El calentamiento global se tomó la agenda. Miles de personas salieron a marchar alrededor del mundo con esa bandera la semana pasada y, por estos días, la Cumbre por la Acción Climática en el seno de la ONU ha dejado a pocos líderes internacionales ajenos a esta temática. Las iniciativas para contrarrestar el fenómeno ya están andando: en Wyoming, la región productora de carbón más grande de Estados Unidos, se están centrando en productos avanzados para compensar una disminución en la producción del hidrocarburo.
Por Gregory Meyer, Financial Times

  • 2 octubre, 2019

California tiene Silicon Valley. La cuenca del río Powder (en Wyoming) quiere ser conocida por el elemento una fila más arriba en la tabla periódica.

“Carbon Valley” es una visión del futuro para la mayor región productora de carbón de Estados Unidos. Los funcionarios de la cuenca sueñan con un lugar de alta tecnología donde gruesas vetas de carbón sean convertidas en grafeno, fuselajes de aviones, aspas de turbinas de viento y en los gránulos negros de filtros de agua.

La jugada es un acto de desesperación tanto como de inspiración.

El carbón térmico de Wyoming, que se quema para generar electricidad, ahora ha seguido al resto de la industria de los Estados Unidos en un declive irreversible.

La producción anual de la cuenca se ha reducido en más de un tercio en la última década –a 300 millones de toneladas cortas estimadas en 2019–, a medida que las empresas de servicios públicos de Estados Unidos demuelen las centrales eléctricas a carbón en favor del gas natural y de la energía solar y eólica (una tonelada corta es equivalente a 2.000 lb). En un estado sin impuesto sobre la renta, donde el carbón era la base fiscal del presupuesto, los políticos ahora tienen que tomar decisiones difíciles.

“Necesitamos nuevos motores económicos”, dice Mark Christiensen, un administrador del condado de Campbell que está ayudando a liderar la iniciativa de Carbon Valley. “¿Esto significa que tenemos que abandonar el sector energético? No. Tenemos que encontrar nuevos usos para los productos que tenemos”.

Las economías dependientes del carbón como la de Wyoming serían aplastadas si Estados Unidos tomara acciones agresivas en contra de los gases de efecto invernadero que causan el calentamiento global.

Un impuesto al dióxido de carbono en constante aumento a partir de US$ 25 por tonelada reduciría la producción de la cuenca del río Powder en un 95% para 2030, al hacer que el carbón sea demasiado costoso, ya que tiene la tasa más alta de contaminación de carbono entre los combustibles fósiles, según las estimaciones del gobierno analizadas por Adele Morris de la Institución Brookings.

Esta amenaza enfatiza por qué muchos legisladores en los distritos electorales de carbón se oponen a las políticas para hacer frente al cambio climático y por qué los votantes de Wyoming le dieron al presidente Donald Trump su mayor margen de victoria de cualquier estado en 2016. Uno de los mensajes centrales de la campaña de Trump era revivir la industria. Desde entonces, puso fin a una suspensión para nuevos arrendamientos de carbón en tierras federales y emitió normativas que obligarían a las plantas a carbón a funcionar con más frecuencia.

A pesar del apoyo, Wyoming está sufriendo. El dolor es especialmente agudo para los 578 empleados locales de Blackjewel, una compañía minera que se declaró en bancarrota el 1 de julio, bajo el Capítulo 11 de la Ley de Quiebras de Estados Unidos. Los trabajadores de las obras Eagle Butte y Belle Ayr fueron despedidos. Las puertas fueron cerradas y no se han vuelto a abrir.

Una transferencia aprobada por el tribunal de minas a cielo abierto para regresar a su antiguo propietario, Contura Energy, se ha estancado, ya que el gobierno federal busca US$ 60 millones en royalty no pagado. El condado de Campbell está reclamando otros US$ 37 millones en impuestos atrasados.

Blackjewel se derrumbó en medio de un trasfondo fiscal cada vez más oscuro para el estado. Los ingresos anuales del impuesto de indemnización por carbón de Wyoming, que se paga cuando se extrae el mineral del suelo, se han reducido en más de US$ 100 millones, desde un máximo de casi US$ 300 millones en 2011, con analistas del gobierno observando nuevos declives en los próximos años. El royalty del carbón también es $ 100m más bajo.

Los “bonos” de excepción, recibidos cuando las compañías mineras arriendan terrenos del gobierno, alcanzaron US$239 millones en 2013, un logro de gran valor por los miles de millones de dólares que ayudaron a construir nuevas escuelas en cada condado. Este año los bonos serán cero. “Ese dinero se ha ido”, dice Travis Deti, director ejecutivo de la Asociación de Minería de Wyoming.

