Más de 15 mil millones de dólares han generado las películas basadas en personajes de historietas en los últimos años. Un negocio cuyo centro siguen siendo los fanáticos, capaces de hacer largas filas y pagar 40 dólares por el autógrafo de alguno de sus ídolos. Visitamos la mayor convención del género en Chicago para conocer de cerca un fenómeno que puede ser tan bizarro como rentable. Por Federico Willoughby Olivos.

  • 5 abril, 2011

 

Más de 15 mil millones de dólares han generado las películas basadas en personajes de historietas en los últimos años. Un negocio cuyo centro siguen siendo los fanáticos, capaces de hacer largas filas y pagar 40 dólares por el autógrafo de alguno de sus ídolos. Visitamos la mayor convención del género en Chicago para conocer de cerca un fenómeno que puede ser tan bizarro como rentable. Por Federico Willoughby Olivos.

 

Skeletor camina rápido y nos dice que nos apuremos. Sé que seguir al enemigo número uno de Eternia y comandante de las Fuerzas del Mal no es algo que debería hacer, pero lo cierto es que él, un grupo de periodistas y yo estamos perdidos en el inmenso y desproporcionado McCormick Place de Chicago. El lugar, como puedo dar fe después de 30 minutos caminando sin llegar a ningún lado, es el centro de convenciones más grande de Estados Unidos: aproximadamente 250 mil metros cuadrados divididos en una compleja red de edifi cios de arquitectura tan similar que hacen que uno se sienta a ratos dentro de un nivel de cualquier videojuego de Mario Bros. y no en un sofisticado armatoste que recibe anualmente a cientos de congresos y seminarios de diverso tipo.

Con Skeletor estamos buscando el bar después de un día agotador. Son las 8 de la noche del viernes 18 de marzo y hace cerca de una hora terminó el primer día de la C2E2, la principal convención de cómics de Chicago. Y si bien el evento sólo tiene dos años de vida, ya nadie puede negar que es una de las ferias más importantes de Estados Unidos: 34 mil personas pagaron un promedio de 100 dólares para estar presentes durante los 3 días que estuvo abierta.

La historia, en todo caso, no empieza con Skeletor buscando una cerveza fría, sino varias horas antes, cuando a las 10:30 de la mañana se inauguró el primer panel de la feria. Hay que entender que las convenciones de cómics dejaron de ser, hace un buen rato, solamente el ejercicio de juntar a un montón de fanáticos y venderles revistas. Para nada. Como en cualquier industria que se precie, este tipo de acontecimientos se programa durante meses y abarca temas que van mucho más allá de cómo hacerse millonario publicando novelas gráficas.

De hecho, durante el fin de semana que duró la convención se realizaron más de 30 charlas y debates que exploraron el mundo de los cómics desde los más increíbles ángulos. Por ejemplo, la Universidad de Michigan abordó las posibilidades de usar el recurso de las historietas para enseñar. Otro estuvo dirigido a los dueños de tiendas de cómics: fue particularmente interesante el momento en que discutieron sobre cómo salir elegantemente de una conversación con un fan de Spider Man que no tiene ningún empacho en instalarse a hablar 5 horas sobre su personaje favorito, o cómo explicarle al despistado comprador amateur que quiere llevar 50 copias de La muerte de Superman que eso no lo va hacer millonario a él ni le va garantizar los estudios a sus hijos.

Una de las mesas de discusión más curiosas fue la de Cómics y comida. Tal cual. Los organizadores juntaron a un grupo de artistas con Rick Bayless, uno de los más talentosos chefs de Chicago (ganador de varios premios, dueño de un par de restaurantes, finalista de la primera temporada de Iron Chef America y conductor de su propio programa en Food network) para comparar los procesos creativos de ambas especialidades. Y sí: suena alambicado, forzado y sin ninguna relación, pero fue un acierto y uno de los paneles más comentados. Además, Bayless llevó muestras de su comida, algo que los cientos de gordos presentes le agradecieron.

