Por Aldo van Weezel. Profesor asociado, facultad de Comunicación, Universidad de los Andes. Socio director, Consultora Estratégica de Medios Triplemás. Cuenta twitter: @aldo_vw

  • 5 mayo, 2011

Por Aldo van Weezel. Profesor asociado, facultad de Comunicación, Universidad de los Andes. Socio director, Consultora Estratégica de Medios Triplemás. Cuenta twitter: @aldo_vw

Por Aldo van Weezel. Profesor asociado, facultad de Comunicación, Universidad de los Andes. Socio director, Consultora Estratégica de Medios Triplemás. Cuenta twitter: @aldo_vw

Un lector de diarios, disfrutando de las noticias impresas mientras toma un café en la mañana antes de ir al trabajo, parece una imagen cada vez menos común. El lector de hoy, apremiado por el tiempo y nadando en una sobreoferta de información, recurre cada vez más a las redes sociales y a diferentes aplicaciones para mantenerse al día. Desde el simple email con titulares que llega temprano en la mañana hasta tweets que provienen directamente de un ministro informando sobre el avance de determinada iniciativa. La mayoría de los “rostros” de los noticiarios de televisión envían tweets contándonos acerca de lo último que está pasando, mientras nuestros “amigos de Facebook” nos sugieren durante el día qué noticias leer y dónde. En muchos casos, ni siquiera vemos el sitio web original de la noticia, evitando así el contacto con la publicidad. Más aún, existen apps para el iPad que pueden ser personalizadas con temas de interés y reproducen el contenido que los medios difunden a través de sus sitios. Una de esas apps es Zite, donde las noticias aparecen ordenadas como si se tratara de una revista, con la posibilidad de ayudar a mejorar la personalización a medida que el usuario indica qué le gustó leer y qué no. Y todo esto, sin necesidad de ver publicidad.

Sin embargo, la publicidad es fundamental para que los medios puedan generar contenidos. En la mayoría de los medios tradicionales los contenidos son subsidiados por la publicidad (como en el caso de los diarios) o derechamente financiados por ella (por ejemplo, la televisión abierta). Así, lo que parece la evolución natural de la comunicación dada la cantidad de nuevas herramientas disponibles, plantea una pregunta que los medios llevan ya un tiempo tratando de contestar: ¿cómo se logra financiar el contenido si las audiencias no alcanzan a ver la publicidad? Mientras buscan la respuesta, algunos medios han tomado acciones para proteger sus derechos de propiedad intelectual. En el caso de Zite, el Washington Post, Wall Street Journal, Gannett y Associated Press enviaron una carta a la empresa para que deje de utilizar sus contenidos sin permiso. Zite estaría trabajando en una actualización de la app para mostrar los contenidos tal como aparecen en el sitio web incluyendo la publicidad, para así evitar que el caso llegue a un tribunal.

The New York Times, en cambio, está probando una solución basada en suscripciones. Para ello, acaba de lanzar una app llamada News.me que se conecta a la cuenta de Twitter del usuario para personalizar los contenidos que le ofrece. Y no sólo es posible leer lo que es más popular o lo que se supone me gustaría basado en lo que he leído y compartido con anterioridad, sino que también puedo leer lo que otros usuarios de Twitter están leyendo. Algo así como mirar el mundo a través de las lecturas de otro. El precio de la suscripción, que es de 99 centavos a la semana, le permite a The New York Times pagar a los dueños de los contenidos de un modo proporcional a la cantidad de veces que sus artículos con leídos.

Aunque no existe claridad de cuál será la fórmula que utilizarán los medios para rentabilizar sus contenidos en el futuro, al menos ya comenzamos a ver los intentos por poner nuevos modelo de negocios en marcha.