Según los documentos del servicio legislativo, el estado se vio obligado a recurrir a un fondo para “días lluviosos” de US$ 1.800 millones acumulado durante el auge del carbón, retirando US$ 450 millones de dólares en los últimos cuatro años.

“Nunca es fácil apagar la llave”, dice Mark Gordon, gobernador de Wyoming. “Realmente nos hemos enfocado en cómo lograr esto de una manera que no sea dolorosa en general”.

El carbón transformó a Gillette, ciudad del condado de Campbell, de un polvoriento pueblo de ganado en una ciudad con una orquesta sinfónica, elegantes cervecerías y calles pavimentadas a la sombra de álamos. El ingreso familiar de US$ 80.000 al año está muy por encima del promedio nacional.

Los mineros fueron impulsados por dos factores cuando abrieron por primera vez los ranchos de la cuenca del río Basin en la década de 1970. Primero, la Ley Federal de Aire Limpio de 1970 tomó medidas enérgicas contra la contaminación por óxido de azufre, creando un mercado para el carbón menos sulfuroso y sub bituminoso de Wyoming.

Luego, la crisis del petróleo árabe de 1973 expuso la dependencia estadounidense de los combustibles importados. “Podemos protegernos de suministros inciertos reduciendo nuestra demanda de petróleo, aprovechando al máximo nuestros abundantes recursos como el carbón”, dijo el presidente Jimmy Carter en un discurso de 1977 donde describió la crisis energética como el “equivalente moral de la guerra”. Su administración delineó planes para aumentar la producción anual de carbón en Estados Unidos en dos tercios a más de mil millones de toneladas cortas.

El país superó la marca de mil millones de toneladas en 1990 y permaneció allí hasta 2014, ayudado en gran medida por la creciente producción de la cuenca. En 2019, los analistas del gobierno esperan que la producción caiga por debajo de 700 millones de toneladas cortas, como sucedió en 1977, cuando Carter pronunció su discurso.

Si las políticas públicas verdes provocaron el auge del carbón de la cuenca, ahora están contribuyendo a su revocación. La mayoría de los estados de EE.UU. han adoptado mandatos de electricidad renovable que dictan cantidades mínimas de energía de fuentes verdes y, por extensión, menos del carbón, reduciendo el costo de la energía eólica y solar.

La creciente producción de gas natural también ha permitido a las empresas de servicios públicos abandonar las antiguas plantas de carbón y reemplazarlas por turbinas de gas. Desde su punto máximo en 2011, la capacidad de generación de carbón de EE.UU. ha caído en 82 gigawatts –suficiente para alimentar a 28 millones de hogares– a 235GW. La capacidad de gas natural aumentó en 61GW a 456GW en el mismo período, según la Administración de Información de Energía.

“No hay duda de que el carbón está en declive secular en Estados Unidos”, dice Vic Svec, vicepresidente senior de relaciones con inversionistas de Peabody Energy. Para reducir costos, la compañía planea fusionar su mina North Antelope Rochelle, la más grande del mundo en volumen, con la mina Black Thunder de Arch Coal. Comparten una frontera de siete millas en la cuenca del río Powder.

La legislatura de Wyoming, donde 77 de los 90 escaños están ocupados por republicanos, se está agrupando para una solución. Gordon firmó un proyecto de ley que requiere que las empresas de servicios públicos del estado busquen compradores para plantas a carbón programadas para el retiro. Un segundo proyecto de ley, en discusión, requeriría a las empresas de servicios públicos de Wyoming a que obtengan toda su electricidad del carbón, petróleo, gas, energía nuclear e hidroeléctrica y ninguna de energía eólica ni solar.

Los funcionarios están adoptando “tecnología” para brindar una respuesta. La cuenca del río Basin es ahora una colmena de proyectos respaldados por el estado, diseñados para descubrir maneras de procesar el carbón como materia prima para la industria o convertir el CO2 emitido por las centrales eléctricas en productos valiosos.

Este verano, el comité del condado contrató analistas para estudiar el concepto del Carbon Valley como un “ecosistema” de obras industriales, rutas de suministro y de mano de obra capacitada que podría investigar y fabricar productos de carbón, dice Christensen.

El condado ve un potencial modelo en una compañía de Gillete llamada Atlas Carbon, la que toma carbón por carga de Wyodak, una mina cercana, y lo cocina en altos cilindros para crear carbón activo, los gránulos usados en filtros de agua y aire. El año pasado recibió un préstamo de US$ 15 millones del estado. Mientras que el carbón de la cuenca del río Basin se vende en la boca de la mina por alrededor de US$ 12 la tonelada corta, la compañía agrega valor al vender sus productos por hasta US$ 2.000 por tonelada, dice Frank Levy, presidente de Atlas.

La misma área industrial podría convertirse en el hogar del Centro Avanzado de Innovación de Productos de Carbono, una iniciativa del condado destinada a acoger empresarios que fabrican productos industriales a partir del carbón. La administración de Trump aseguró el mes pasado US$ 1,5 millones para el proyecto.

