Científicos de la NASA, la Casa Blanca y los más prestigiosos laboratorios de ciencias del mundo están mirando a Chile como un nuevo polo de innovación. Detrás de este interés está el Centro de Innovación Avanzada (CAIC). Un proyecto que nació hace cerca de un año en Viña del Mar y que promete revolucionar la ciencia y sus aplicaciones, usando las mismas tecnologías desarrolladas por la agencia espacial estadounidense para llegar a Marte en algo más urgente: mejorar la calidad de vida de las personas más pobres. Por Antonieta de la Fuente; Fotos, Verónica Ortiz.

  • 21 septiembre, 2011

 

Científicos de la NASA, la Casa Blanca y los más prestigiosos laboratorios de ciencias del mundo están mirando a Chile como un nuevo polo de innovación. Detrás de este interés está el Centro de Innovación Avanzada (CAIC). Un proyecto que nació hace cerca de un año en Viña del Mar y que promete revolucionar la ciencia y sus aplicaciones, usando las mismas tecnologías desarrolladas por la agencia espacial estadounidense para llegar a Marte en algo más urgente: mejorar la calidad de vida de las personas más pobres. Por Antonieta de la Fuente; Fotos, Verónica Ortiz.

En el piso seis de un nuevo edificio de la calle Limache, en pleno barrio El Salto en Viña del Mar, están pasando cosas. Cosas relacionadas con la NASA, con campos magnéticos y aceleración de partículas.

Ahí se ubican los cuarteles generales del Centro de Innovación Avanzada (CAIC, por sus siglas en inglés Chilean Advanced Innovation Center), un proyecto cuyo objetivo es nada menos que romper paradigmas en la ciencia y convertirse en un referente mundial de innovación.

¿Cómo? Utilizando las mismas tecnologías desarrolladas para generar viajes intergalácticos y descubrir el origen del universo en algo más simple: mejorar la calidad de vida de las personas más pobres.

Hasta ahora, la existencia de este centro se había mantenido como un secreto: un discreto proyecto que ha tenido entre sus creadores a un grupo selecto de científicos extranjeros responsables de parte de los avances más asombrosos de los últimos años.

El origen de este centro se remonta a agosto de 2010. Fue Alfredo Zolezzi, un chileno nacido y criado en Viña del Mar y titulado diseñador industrial de la Universidad Católica de esa ciudad, quien tuvo el primer chispazo. El presidente Barack Obama acababa de anunciar la cancelación del programa espacial de Estados Unidos. Y Zolezzi pensó que todos esos conocimientos adquiridos que se perderían en ordenadores y archivos esperando su próxima oportunidad, podrían tener otros fines, más inmediatos, urgentes.

Fue con esa idea en mente que se puso en contacto con Traver Gruen-Kennedy. Ambos eran viejos conocidos en el mundo de la innovación. Zolezzi, desde sus años como emprendedor y creador de varias tecnologías para diferentes industrias; y Gruen-Kennedy, como presidente de Molecular Power Systems, una empresa de tecnología de combustibles limpios con importantes desarrollos en producción de hidrógeno en conjunto con el departamento de Energía de Estados Unidos.

Se conocieron en 2005, cuando Zolezzi recibió la distinción del Technology Pioneer Award en EEUU, gracias a su aporte al debate sobre la relación entre tecnología y pobreza: uno de los temas que el chileno ha venido desarrollando y exponiendo en seminarios internacionales desde hace años. El reconocimiento fue entregado por el entonces gobernador de Florida, Jeb Bush, y del mismo Gruen-Kennedy, que por esos años oficiaba como presidente del Foro Tecnológico de ese estado. Desde entonces, ambos siguieron en contacto.

Pero no fue hasta que el viñamarino planteó la idea a su amigo que comenzaron a trabajar juntos. Inmediatamente Gruen-Kennedy empezó a mover sus hilos y se contactó directamente con la Casa Blanca para presentarle su proyecto: que la tecnología espacial y los científicos de los programas de la NASA pudieran ponerse al servicio de la comunidad y generar soluciones para mejorar la calidad de vida de las personas.

Obama y su equipo dedicado a temas tecnológicos no lo dudaron. De inmediato pusieron a disposición del chileno todas las condiciones para que pudiera instalar un centro de innovación en Florida para utilizar estos recursos.
“Nos invitaron a instalarnos en Estados Unidos con una oferta muy tentadora. Laboratorios de última generación, visas H1, financiamiento, acceso a los mejores científicos. Era una propuesta difícil de rechazar”, recuerda Zolezzi.

