Por Matías Muchnick, CEO y fundador de NotCo
Año: 2030

  • 18 agosto, 2019

Nada era instantáneo, para todo había que esperar. Era una verdadera logística coordinar a varios amigos para salir a comer. Cartas escritas a mano, radiotaxis pedidos con horas de anticipación. Horas colgado al teléfono de la casa hablando con esos primeros amores y rogando para que no fuera el papá el que contestara.

Qué nostálgico pensar en el televisor de los abuelos, grande y con una perilla con una opción limitada de canales. Era impensable mover una pantalla de un lugar para otro. Hoy en día, es impensable un lugar sin pantallas. Y qué hay del famoso Walkman, ¿lo conocen? ¿Cuántos casetes tendríamos que llevar para igualar los playlist que cargamos en nuestros smartphones? Aún más nostalgia da pensar en lo que implicaba tener una foto. Al sacarla acercabas el ojo a un lente para enmarcar el espacio de la fotografía. Después, era un misterio hasta que retirabas el rollo revelado. Importaba capturar el momento. Sin filtros, sin pretensiones. Simplemente iba directo a un álbum familiar.

En ese ambiente yo crecí.

Da nostalgia, pero menos mal cambiamos a tiempo. Estamos en 2030, el temido año que muchos señalaron como el minuto de inflexión del mundo. Y estamos mejor que nunca. Tomamos conciencia del daño que le estábamos haciendo a nuestro planeta. La escasez de agua fue solo el comienzo de una crisis tan grande que nos obligó a reaccionar. En ese ambiente que yo crecí, la leche venía directo de la vaca, la carne de los animales y solo cuando yo tenía casi 30 años se empezaron a eliminar las bolsas de plástico y teníamos más conciencia de reciclar.

Era un mundo distinto. Un mundo que daba por sentado todo lo que tenía en el sentido de los recursos naturales. La industria alimentaria era uno de los aspectos que más daño le hacía a nuestro planeta a la hora de producir. Y pensar que hoy los consumidores son tan conscientes que jamás volverían a adquirir lo que para nosotros era obvio.

Sufrimos los efectos del daño que estábamos haciendo. Grandes inundaciones en ciertos lugares, sequías en otros. Vivimos el deshielo de nuestros glaciares, y radicales cambios de clima. Todo, producto de nuestras decisiones.

Nuestros autos eran a petróleo y gasolina, y los eléctricos eran un lujo. Costaba imaginarse que, como hoy, estaríamos acostumbrados a cargar nuestros autos en nuestra propia casa.

¿Quién podría entender que en un minuto de nuestra historia las mujeres no podían usar pantalones, la leche venía de la vaca y cargábamos los celulares con electricidad?

Fue una lucha que duró años para cambiar de mentalidad. Hoy, los Presidentes jamás se volverían a cuestionar lo que llamamos hace años cambio climático. No solo nuestras leyes tienen al planeta como su centro, sino que las empresas comenzaron a darse cuenta de sus impactos y tomaron un giro en 180 grados. En su minuto fuimos pioneros, sí. Revolucionarios. Pero hoy, todos son como nosotros. El mundo no estaba definido, las cosas podían cambiar y tenían que cambiar. Había protestas mundiales y el planeta y nuestros hijos merecían ese cambio.

Hace muchos años, alguien me preguntó, ¿por qué luchar hoy? Why Not?