A todo este componente más o menos reflexivo hay que sumarle lo que hacen las empresas más grandes (DC Comics, Marvel y Dark Horse), que aprovechan la oportunidad para contar novedades de los próximos títulos, cambios en los equipos creativos y, claro está, llevar una que otra estrella de Hollywood a conversar sobre la película o serie en la que está trabajando. Este año estuvo presente la espectacular Elisa Dushku (la misma que hacía de Faith en Buffy, la cazavampiros). Lleva años sin hacer nada importante, pero todavía es recordada con cariño; tanto, que cobró 40 dólares por dar un autógrafo (y había una larga fila de nerds babosos listos para pagarlos).

También estaban Jon Bernthal, uno de los protagonistas de la exitosa serie The walking dead que en 2010 sacudió las pantallas y está basada –obviamente– en un cómic; Sam Tramell, de True blood y Patton Oswalt, de United States of Tara. Eso sí, el invitado estrella fue el australiano Chris Hemsworth, quien interpreta nada menos que a Thor en la esperada película que Marvel estrenará en mayo.

La presencia de Hollywood en la C2E2 y en cualquier convención de cómics no es antojadiza. Está directamente relacionada con el modelo de negocios de las editoriales. “Si te fijas, ni Marvel ni DC están vendiendo cómics en la feria. Hay tiendas que ofrecen los productos de esas empresas, pero ellos, directamente, no. Es más, su único rol en este tipo de actividades consiste en promover a sus personajes y franquicias para que después puedan ser explotados en el cine y en los videojuegos”, me explica Brian Warmoth, un periodista que lleva más de 7 años cubriendo este mundo de disfraces y grandes negocios; primero, para la desaparecida Wizard y ahora, para Comic Book Resource.

Y tiene razón: caminando por el enorme salón del evento puedo ver tipos de traje que claramente no son fanáticos de los superhéroes y que hablan con artistas y les pasan sus tarjetas. Asignan especial atención a los creadores independientes. Allí está el futuro. “Es normal. Tengo la sensación de que a partir de 2006 Hollywood empezó a tomar real interés en el mundo de los superhéroes. Recuerdo la Comic Con de San Diego en 2007; yo estaba en la sala de prensa despachando y de repente llegaron unos tipos y nos sacaron de ahí porque tenían que hacer el panel de Ghost whisperer, la nueva producción televisiva de Jennifer Love Hewitt. ¡Lo más increíble era que la serie ni siquiera tenía su cómic propio!”, comenta Warmoth, en una conversación que tuvo como testigo un enorme martillo de Thor que Marvel llevó para promocionar la película. Según me cuentan más tarde, hay artistas que en estos encuentros pueden ganar entre 20 mil y 40 mil dólares por la venta de derechos de sus personajes; que, curiosamente, en el 90% de los casos nunca llegan a la pantalla grande.

La convención es un negocio, pero también funciona como refugio social. La mayoría de la gente se ve absolutamente normal y hay muchos que ni siquiera leen cómics, pero llegan fascinados por las películas o curiosos de conocer más de este mundo. Asisten como turistas en un safari. Lo más importante, el alma de estos encuentros, siguen siendo los fanáticos. Hay de todo: aquellos que van con una lista de los títulos que les faltan de su colección y se instalan a buscarlos entre las decenas de tiendas presentes (y pueden pagar muy caro por un número atrasado); otros que hacen lo mismo, pero con figuritas de acción; o los que van a buscar un autógrafo o un dibujo original. Sucede que estas ferias también cuentan con lo que se llama “artist alley”, que son mesas donde los creadores dibujan para el público. En la C2E2 había cerca de 200 ilustradores y cada uno de ellos pagó algo así como 250 dólares por estar sentado allí. Y es que ese es el lugar donde generalmente los estudios grandes encuentran los nuevos talentos.

Los sujetos más llamativos son los seguidores del Cosplay. El término se refiere a todos aquellos que llegan disfrazados como sus personajes favoritos. Sus trajes son profesionales y llenos de detalles; se pasean por el lugar sacándose fotos. Así, el sábado uno podía ver a los Cazafantasmas en un pasillo mientras al lado un Batman un tanto obeso se daba las manos con El Acertijo y un poco más allá Fénix, de los X-men, se juntaba con una de las integrantes de Josie y las Melódicas.

