Consistentes estimaciones de crecimiento económico chocan con el preocupante avance de los precios. Alzas en alimentos y combustibles, menores holguras de capacidad, presiones salariales y una economía mundial que no termina de definir su rumbo generan un escenario de riesgo inesperado en un año que se preveía más fácil. Tanto el Central como el fisco están en la mira. Por Guillermo Turner

  • 10 marzo, 2011

Consistentes estimaciones de crecimiento económico chocan con el preocupante avance de los precios. Alzas en alimentos y combustibles, menores holguras de capacidad, presiones salariales y una economía mundial que no termina de definir su rumbo generan un escenario de riesgo inesperado en un año que se preveía más fácil. Tanto el Central como el fisco están en la mira. Por Guillermo Turner

 

Consistentes estimaciones de crecimiento económico chocan con el preocupante avance de los precios. Alzas en alimentos y combustibles, menores holguras de capacidad, presiones salariales y una economía mundial que no termina de definir su rumbo generan un escenario de riesgo inesperado en un año que se preveía más fácil. Tanto el Central como el fisco están en la mira. Por Guillermo Turner.

 

Justo a la mañana siguiente del denominado Día de la Ira, que marcó el inicio de las protestas en Egipto, autoridades y líderes de opinión de todo el mundo se dieron cita en Davos, la alpina localidad suiza, para discutir los hechos más importantes que debían marcar el futuro. Aunque la señal de descontento popular resultó más que evidente, ningún panelista del foro se dio el tiempo de profundizar en el impacto que tendría para la estabilidad árabe.

Clara demostración de que nadie –o casi nadie, para no generalizar– tenía a estos países en su radar de riesgos. La economía global, a juicio de los expertos, estaba iniciando un prometedor 2011, sólo afectado por la lenta recuperación de los países desarrollados y un incipiente incremento en el precio de los alimentos. Si hasta el siempre pesimista Nouriel Roubini preveía a mediados de diciembre pasado un avance del 3,9% para la economía global…

Pues bien, ha transcurrido algo más de un mes desde aquel 26 de enero que marcó el inicio del fin de la era Mubarak, y a ningún economista se le ocurriría omitir los riesgos que la inestabilidad en Medio Oriente supone para los precios del petróleo y su impacto en el proceso de reactivación.

En términos simples, el petróleo brent sobre los 115 dólares el barril constituye una pésima noticia para unos estados de la Eurozona que aún deben inyectar recursos a sus respectivas economías para salir de la crisis. Europa Occidental importa el 97% del combustible que necesita, principalmente de Medio Oriente, donde se encuentran dos tercios de las reservas mundiales de petróleo. Sumado al incremento en el precio de los alimentos (el índice de precios de la FAO está en su mayor nivel histórico desde que se realiza la medición), crea un cóctel que tiene muy nerviosos a economistas y autoridades: bajo crecimiento con alta inflación, lo que académicos definen como estanflación (estancamiento con inflación).

Con un 6,8% de crecimiento de la economía en enero, sería razonable afirmar que Chile escapa a este fenómeno, pero no es tan así. Aunque la variación del IPC a doce meses se ubica en 2,7% a enero, la encuesta de expectativas económicas que realiza el Banco Central demuestra que el mercado está vaticinando un alza en torno al 4,0% (en el techo del rango de 2% a 4% previsto por el instituto emisor), mientras que otras estimaciones están definitivamente por encima. La Asociación de Bancos prevé un 4,7%, pero advierte que puede subir hasta 5%. Deustche Bank corrigió su proyección a 4,6% y JP Morgan hizo lo mismo hasta 5,5%. Todo ello, a pesar que los consejeros del Central se esfuerzan en convencer al mercado de que “la inflación se ha comportado de acuerdo con lo esperado y los registros de inflación subyacente se mantienen acotados”, como decían en el comunicado tras subir la tasa de interés hasta 3,5% anual en su última reunión de política monetaria.

Alimentos y combustibles al alza es una combinación que, obviamente, afecta a Chile y que impacta el bolsillo de los consumidores. Y aunque el 7,3% de desempleo constituye para ellos una buena noticia (lo mismo que el avance en doce meses de 5,7% en las remuneraciones), son ingredientes que también aportan al riesgo inflacionario, que –dicho sea de paso– es uno de los fenómenos económicos que más daño pueden hacer a la credibilidad y respaldo al gobierno de turno.

Qué Van Rysselberghe ni qué Carter en La Florida. Si la inflación se descontrola, ahí sí que la popularidad (que no es el plato fuerte, por cierto, de la administración Piñera) se volverá humo. Eso explica que incluso al interior del gobierno haya voces que miran con recelo el comportamiento del Banco Central. De acuerdo a la minuta de su última reunión de política monetaria, “varios consejeros” plantearon que “las expectativas de inflación habían subido y se requería de un cuidadoso análisis y seguimiento de este tema”, pero elevar la tasa más de 25 puntos podría interpretarse como una sobrerreacción. No obstante, con antecedentes bastante similares (las dos últimas reuniones se efectuaron antes de los sucesos en Medio Oriente), el mismo consejo había optado un mes antes por suspender el ajuste monetario, a pesar que –según uno de los consejeros– “el dinamismo de la economía local y el shock de precios internacionales de alimentos, que podría tener un impacto mayor en la inflación local, hacían recomendable tomar acciones preventivas”.

A juicio de economistas, el fisco también tiene tarea pendiente. Con un incremento del gasto de 7% en 2010 y de un increíble 31% a final de año, economistas como Ricardo Matte, director del programa económico de Libertad y Desarrollo, no dudan en plantear que la política fiscal debe ayudar a evitar presiones inflacionarias “y que colabore con el Central”.

En definitiva, un escenario más riesgoso de lo que se suponía y frente al cual los asesores en materia de inversiones recomiendan moverse con cautela, mantenerse líquidos y apostar a refugios, como la renta fija, y mejor si es en UF.