Tabalí está dando muestras de una apuesta más fresca y con menos madera en sus vinos. Enhorabuena.

  • 4 abril, 2008

Tabalí está dando muestras de una apuesta más fresca y con menos madera en sus vinos. Enhorabuena. Por Marcelo Soto

A veces los cambios no son como en El Gatopardo, la novela que plantea que todo cambia para seguir igual, y eso se nota al viajar a Tabalí. Hace poco más de un año llegó a hacerse cargo de la viña del Limarí el enólogo Felipe Müller, y su mano se nota. De buena manera.

“El clima es lo más importante para producir un buen vino”, dice este fanático de Chablis, donde nacen algunos de los mejores chardonnay del mundo. Y el Limarí, según los más entusiastas, algo tiene que decir sobre la cepa blanca más popular y más maltratada del planeta.

Estamos a 29 kilómetros del mar, pero los Altos del Talinay, una barrera montañosa, impide que llegue la neblina costera. Lo que sí llega es el viento. Si la cercana Ovalle es un horno, acá se siente una brisa fresca que avanza desde las quebradas.

Todo esto nos dice que Tabalí goza de un clima privilegiado y si a eso sumamos unos suelos con un contenido importante de carbonato de calcio, entonces nada impide soñar. ¿Por qué no pueden elaborarse aquí algunos grandes chardonnay o pinot noir como en la Borgoña? Esa es la pregunta que se hace Müller y que está intentando responder, sin apurarse, sin nervios. Haciendo las cosas con calma, como deben hacerse.

El año pasado estuve en esta viña y degustamos varios vinos, pero el resultado fue como esos partidos que todavía no se defi nen, donde falta el gol. Ahora, en cambio, el asunto se ve más claro. En esta oportunidad partimos probando el Sauvignon Blanc Reserva 2007 y es un blanco expresivo, con un toque salino que vendría perfecto con los excelentes mariscos de la IV Región. Mucho más fresco y defi nido que la cosecha del año pasado.

Luego pasamos a los chardonnay, que debería ser la cepa estrella del valle, no obstante le queda mucho camino por recorrer. Aunque los vinos de 2007 –un reserva y un reserva especial– aún no estaban listos, pues venían saliendo de la barrica, de nuevo se notó una apuesta por la fruta, por el lado fresco de la variedad. En suma, un vino más bebible, con una boca amplia y grasa, de buena acidez, sin esas notas de espárragos que se dan en muchos chardonnay chilenos.

Pero es quizá en los tintos donde se evidencia más la mano de Müller, partiendo por un Pinot Noir Reserva Especial 2007 ultra fresco y tan frutal como jugo de frambuesa. Puede que le falte complejidad, pero es una delicia.

Sin duda fue el syrah la cepa que se robó la película, con un Reserva 2006 de fruta roja y jugosa y luego como protagonista de una mezcla tinta 2006 que definitivamente pone a Tabalí en otra perspectiva. Un Blend Reserva Especial con 70% de syrah, 25% de cabernet sauvignon y 5% de merlot que abre una nueva etapa y desmiente aquello de que los cambios son puro maquillaje. Habrá que esperar a verlos en el mercado.