Un libro que recopila las cartas entre los libertadores de Argentina y Chile, así como investigaciones recientes sobre la batalla de Maipú y nuevas biografías sobre el general trasandino iluminan la amistad que unió a ambos próceres y los destinos similares –ascenso, gloria y posterior destierro– que compartieron. Por Alejandro San Francisco

 

  • 25 enero, 2011

 

Un libro que recopila las cartas entre los libertadores de Argentina y Chile, así como investigaciones recientes sobre la batalla de Maipú y nuevas biografías sobre el general trasandino iluminan la amistad que unió a ambos próceres y los destinos similares –ascenso, gloria y posterior destierro– que compartieron. Por Alejandro San Francisco

En una carta que el general José de San Martín escribió en 1829 a su amigo Bernardo O’Higgins, le explicaba por qué no volvería a Buenos Aires, a la sazón sumida en una guerra civil. Así se expresaba el héroe: “las agitaciones consecuentes a 19 años de ensayos en busca de una libertad que no ha existido, y más que todo la difícil posición en que se halla en el día Buenos Aires, hacen clamar a lo general de los hombres que ven sus fortunas al borde del precipicio y su futura suerte cubierta de una funesta incertidumbre, no por un cambio en los principios que nos rigen sino por un Gobierno vigoroso, en una palabra, militar, porque el que se ahoga no repara en lo que se agarra”.

La carta, simbólicamente, tiene fecha 5 de abril, exactamente el día en el cual, once años atrás, San Martín había conquistado la libertad de Chile y había recibido las felicitaciones y agradecimientos de Bernardo O’Higgins. Ambos, el argentino y el chileno, habían sido figuras cruciales del paso del régimen monárquico hacia la independencia política de los países americanos, habían ostentado importantes cargos públicos y luego habían experimentado las dificultades propias de la construcción de sus respectivas naciones.

En los planos humano, político y militar, O’Higgins y San Martín fueron aliados: juntos enfrentaron las horas difíciles de la guerra, mantuvieron la amistad en los años posteriores a 1818, cuando Chile declaró su independencia, y sostuvieron con el paso del tiempo una correspondencia afectuosa, en la que mezclaban recuerdos heroicos, análisis políticos de actualidad y temas más personales. El trabajo reciente de Sergio Martínez Baeza y Pacho O’Donell ilustra de manera muy clara el crecimiento de esa amistad y el contexto histórico y político en el cual se desarrolló. De paso, contribuye a poner a José de San Martín en una adecuada dimensión americana y específi camente chilena, por cuanto contribuyó de manera decisiva a la libertad de la patria de OʼHiggins.

La batalla por la independencia

José San Martín había nacido en 1778, en el virreinato del Río de la Plata, creado un par de años antes. Siendo apenas un niño se trasladó a la madre patria, y con trece años tuvo su debut militar, combatiendo por el Rey en el norte de Africa. Más tarde hizo lo propio en Portugal y en la misma España, luchando contra Napoleón, el invasor de la península. Sin embargo, tras participar en algunas actividades de sociedades secretas en Cádiz y de visitar Londres, San Martín viró hacia posturas favorables a la independencia americana, a las que consagraría los próximos años de su vida. Comenzaba el paso, en palabras de Beatriz Bragoni, “de soldado del Rey a héroe de la nación”. Regresó a Buenos Aires a cumplir su histórica tarea.

Cuando Rivadavia le preguntó a San Martín en 1812 con qué objetivo volvía a su país, la respuesta fue escueta y contundente: “con el de trabajar por la independencia de mi país natal, que en cuanto a la forma de su gobierno, él se dará la que quiera en uso de esa misma independencia”.

En mayo de 1816 José de San Martín fi jó la meta del proceso en una interesante carta: “el Perú no puede ser tomado sin verifi carlo antes con Chile”. El trasandino consideraba que Chile, “por su excelente población, la natural valentía, educación y subordinación de sus habitantes; por sus riquezas… y por su situación geográfi ca, es un pueblo capaz de fi jar, regido por mano diestra, la suerte de la revolución”. Lograda esa empresa, Lima –“el azote de la libertad… la ciudadela de la tiranía”– sería libre.

El momento decisivo ocurriría en Maipú, el 5 de abril de 1818. OʼHiggins estaba herido y convaleciente, por lo que no pudo dirigir las fuerzas en esa ocasión. Antes de comenzar la batalla, San Martín dirigió al ejército unas enérgicas y proféticas palabras: “esta batalla va a decidir la suerte de toda la América”. Como enfatiza Sergio Martínez Baeza, ambos líderes eran complementarios, como había quedado claro semanas antes en Cancha Rayada, cuando OʼHiggins quiso actuar “con la temeridad y arrojo que lo caracterizaban”, mientras su amigo trasandino “actuó con serenidad y tomó la decisión correcta, para no arriesgar más de lo razonable”.

“Gloria al salvador de Chile” fueron las emotivas palabras de OʼHiggins hacia el conductor de la victoria de Maipú. La respuesta de San Martín no fue menos notable: “General, Chile no olvidará jamás el nombre del ilustre inválido que el día de hoy se presentó al campo de batalla en ese estado”. Como sabemos, luego vino el famoso Abrazo de Maipú, que fray Pedro Subercaseaux trazó en su famoso cuadro alusivo a la victoria chilena ante las armas de la monarquía.

