La app que se creó en 2009 para conectar a conductores con pasajeros crece a pasos agigantados: entró al negocio de las bicicletas eléctricas, scooters, camiones y restaurantes, mientras trabaja en el desarrollo de taxis aéreos y vehículos autónomos. El próximo año la compañía saldrá a la bolsa, donde espera recaudar más de 120 mil millones de dólares. Cada pieza que mueve el gigante tecnológico ocurre desde el centro de San Francisco, hasta donde llegó Capital. Y así es cómo funciona.

  • 6 diciembre, 2018

Al aterrizar en el aeropuerto internacional de San Francisco y abrir la aplicación de Uber, aparece un mensaje que dirige al usuario a la zona especializada donde los autos que se solicitan recogen a los pasajeros. A los pocos minutos –y con la poca visibilidad que hay por los incendios que han azotado durante semanas al estado de California–, se aproxima a la salida Nair, un afgano que llegó en los 90 a Nueva York buscando nuevos horizontes y que vive hace 18 años en Sacramento. Desde ahí conduce cuatro veces por semana a San Francisco para acarrear pasajeros utilizando la app durante 12 horas diarias. Con eso gana entre dos mil y cuatro mil dólares al mes, “mucho más” que su sueldo como vendedor de sándwiches en la cadena Subway, dice. Según Nair, como él hay otras 50 mil personas que trabajan como choferes de la plataforma. Solo en la zona de San Francisco.

El auto se detiene en la esquina de Market Street y la 11th St., en el barrio SoMa. A una cuadra de los headquarters de Twitter están las oficinas centrales de Uber. Para entrar hay que tener un badge, es decir, una tarjeta con el nombre y foto del empleado. De lo contrario, hay que registrarse con los equipos de seguridad en un iPad y tomarse una foto. En el edificio están los equipos que trabajan en la optimización de rutas y el mejoramiento del algoritmo que usan los autos.

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