inolvidable.
Y yo sólo cumplo 41 en marzo. Definitivamente, he cambiado de opinión. Y usted, ¿en qué cambió de opinión durante 2007?