Pero él prefirió hacer una contrapropuesta: instalar el centro en Viña del Mar.

Del programa espacial al agua purificada

Desde la calle, y ante la nueva Torre Reitz de las Empresas, uno de los edificios más modernos de Viña del Mar, donde están las oficinas del CAIC, es difícil imaginar lo que sucede en el sexto piso. Aunque las instalaciones cuentan con los últimos avances en construcción, no se ven muy diferentes a las de una firma de tecnología común y corriente. Pero lo que pocos saben es que en sus pasillos pululan avances científicos que han revolucionado la manera de entender la vida y que han desafiado las reglas básicas de la física.

Sólo algunos detalles permiten darse cuenta de que adentro bullen teorías y proyectos imaginables solamente en películas de ciencia ficción. Ecuaciones complejas escritas en pizarras, fórmulas matemáticas que son el sustento de creaciones e inventos revolucionarios y computadores cuyos sistemas operativos no provienen ni de Microsoft ni Apple, son algunas de las pistas.

Un mundo que para las 12 personas que trabajan en este centro, entre los que hay ingenieros mecánicos, eléctricos, expertos en biotecnología y robótica, diseñadores industriales y científicos extranjeros, –todos, considerados verdaderos genios por la comunidad científica internacional–, es pan de cada día.

Rainer Meinke es el director científico de este centro. Es también el responsable de todos los grandes proyectos de aceleración de partículas que existen en el mundo, incluyendo el gran colisionador de hadrones desarrollado por la Organización Europea para la Investigación Nuclear, más conocida como CERN, emplazado en Ginebra.

Meinke tiene 25 años de experiencia en diferentes proyectos en áreas de la física y la ingeniería y actualmente se desempeña como científico jefe del Advanced Magnet Lab, un centro de investigación ubicado en Palm Bay, Florida, que se especializa en el desarrollo de tecnologías para el diseño y fabricación de imanes y superconductores.

El científico estuvo en Chile el pasado 23 de agosto visitando el campamento Fundo San José de Cerrillos, donde debutó el primero de una serie de lanzamientos del CAIC que pretende revolucionar lo que hasta ahora se ha entendido como avances científicos: el purificador de agua hecho en base a plasma –cuarto estado de la materia–, que elimina los gérmenes y bacterias del agua para transformarla en una bebida apta para el consumo. Una innovación nacida en las oficinas de Viña del Mar que utiliza tecnología pensada para el futuro, como la aceleración de partículas, para terminar con uno de los principales problemas que arrastra el mundo: la escasez de agua.

Rainer Meinke

El lanzamiento nació de una alianza entre este centro y Un Techo para Chile, al que el CAIC otorgó la licencia permanente y gratuita para que distribuya este producto en sus nuevos proyectos sociales en toda Latinoamérica.

Meinke confiesa que, pese a todos los descubrimientos de la física que le ha tocado presenciar, esta fue una experiencia única. “Ver el impacto que este tipo de tecnología puede tener en la vida de las personas me abrió los ojos. Todos sabemos que el agua para beber es un commodity muy valioso, pero es la primera vez en mi vida que soy consciente de que gastamos una enorme cantidad de agua, sin pensar en esto”, comenta al teléfono desde su oficina en Estados Unidos.

“Lo potente de este proyecto es que es algo muy concreto. Científicos e ingenieros destinan sus tiempos y recursos para investigar la materia, los hoyos negros y ese tipo de cosas, pero son los proyectos de este tipo los que nos dan la oportunidad de entregar algo a cambio a la sociedad. Debemos invertir nuevos esfuerzos para desarrollar tecnología de alto nivel que pueda aplicarse a usos domésticos y que puedan cambiar la manera de vivir de gran parte de la población”, dice convencido.

El origen del plasma

La cercanía de Meinke con Zolezzi comenzó hace dos años, cuando se toparon en una conferencia sobre innovación. En esa oportunidad el chileno presentó el proyecto que estaba desarrollando para hacer plasma orientado a una aplicación humanitaria. “Mostré una animación con mis dibujos, mis modelos, y Rainer Meinke se interesó mucho. Le mostré lo que estaba haciendo y me dio el primer impulso para desarrollar en conjunto esta tecnología”, explica el viñamarino.