Ahora, volviendo a Skeletor y los periodistas-fans, debo confesar que al final no los seguí al bar. Sí, tenía sed, quería una cerveza y además tengo entendido que era barra abierta. Sin embargo, después de que me pidieron que me apurara porque Thor y el resto de la Liga de la Justicia estaban tomando una copa y que ya uno de los Superman estaba medio borracho, preferí volver a casa. Uno puede aguantar varias cosas, pero ver cómo el hijo de Kripton le tira maníes al Dios del Trueno me parece simplemente demasiado.

Hollywood al rescate
No es coincidencia que el invitado principal a la E2C2 sea el protagonista de Thor, la próxima película de Marvel. O que la Comic Con de San Diego (por lejos, la más famosa; los tickets de este año se agotaron apenas 3 horas después de salir a la venta) se haya convertido en el lugar donde se anuncian los más importantes proyectos cinematográficos y en el cual los actores se pelean por aparecer. Desde mediados de la década pasada y gracias al éxito de películas como X-men o la trilogía de Spider Man, los grandes estudios de Hollywood decidieron “darle una mano a la industria del cómic”. Básicamente, se percataron de que la mayor parte del público que consume historietas son hombres, de 19 a 35 años, con suficiente presupuesto para gastar en sus gustos. Warner, dueño de DC Comics, y Marvel, recientemente comprado por Disney, se convirtieron en editoriales cuya única razón de existir es crear o fomentar personajes y franquicias que serán después explotadas a través del cine, los videojuegos y mucho merchandising. Así, el mercado se modificó para no tener que depender de la venta de revistas. Hoy por hoy, son el cine y la televisión los que mueven la industria. “Mi tienda abrió hace un par de años y debo decir que uno de los impulsos para hacerlo fue el hecho que se venían al menos 10 grandes películas de superhéroes, y eso es marketing gratis”, me cuenta Matt Sardo, dueño de la cadena Comic Vault. “En 2010, por primera vez, el título más vendido no superó los 100 ejemplares en mi local, pero yo creo que eso tiene que ver con que antes había dos títulos de Batman o de Linterna Verde y ahora hay nueve”. La idea es que haya un Batman para cada público (más violento, más infantil, más juvenil), cosa de poder enganchar a más audiencia.

“A principios de los 90 algunos títulos vendían millones, pero eso fue una burbuja. La gente pensó que comprar una de las 500 mil copias de X-men el año 92 le iba a significar poder vender ese ejemplar en millones de dólares algunos años después”, agrega Warmoth. “Lograr esos valores tan altos con una revista de colección solo pasó con la primera copia de Spider Man o de Action Comics 56, porque en la segunda guerra mundial mucha gente donó sus cómics a los jóvenes que peleaban en la guerra. Entonces, cómic de esos son realmente escasos”, termina. La gente tardó poco en darse cuenta de que comprar cómics en el año 2000 no le iba a servir de nada, y así fue como las ventas en la década pasada cayeron de una manera increíble y, sin ir más lejos, Marvel quebró. Guste o no, a la industria del cómic la salvó Hollywood.

Taquilla superpoderosa
Desde 1978, año del estreno de Superman, las principales películas basadas en cómics han recaudados más de 15 mil millones de dólares. Marvel y DC se reparten casi toda la torta, pero también saca un pedazo importante Dark Horse, y en menor medida otras compañías independientes.
Batman: the dark knight (2008) US$1,001,945,358
Spider-Man 3 (2007) US$890,871,62
Spider-Man (2002) US$821,708,551
Spider Man 2 (2004) US$783,705,001
Iron Man 2 (2010) US$623,433,331
Men in black (1997) US$587,790,539
Iron Man (2008) US$582,604,126
X men the last stand (2006) US$459,359,555
300 (2007) US$456,068,181
Men in black 2 (2002) US$441,818,803
Batman (1989) US$411,348, 924
X men 2 (2003) US$407,711,549
Batman begins (2005) US$372,353,017
Superman returns (2006) US$391,120,000
The mask (1994) US$ 343,900,000
Batman forever (1995) US$336,529,144
X-men (2000) US$334,627,820
Superman (1978) US$ 300,200,000
*Recaudación por ventas de entradas a nivel mundial.