Qué tienen en común los casos La Polar, Freirina y Enersis. En apariencia, poco o nada. Y es que a simple vista qué podrían tener en común un caso rotulado como fraude financiero, con una crisis ambiental en un plantel de producción de carne de cerdo y un conflicto entre accionistas en torno a un cuestionado aumento de capital.

Si bien son casos distintos, en el fondo tienen mucho en común. En todos ellos ha habido una empresa ruidosamente enfrentada con sus grupos de interés (stakeholders). Clientes, comunidades, autoridades locales y/o nacionales, accionistas, inversionistas han sido protagonistas en todos estos casos, en los cuales el conflicto ha alcanzado decibeles tan altos, que se podría sostener que más que el nombre propio de las tres empresas mencionadas, lo que ha estado en el centro del debate es la forma en que operan las empresas, así, sin apellidos.

Puede ser que haya una sociedad más empoderada y exigente, puede que los medios de comunicación y las redes sociales catalicen reacciones más airadas, puede que los casos en sí hayan sido excepcionalmente bullados. Puede, por cierto, que sean todas las alternativas anteriores. Como sea, la evidencia está ahí y nada indica que a futuro la empresa, como concepto, vaya a verse enfrentada a niveles de escrutinio menores.

Muy por el contrario. Lo más probable es que a futuro los cambios profundos que ha estado experimentando la sociedad cobren expresiones más fuertes, en especial porque tras estos y otros casos la sensibilidad epidérmica es hoy mayor. Lo más probable es que a futuro el umbral de tolerancia sea más bajo.

De ahí que en el momento actual cobre especial relevancia una cuestión que muchos tienden a olvidar y que es cómo hacer empresa de un modo socialmente responsable. Justamente en esta edición dedicamos un segmento importante de nuestros contenidos al premio que año a año entrega la Sociedad de Fomento Fabril en conjunto con Capital y cuyo resultado surge de un exigente proceso de evaluación. Dicho proceso mide una serie de principios de responsabilidad social y monitorea las dimensiones en donde las empresas pueden hacer tangibles las virtudes cardinales necesarias para mantener un crecimiento y desarrollo sostenible.

Basta repasar las materias fundamentales que abarca la metodología del premio para suponer que una empresa disciplinada en todas ellas estará en condiciones de desenvolverse adecuadamente y asegurar mejores performances para sus accionistas en el largo plazo. ¿Cuáles son esas materias o dimensiones críticas? Gobierno corporativo (transparencia, accountability, relación con los accionistas); derechos humanos (no discriminación, derecho de asociación); prácticas laborales (seguridad, salud, desarrollo, capacitación); prácticas operacionales justas (con proveedores y competidores); consumidores y clientes (información, calidad, privacidad de información); medio ambiente (gestión y programas de mejora) y comunidad (diálogo y apoyo a las comunidades).

Las empresas que tengan a la vista estos principios de responsabilidad social (por lo demás alineados con las normas ISO 26.000) y que realicen acciones concretas consistentes en las materias fundamentales contempladas, sin duda estarán en mejores condiciones para abordar los retos que imponen los tiempos que corren.