Más allá de la tecnología y conocimientos que pueda traer consigo, la participación de un científico de la talla de Reiner Meinke en un centro ubicado en Chile es potente. Sólo su nombre es un verdadero imán de talentos que puede atraer a varias mentes brillantes hacia el sur del mundo. Por eso, su rol en el CAIC es una pieza esencial. Y él está tan convencido del proyecto que espera ansioso su próxima visita, en la que espera reunirse con el presidente Piñera para discutir con él los alcances del proyecto.

En el gobierno chileno hay interés por el impacto que puede tener esta iniciativa en el desarrollo del país. Gabriel Rodríguez, embajador y director de Energía, Ciencia y Tecnología e Innovación del ministerio de Relaciones Exteriores, define que “lo interesante de este proyecto es que hace un contacto directo entre la ciencia, que siempre es algo muy abstracto y lejano, y lo lleva a iniciativas específicas. Y es interesante que se haga en Chile, donde hay profesionales de primer nivel y se puede atraer a científicos que trabajan en lugares como la NASA. Es un círculo virtuoso muy interesante para el país, para que podamos dar el salto para convertirnos en un país desarrollado”.

Los proximos pasos

Los objetivos del centro son ambiciosos. Zolezzi lo plantea de esta forma: “queremos lograr que se hable de innovación en Chile antes y después del CAIC”. Para eso, ya preparan una batería de nuevas aplicaciones con las que pretenden seguir marcando pauta. “Lo interesante de este modelo es que una misma tecnología puede tener varias aplicaciones, y en eso estamos trabajando: en generar soluciones para diversas necesidades, siempre enfocadas al impacto social”, señala el viñamarino.

Para eso, acaban de firmar un contrato con el Advanced Magnet Lab, comandado por Meinke y el científico Mark Senti, para que su tecnología en base a imanes y campos magnéticos perfectos pueda aplicarse a sus creaciones.

Traver Gruen-Kennedy

Otra de las apuestas es el Molecular Power System, el centro de Gruen-Kennedy, que posee conocimientos avanzados sobre el manejo de hidrógeno. “Manejar hidrógeno, almacenarlo y transportarlo es complejo y peligroso. Por eso estamos cooperando en el desarrollo de una innovación de hidrógeno on-demand, que permitirá utilizar esta fuente de energía con generación instantánea. Al igual que con el Advanced Magnet Lab, obtendremos la licencia para Chile y desde acá a Latinoamérica”, anticipa Zolezzi.

Pero no sólo las organizaciones sociales como Un Techo para Chile están interesadas en las tecnologías que desarrolla el CAIC. También hay grandes corporaciones mundiales que miran con buenos ojos estas creaciones como herramientas para eficientar sus procesos.

De hecho, dentro de pocas semanas Zolezzi y Julián Ugarte, director de Innovación de Un Techo para Chile, viajarán a Atlanta a reunirse con el presidente de una multinacional cuyo presupuesto supera en varias veces al de Chile, para mostrar el plasma purificador, y tienen otra oferta de una empresa en Malasia que también podría interesarse en sus aplicaciones.

“Podríamos eventualmente vender una licencia a alguna corporación, a fin de poder autosustentarnos financieramente. Pero el modelo está hecho para que esto se valide desde el punto de vista social con las personas de más bajos recursos. Los pobres no tienen porqué recibir las tecnologías cuando éstas ya están obsoletas; ellos no pueden esperar. No es filantropía, es entrar a un mercado donde tenemos garantizada la distribución, la validación de la nueva tecnología y su rápida adopción. Es un modelo diferente y revolucionario”, comenta el creador del centro.

“Dos tercios del planeta no tienen acceso a Internet, y 1.100 millones de personas en el mundo no tienen agua potable. Es un mercado que las grandes empresas y los centros científicos no miran porque ganan tan poco en él que no parece haber soluciones para ellos que puedan ser rentables. Y ahí está el cambio de paradigma. Si en vez de mirar a las personas una a una miras a la gran masa, puedes hacer que, por escala, pueda haber una salida que permita hacer financieramente sustentables los proyectos”, explica Ugarte, quien estudiaba en la NASA cuando conoció a Zolezzi hace seis meses y con el cual hoy se reúne mínimo una vez a la semana a evaluar nuevas aplicaciones.

