En Hollywood todavía hay gente que sabe contar historias. Es más: todavía hay algunos que saben reciclarlas, como hizo J.J. Abrams con Star Trek, que no sólo disfrutarán sus seguidores.

  • 12 mayo, 2009


En Hollywood todavía hay gente que sabe contar historias. Es más: todavía hay algunos que saben reciclarlas, como hizo J.J. Abrams con Star Trek, que no sólo disfrutarán sus seguidores.

 

En Hollywood todavía hay gente que sabe contar historias. Es más: todavía hay algunos que saben reciclarlas, como hizo J.J. Abrams con Star Trek, que no sólo disfrutarán sus seguidores. Por Christian Ramirez.

 

  

Vale la pena hacerles caso a los fanáticos? ¿Hasta qué punto el productor tiene que escuchar a esa clase de “expertos”? El asunto es debatible. Ahí está George Lucas, quien hizo oídos sordos al mandar al diablo la saga de Star Wars; y, sin embargo, los horrorizados fieles le repletaron los bolsillos de billetes. O el ejemplo de Watchmen, que por culpa de un exceso de fidelidad al cómic acabó convertida en un mastodonte inerte, de esos que sólo reviven cuando se lanza en DVD una versión extendida de la película para paliar las pérdidas.

No cabe duda de que el director J.J. Abrams (Cloverfield) y su equipo se documentaron bien para desempolvar y recargar a Star Trek, pero no hay que ser un experto en pistolas phaser, saltos warp o las distintas razas de la Federación de Planetas para volver a enchufarse de inmediato con las nuevas y rejuvenecidas aventuras del capitán Kirk y el señor Spock.

Vista en crudo y sin poner atención a todo lo que hoy rodea a esta clase de blockbusters (horas de making of, teasers y trailers en la web, spoilers y noticias al minuto), Star Trek no es la obra de un fan sino la de un pragmático, de alguien que comprende que –por más que siembre su filme con docenas de pistas secretas- lo que calmará la ansiedad de los más exigentes es lo de siempre: una trama apretada, con adecuadas vueltas de tuerca, instantes de identificación y celebración y en lo posible, un gran antagonista.
Y en esta ocasión Abrams casi lo logra, haciendo gala de un poder de síntesis que habría salvado a Superman returns, un sentido del espectáculo digno del último Batman y una conciencia de su material que ya hubiese querido Ang Lee al componer su ambiciosa versión de Hulk.

Dando por descartado que se trata del mejor filme en su dispar serie (ver recuadro), quizás a lo que más se asemeja en el mundo de las secuelas es a Casino Royale: ambas películas regresan a un supuesto punto cero para contar su historia. Si James Bond retornaba a su primera novela, Star Trek retrocede hasta una época a la cual la serie había aludido vagamente: la infancia de Kirk y Spock, sus primeros desencuentros como cadetes y el apresurado viaje inaugural de la USS Enterprise.

En el papel esto suena como un inocente relato de origen, pero considerando cuánto le gustan a Abrams las tramas con sorpresa (revisen los capítulos de su serie Lost), prepárense para más de una. De hecho, la menor de estas es que en Star Trek aparece un envejecido Spock a cargo del actor original, Leonard Nimoy. ¿Por qué? Bueno, para saberlo, compren la entrada…

Comparaciones para fans

Mientras el espectador casual se entretiene con Star Trek, lo más probable es que el fanático trekkie sentado a su lado esté haciendo decenas de conexiones: Nero, el villano, recuerda mucho al notable Khan, encarnado por Ricardo Montalbán; los diseños de la nave romulana se parecen al laberinto de Vyger (de Star Trek, The Motion Picture); los tripulantes de rojo aún son los primeros en morir en los ataques; esparcidos por toda la banda sonora hay sonidos originales de la serie de TV; las formas de las naves especiales son placenteramente setenteras… Quizás el ejercicio más obvio es comparar a los actores del filme con los respectivos personajes de la serie de TV. Mención especial va para Zachary Quinto, que recrea a un Spock que se para sin problemas frente al original.

 

 

El canon Star trek
Seamos francos: incluso poniendo todo el cariño debido a la saga, hay que reconocer que los filmes de Star Trek distan, lejos, de ser obras maestras. Por lo mismo, a la hora de hacer un ranking, el elemento emocional (por decir lo menos) es el que prima:
1. First contact (1996). La historia del inventor de los viajes a la velocidad de la luz. Hasta ahora era lejos la mejor del ciclo, y eso que estaba protagonizada por los actores de la segunda serie: The next generation.

2. The wrath of Khan (1982).
La primera aventura galáctica post Star Wars que no le debe nada a las creaciones de Lucas. Y el mejor malo de la serie.

3. The undiscovered country (1991).
Lo más cerca que se llegó a Star Trek, el policial. Incluye uno que otro eco shakesperiano (en serio)

4. Star Trek: The Motion Picture (1979). Una Space Opera en el mejor sentido de la palabra. Bonita, pero estatuaria.

5. The search for Spock (1984). La resurrección de Spock salva la plata en esta secuela directa de La ira de Khan.

6. The Voyage Home (1986). ¿El Enterprise regresa en el tiempo hasta el siglo XX? Too much.

7. Generations (1994). Los fans la recuerdan por la ridícula muerte del capitán Kirk. Y vaya que lo es.

8. Nemesis (2002). Triste despedida del elenco más parejo que haya tenido la serie.

9. Insurrection (1998). Mejor olvidémonos de esta…

10. The final frontier (1989). Dirigida por William Shatner, pero indigna del Capitán Kirk.