A veces una botella de 3 mil pesos puede depararnos mayores alegrías que un súper vino de 80 dólares.

  • 24 marzo, 2008

A veces una botella de 3 mil pesos puede depararnos mayores alegrías que un súper vino de 80 dólares. Por Marcelo Soto

 

No es fácil para un periodista de vinos mantener los pies en la tierra, o mejor dicho, el paladar en su sitio: ni muy alto ni muy bajo, ojalá en una mesa, con comida y amigos, que es como se disfruta. Por razones de trabajo uno suele beber vinos de 50 o de 100 dólares, para no hablar de las ocasiones en que nos toca degustar etiquetas que valen uno o dos sueldos promedio. Así, resulta inevitable perder la perspectiva y pensar que todos los tintos deben ser tan impresionantes como una corrida de toros.

Mi padre, por ejemplo, nunca compra vinos de más de $2.500, no por razones de apretura económica, sino porque considera que gastar más es un despilfarro. Aunque le encanta el vino y nunca en sus comidas falta una botella, por más sencilla que sea, hasta hoy, sospecho, sigue pensando que escribir de vinos no es un trabajo de verdad. Todo lo anterior no hace sino aumentar el valor de un libro como Vinos para todos, de Margaret Snook, cuya segunda edición pronto sale al mercado. “Se trata de una guía enfocada al consumidor común y corriente, aquel que disfruta el vino pero por razones de costumbre no está dispuesto a pagar mucho. No es que sea extremadamente pobre ni poco curioso, simplemente piensa que el vino no deber ser un lujo, sino algo para todos los días”, me dice Snook. En esta versión se cataron 500 vinos y se incluyó como novedad un listado de botellas de hasta 5 mil pesos para cumpleaños y celebraciones que ameritan un gasto más expansivo.

 

Entre los tintos mejor evaluados figuraron Ventisquero Yali Cabernet Sauvignon 2006, Cono Sur Syrah 2006, MontGrass Merlot 2006, Morandé Pionero Pinot Noir 2006 y Apaltagua Gran Verano Carménère 2005, mientras que en blancos destacaron Las Niñas Aroma Limón Verde Sauvignon Blanc 2007, Morandé Pionero Chardonnay 2006 y Cousiño Macul Doña Isidora Riesling 2007. Todos los vinos fueron evaluados por dos grupos, uno de profesionales y otro de aficionados, y cada botella se punteó de 1 a 7, como en el colegio. “Me llamó la atención que los blancos lograron en general mejores puntajes, lo que desmiente de cierta forma la fama tinta de Chile. De hecho la mejor nota fue para Cono Sur Reserva Viognier 2006 con un 6,4”, comenta Snook. Otro punto destacable es que entre los espumosos haya ganado Valdivieso Extra Brut 2006, demostrando que el paladar común hace rato que no tolera las burbujas dulces y cabezonas. A tomar nota, entonces.

Los vinos de diario, que sirven para acompañar almuerzos y cenas informales, cuando no solitarias, deberían ser frescos, frutales, fáciles de beber, honestos y ojala sin madera, en contraposición a los vinos con exceso de azúcar y empalagosos que abundan en el mercado. Un vino de 2 ó 3 mil pesos no debería oler a barrica, sino a fruta; y si lo hace es porque probablemente haya sido fermentado con chips, una práctica enológica legal y muy extendida que, sin embargo, casi nadie reconoce.