En busca de inversionistas

Aunque el modelo de negocio es lograr que los proyectos sean sustentables desde el punto de vista financiero, ls recursos para seguir desarrollando nuevas aplicaciones no son un tema menor para un centro de estas características.

Otras iniciativas de investigación que existen en Chile, como la Fundación Ciencia para la Vida del premio Nacional de Ciencias Aplicadas Pablo Valenzuela, y el Centro de Estudios Científicos CECs, que comanda el físico Claudio Bunster en Valdivia, cuentan con aportes basales cercanos a los 20 millones de dólares. Y Zolezzi calcula que para el CAIC necesita al menos 10 millones para garantizar su operación.

Para eso se encuentra en contacto, a través de Gabriel Rodríguez y del senador Francisco Chahuán, con Conycit, Corfo y el programa Milenio del ministerio de Economía.

“Según la OECD, para llegar al desarrollo es indispensable que los países inviertan cada vez más en innovación. Creo que este centro será un motor de desarrollo importante para la región y para todo Chile, y estoy apostando fuerte por que este proyecto siga creciendo. El impacto que puede generar es inmenso: por un lado permitirá aprovechar la masa crítica de profesionales de alto nivel de las universidades de la Quinta Región, evitando que haya fuga de talentos, y será una plataforma de innovación desde Chile al resto del mundo”, dice el senador Chahuán.

Pero por ahora, las principales apuestas para conseguir recursos basales están puestas en uno de los grupos empresariales más importante de Latinoamérica. “Hemos tenido varias reuniones y están muy interesados en este proyecto y en tomar una posición en temas de vanguardia. Con ellos estamos explorando un financiamiento basal de cuatro a cinco años”, confidencia Zolezzi, sin dar mayores pistas de quiénes son.

Porque la idea es que el CAIC pueda convertirse en un referente mundial. Y para lograrlo, Zolezzi y su equipo se están moviendo rápido. Sus próximos pasos serán buscar alianzas en lugares como Tokio, Kuala Lumpur, Hong Kong y Shenzen. De Viña del Mar al mundo.

Ciencia del futuro

Las tecnologías del futuro llevadas a las más simples soluciones. En eso trabaja a full el equipo del CAIC. Ya cuenta con diferentes prototipos que usan la generación de plasma para diversas aplicaciones humanitarias e industriales y con los campos magnéticos perfectos para generación de energía más eficiente. Aquí, el detalle de lo que se viene.

Sistema purificador de agua en base a plasma

Revolucionario sistema que sanitiza un flujo continuo de agua sometiéndola a alta presión, para luego ser atomizada y acelerada a altas velocidades y expuesta a un campo eléctrico que la convierte en partículas de plasma, lo que elimina el 100% de las bacterias o microbios presentes para convertirse en agua potable, sin riesgos para la salud.

Sistema de sanitización de agua para cultivos terrestres de salmones

Tratamiento de agua mediante descargas de plasma, radiación ultravioleta e infrarroja y ondas de choque, que permiten desinfectar el agua usada en los cultivos de salmón en todos sus estados de desarrollo, evitando la propagación de virus como el ISA.

Sistema experto para la sanitización de agua para riego de cultivos orgánicos

Sistema de riego tecnificado a través de invernaderos con control de atmósfera que sanitizan el agua por medio de plasma para garantizar su inocuidad microbiológica.

Turbina de viento vertical

Última generación en turbinas verticales, que gracias a la levitación magnética y a un diseño avanzado, permiten un menor roce y, por lo tanto, mayor eficiencia en la generación de energía con bajos costos de mantención y operación. La idea es que, más que generar energía, pueda aplicarse a soluciones concretas; algunas, con gran impacto social y económico.

Motor de alta densidad de potencia

Dispositivo que incorpora una doble armadura, logrando campos magnéticos de alta densidad y aumentando considerablemente su eficiencia. Se trata de motores que no sólo permitirán importantes ahorros energéticos para una misma potencia instalada sino que, además, contemplan la futura incorporación de superconductividad.

Editor dinámico de redes sociales

Plataforma tecnológica desarrollada para posibilitar la aparición de una nueva categoría en la industria del entretenimiento, incorporando las mecánicas sociales al contenido audiovisual.