Rápidamente se desarrolló un entusiasmo desbordante en la capital, como reseñó el General Miller: “los habitantes se entregaron de tal manera a la alegría, que todos parecían fuera de sí”. Chile se había sumado a las naciones independientes, aunque todavía quedaba mucho para construir instituciones republicanas y un régimen político perdurable.

Con una mirada de conjunto, como explica Luis Valentín Ferrada, “Maipú consagró la independencia de Chile; esta permitió la Expedición Libertadora del Perú, y el concurso de ella con los esfuerzos de Bolívar pusieron fin a la dominación española en América”.

El destierro de los libertadores

San Martín fue nuevamente exitoso en Perú en el ámbito militar, pero la situación resultó diferente en el plano político. El argentino, cansado de los desórdenes y difi cultades que enfrentaban los nuevos gobiernos de la región, pensó en la instauración de un régimen centralizado. En una carta explicaba a OʼHiggins con mucha fuerza que había que evitar “los horrores de la anarquía” (1821). Años después sostuvo que, “por inclinación y principio amo el gobierno republicano”, pero sabía que “este género de gobierno no era realizable en América sino pasando por el alambique de una espantosa anarquía” (San Martín a Tomás Guido, 1827).

Eso le valió ganar enemigos y complicaciones, además de un oscurecimiento de su fama. Quien enfrentó con gran claridad a San Martín fue lord Thomas Cochrane: “no ha surgido aún ningún hombre, salvo usted, capaz de remontarse en el aire y con ojo de águila abrazar la extensión del horizonte político. Pero en su vuelo, como Icaro, se ha confiado a unas alas de cera, y su descenso puede aplastar las nacientes libertades del Perú y envolver a toda Sudamérica en la anarquía, la guerra civil y el despotismo político”. Pronto San Martín dejaría Perú y abandonaría las actividades de gobierno en 1822: “he cesado de ser hombre público, y así estoy recompensado, con usura, de diez años de revolución y guerra”.

Luego vendrían los años del ostracismo, también para OʼHiggins, a la sazón Director Supremo de Chile. Pronto la situación cambiaría, y el libertador nacional abdicó en enero de 1823, iniciando también el largo camino del destierro. Muchos años después, en octubre de 1836, San Martín le escribía de la siguiente manera a su homólogo chileno: “Chile, que le es deudor de su existencia política, y que no ha sabido respetar ni el coraje, patriotismo y honradez del general OʼHiggins “.

Los amigos OʼHiggins y San Martín tuvieron, como hemos visto, vidas paralelas: en su juventud y viajes, en el ejército, en la guerra de la independencia y sus liderazgos, en sus idearios políticos, en su sentido americanista, en el abandono del poder y el posterior exilio. También tuvieron, paradójicamente, muertes paralelas: lejos de sus países, el chileno en Perú en 1842, el argentino en Francia en 1850.

Hacia 1868-1869, en la hora de la justicia histórica, OʼHiggins fue repatriado para tener un “funeral republicano” y un reconocimiento expreso por su contribución a la independencia y a la formación de la nación, como ilustra el excelente estudio de Carmen Mc Evoy. Con San Martín ocurrió algo parecido: sólo treinta años después de su muerte, Argentina estuvo lista para recibir a su héroe patrio, en mayo de 1880. Como debía ocurrir para un hombre de su historia y su geografía, acompañaron su ataúd banderas de su patria, de Chile, Uruguay y Paraguay.

OʼHiggins y San Martín terminaban así su vidas, su muerte y con funerales públicos, como correspondía, en sus respectivas naciones. Había llegado, finalmente, la hora de la historia.

Para leer

 

O’HIGGINS Y SAN MARTIN. SUS CARTAS: UN MANDATO DE FRATERNIDAD. SERGIO MARTINEZ BAEZA Y PACHO O’DONELL (SANTIAGO, 2010), 247 PAGINAS. Importante trabajo reciente que cuenta con estudios del chileno Sergio Martínez Baeza y el argentino Pacho O’Donell. El libro, con abundantes y hermosas ilustraciones, incluye la correspondencia que sostuvieron ambos próceres durante varias décadas de amistad.

LA BATALLA DE MAIPU. LUIS VALENTIN FERRADA (SANTIAGO, CENTRO DE ESTUDIOS BICENTENARIO/ ESCUELA MILITAR, 2010), 379 PAGINAS. Una gran investigación sobre la victoria defi nitiva de las Incluye una sólida investigación históricomilitar, además de una adecuada iconografía y un interesante anexo sobre las Cien Águilas y los ofi ciales egresados de la Escuela Militar que lucharon en la batalla de Maipú. armas chilenas en el proceso de Independencia
SAN MARTIN. SOLDADO ARGENTINO, HEROE AMERICANO. JOHN LYNCH. (BARCELONA, CRITICA, 2009), 382 PAGINAS. Es la biografía más importante sobre José de San Martín, escrita por el historiador británico, uno Independencia de Hispanoamérica. Aborda la personalidad del héroe, la percepción que tenía entre sus contemporáneos y también permite comprender esa época de grandes cambios.
SAN MARTIN. DE SOLDADO DEL REY A HEROE DE LA NACION. BEATRIZ BRAGONI. (BUENOS AIRES, EDITORIAL SUDAMERICANA, 2010), 204 PAGINAS. La historiadora argentina presenta una califi cada biografía militar y investigación sobre el tema de la Independencia y el accionar del héroe en el Río de la Plata, Chile y Perú. de los principales especialistas en el tema de la política de San Martín, incorporando la última