A dos millas de distancia, una cerca coronada con alambre de púas encierra un espacio abierto conocido como Wyoming Integrated Test Center, otro plan de rescate de carbón construido con US$ 15 millones en fondos estatales. La obra fue diseñada para entregar CO2 desde los gases de escape de la central eléctrica de carbón vecina Dry Fork a los investigadores y start ups, con el objetivo de convertirlo en bienes útiles. Entre ellos, habrá cinco finalistas para el concurso por US$ 20 millones Carbon Xprize, los que están explorando maneras para transformar el CO2 del calentamiento global en materiales como plásticos, metanol, aislantes y cemento.

El CO2 de la planta de energía también podría inyectarse en pozos de petróleo agotados, extrayendo barriles, mientras se bloquean las emisiones de carbón bajo tierra, dice Jason Begger, director ejecutivo de Wyoming Infraestructure Authority. Colectivamente, estas tecnologías se conocen como captura, utilización y almacenamiento de carbono (CCUS sus siglas en inglés).

“Somos el único estado del que tenga conocimiento que está impulsando tecnologías a gran escala para reducir CO2”, dice Jason Begger, un ex ejecutivo del grupo minero Cloud Peak Energy. “Si Wyoming encuentra incluso una sola tecnología, y mucho menos un conjunto de tecnologías, que se pueden utilizar en India, China, Vietnam o Malasia, habremos hecho mucho más para resolver las emisiones climáticas mundiales que California”.

Sin embargo, los proyectos son a escala pequeña. Atlas Carbon solo puede usar hasta 32 mil toneladas cortas de carbón al año. Dos de los sesenta trenes que salen de la cuenca todos los días pueden transportar todo ese carbón con docenas de autos de sobra. “No podemos mantener una mina de carbón abierta”, dice Levy, encogiéndose de hombros.

Desde que se cortó la cinta en mayo de 2018, el Wyoming Integrated Test Center sigue sin uso. Xprize recientemente pospuso el plazo límite para los finalistas para junio de 2020. Caminando a través del sitio de ripio a la sombra de las chimeneas de Dry Fork, Begger dice que su mayor desafío es reclutar arrendatarios: “Todavía estamos esperando pacientemente por el primero”.

Sin regulaciones climáticas sobre el precio del carbono, las CCUS tiene poco sentido, dice Noah Kaufman, académico de la Universidad de Columbia. Las empresas tienen pocos incentivos para invertir en la tecnología si pueden depositar carbono en la atmósfera de forma gratuita.

Lee Beck, del Global CCS Institute, un think-tank para la captura y almacenamiento de carbono, dice que “es necesario” poner un valor al carbono que refleje el costo de la contaminación para crear un caso de negocios para proyectos. Los economistas han apoyado un impuesto al carbono como la forma más eficiente de estimular dicha tecnología para reducir las emisiones.

Tales ideas son vistas como imposibles en la cuenca del río Powder. “Dentro de Wyoming, hay cero apetito por algo como un impuesto al carbono”, dice Begger.

En Wyoming ni siquiera hay consenso sobre si el CO2 es una causa del calentamiento global. “Realmente son estadísticas que pasan en educación media: una de las primeras cosas que enseñarían es que la correlación no es igual a la causalidad”, dice Chuck Gray, un representante del estado y conductor de radio de la ciudad de Casper. Descarta los esfuerzos de regulación climática, tildándolos como un “juego de poder” de “la izquierda”.

En cambio, Wyoming quiere darle a la gente una razón para pagar más por carbono que gravarlo. “Parte de lo que Wyoming está tratando de hacer es apreciar exactamente en qué se valora el carbono y qué es lo que vale. Porque creo que, en este punto, el CO2 se considera un producto de desecho”, dice Gordon, el gobernador del estado.

Sin embargo, el éxito en la venta de productos de tecnología de carbón requeriría “increíbles subsidios gubernamentales”, dice Shannon Anderson, abogada del Consejo de Recursos de la Cuenca del Río Powder, un grupo de protección de tierras de Wyoming, quien dice que el estado tiene una larga historia de tratar de “convertir el carbón en oro”.

Es posible que esto aún no sea suficiente para levantar la industria del carbón del estado o sus ingresos fiscales. Travis Deti, el lobbista de la minería, trató de poner la mejor cara que pudo sobre la situación en una audiencia ante los legisladores de Wyoming en agosto.

“Creemos que la tecnología es clave”, le contó al panel. “Apoyamos los esfuerzos de empresas individuales para desarrollar productos con valor agregado de carbón y carbono. (Pero) ¿esa industria alguna vez recuperará 100 millones de toneladas? Probablemente no”.