Por: Patricio Abarca, desde EE.UU. El anaranjado puente de Golden Gate resplandece como un gigantesco ser vivo admirado desde un promontorio privilegiado, una idílica plaza dibujada para turistas situada a poco más de un kilómetro, y desde la cual también se puede divisar nítidamente Fort Point, la zona, en la base de la estructura, donde […]

  • 23 noviembre, 2017

Por: Patricio Abarca, desde EE.UU.

El anaranjado puente de Golden Gate resplandece como un gigantesco ser vivo admirado desde un promontorio privilegiado, una idílica plaza dibujada para turistas situada a poco más de un kilómetro, y desde la cual también se puede divisar nítidamente Fort Point, la zona, en la base de la estructura, donde hace exactos 70 años Kim Novak se arrojó a las aguas y fue rescatada por James Stewart en una escena crucial de la película Vértigo, de Alfred Hitchcock.

El movimiento allí es intenso cerca de las 10 de la mañana, y la tentación de sacarse una selfie ante esa inmensidad de pronto tiene competencia: el espectáculo que generan diez Lexus LS estacionados en fila, una exhibición de estilizados modelos que destellan con sus colores metálicos.

En mi caso, debo elegir uno. Invitado por la marca de lujo de Toyota, hace unos minutos he terminado de escuchar la historia y la descripción puntillosa de las características del nuevo modelo LS 500, creado tras cinco años de trabajo. Un blanco deportivo con asientos rojos en el interior es la mejor muestra de aquel sofisticado desarrollo y se amolda como un traje aerodinámico cuando estoy sentado frente al volante. El diseño interior tiene que ver con la palabra omotenashi, el concepto de hospitalidad japonesa…

De regreso a San Francisco, pasamos a ras de suelo por el Golden Gate. A lo lejos se ve Fort Point, donde Kim Novak se arrojó a las aguas y fue rescatada por James Stewart en una escena crucial de la película de Alfred Hitchcock.

Si eres suscriptor, continúa leyendo esta nota en el papel digital.
Si aún no lo eres, suscríbete AQUÍ.