Cuarenta y siete profesionales y técnicos de la operadora se preparan intensamente para alcanzar la mayor cima de América. Tras meses de entrenamiento y sacrificio, sus protagonistas narran a Capital la historia de lo que partió como la inquietud de un ejecutivo y que hoy moviliza a todo el conglomerado.

  • 10 diciembre, 2008

 

Cuarenta y siete profesionales y técnicos de la operadora se preparan intensamente para alcanzar la mayor cima de América. Tras meses de entrenamiento y sacrificio, sus protagonistas narran a Capital la historia de lo que partió como la inquietud de un ejecutivo y que hoy moviliza a todo el conglomerado. Por Paula Vargas.

Ocho en punto de la mañana. Todo está listo y dispuesto para partir a uno de los últimos ascensos preparatorios antes de emprender, en enero próximo, rumbo al monte Aconcagua, la mayor cumbre de América y la meta que se ha planteado un grupo de ejecutivos y trabajadores de VTR. A la cabeza del grupo está el mismísimo presidente ejecutivo de la firma, Mauricio Ramos quien, sin tener experiencia alguna en montañismo, se sumó hace un año a este proyecto, que hoy tiene revolucionada a la compañía.

Puntuales y bien “camiseteados”, los 47 nuevos amantes de la montaña se congregan en el punto de encuentro de siempre: el lobby del edificio donde operan las oficinas centrales de VTR, en Reyes Lavalle 3340. Bien equipados y con mochilas en mano, todos están casi listos; unas cuantas llamadas de Ramos antes del retiro que lo alejará de su oficio durante 72 horas, y todos, incluyendo Capital, partimos rumbo a la primera parte del ascenso a La Leonera.

Curiosamente, no percibimos tanta ansiedad en el grupo. No es para menos, si La Leonera (5.050 metros) es la décima cumbre que suben como parte del entrenamiento, y una que se añade después de la expedición a San Pedro de Atacama, en agosto pasado, donde alcanzaron una altura de 6.145 metros.

Ya a los pies del cerro, las ocho cordadas que conforman esta aventura y los guías de Vertical coordinan los últimos detalles previos a la partida. Minutos después, las cordadas se agrupan e inician la caminata, al son de un grito de guerra corporativo.


Todo tiene un comienzo…

Para el principal ejecutivo de VTR en Chile, Mauricio Ramos, subir el Aconcagua es una metáfora de lo que la compañía que representa aspira a ser. “En nuestro trabajo diario tenemos nuestros propios Aconcaguas, que son los desafíos que tenemos que cumplir”, explica con su particular acento colombiano.

Mientras avanzan hacia el campamento base, pocos recuerdan cómo partió esta aventura, una que no vino del equipo de recursos humanos ni de la matriz en Denver, sino que de los devaneos del gerente de operaciones de la compañía, Pablo Pérez. Este profesional hacía rato que tenía la idea de hacer algo distinto. De hecho, tiempo atrás propuso al anterior presidente de la compañía, Mateo Budinic, “auspiciar” un ascenso al Aconcagua, idea que no cuajó. Infatigable, Pérez no se rindió y el año pasado planteó la idea a Ramos, quien no dudó de su potencial. “Le dije a Pablo: bueno, preséntame un proyecto. Al día siguiente, a las 8 de la mañana, ya lo tenía en mi bandeja de entrada”, recuerda el máximo ejecutivo de la operadora.

De ahí en adelante, el tema fue creciendo como bola de nieve. Después de varios meses de maduración, de presentaciones al directorio y unas cuantas reuniones con Rodrigo Jordan y su equipo de Vertical, a quienes finalmente contrataron para armar la expedición, el proyecto era una realidad.

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El próximo paso era la convocatoria. “Surge una primera idea de invitar sólo a los líderes, es decir, de jefes para arriba. Pero luego nos dimos cuenta de que eso no correspondía al VTR que queríamos construir…” El llamado finalmente se amplió a los más de 2.800 empleados de la compañía en Chile. Postularon 125, de los cuales sólo pasaron las pruebas médicas y de desempeño 46 personas.

Sin dar pie al arrepentimiento, todos se embarcaron en un intenso proceso de entrenamiento, en el que llevan cerca de once meses. Cuatro horas semanales de ejercicio físico, 4 evaluaciones, 80% de asistencia mínima a los entrenamientos y un riguroso training teórico ejecutado por personajes de la talla de Claudio Lucero, Rodrigo Jordan y Tomás Griffero.

La tarea, según relatan, no ha sido fácil. “Esto ha significado un sacrificio adicional. Es un esfuerzo no sólo laboral,ya que por ningún motivo se ha reducido nuestra carga de trabajo, sino que también personal, puesto que muchas veces las salidas a la montaña involucran fines de semana”, advierte Pérez.

Como sea, todos admiten que las ganancias han sido mayores, particularmente en lo humano. “Hemos creado un buen grupo, hemos aprendido a conocernos en otras facetas de la vida, y ahora nos juntamos en asados, cumpleaños… En fin, eso también ha sido un descubrimiento”, dicen.

 

Mauricio Ramos (a la izquierda) y Claudio Lucero (al centro) lideraron uno de los ascensos más emblemáticos del intenso programa de entrenamiento, al subir a la cumbre del cerro San Pedro (6.145 metros), en agosto pasado


Atacando la cumbre

Ahora el grupo está en la cuenta regresiva, y aunque el agotamiento le ha pasado la cuenta a más de alguno –con lesiones y fatigas–, la ansiedad de la partida final los tiene más que entusiasmados. Todos se saben de memoria el plan de ataque al Aconcagua, y lo repiten casi al unísono. Cuentan que tienen planeado salir de Santiago el próximo 13 de enero hasta Mendoza y el 14, aprimera hora, partirán al parque Aconcagua por el sector oeste.

“Hemos decidido que no vamos a tomar la ruta normal. Queremos agregarle más emoción a la travesía y por eso ingresaremos por la ruta denominada Falso Polacos, que tiene un mayor grado de dificultad y requiere más esfuerzo para llegar a la cima”, explica Pérez.

Con este trazado, pretenden alcanzar el campamento base, que queda a la altura de los 4.200 metros, en un período de siete a nueve días, para luego avanzar al campamento dos, que se ubica a 6.100 metros, en no menos de cinco días. La cumbre, en tanto, la atacarán en una jornada maratónica, que estiman tendrá una duración de entre 18 y 20 horas.

Pero antes del Aconcagua todavía hay un par de metas pendientes. Este grupo está a días de subir el cerro El Plomo (5.424 metros), mientras que en diciembre realizará un último ensayo; esta vez, ascendiendo el volcán San José (5.850 metros).

Aun cuando las ganas de coronar el Aconcagua a más de alguno lo tiene sin dormir, saben que todo llega a su tiempo. Y así como en un par de días alcanzaron la cima de La Leonera, aseguran alcanzarán la mayor altura de América con la misma garra con que partieron en este proyecto, exactamente hace un año.