En una columna titulada Chávez en la encrucijada, Antonio Sánchez García, columnista chileno radicado en Venezuela, historiador y ensayista, analiza los rumbos que está tomando el experimento de “socialismo del siglo XXI” anunciado por el mandatario. La tesis de García es que hay un conflictivo mar de fondo en las filas del chavismo y […]

  • 27 julio, 2007

 

En una columna titulada Chávez en la encrucijada, Antonio Sánchez García, columnista chileno radicado en Venezuela, historiador y ensayista, analiza los rumbos que está tomando el experimento de “socialismo del siglo XXI” anunciado por el mandatario. La tesis de García es que hay un conflictivo mar de fondo en las filas del chavismo y que este año el deterioro de la economía venezolana tiene a Hugo Chávez al borde de la desesperación.

El siguiente es un fragmento de esa reflexión:

“En términos generales, el desastre económico de su gestión solo puede ser ocultado por la pertinaz y tozuda alza en los precios del petróleo. Alzas que incluso compensan la sistemática pérdida de la capacidad productiva de PDVSA (Petróleos de Venezuela S.A.), al parecer al borde de un terrible colapso. La que fuera una de las más grandes empresas del planeta, es hoy pasto de la iniquidad, la irresponsabilidad y la impericia.

Siguiendo la tónica presidencial, en vez de afincarse sobre sí misma y resolver sus problemas estructurales y de gestión, decide diversificarse convirtiéndose en una suerte de mercadillo de recetas universales para atacar todos los males y problemas del país.

“PDVSA pretende reparar lo que ha sido causado por el desastre del propio gobierno: el país depende de la importación de alimentos más que nunca antes en su historia. Reproduciendo lo que para Uslar Pietri fuera la peor pesadilla venezolana imaginable, nos hemos convertido en parásitos de los ingresos petroleros. Hemos vuelto a ser un país de mercachifles, de comerciantes, de importadores. Una floreciente economía de negociantes reparte el dinero más fácil habido por la república. La producción, en todos sus rubros, se encuentra al borde del colapso para satisfacer una demanda sin otra base que la renta petrolera. La relación entre el dólar libre y el oficial superó el 100%. Podemos estar ante las puertas de una grave crisis financiera y fiscal, mayor que las que nos sacudieran en el pasado y crearan las condiciones para esta multiplicación del desastre.

“A esa situación objetiva, sin remedio aparente de persistir el gobierno por su actual cauce –y nada hace prever un cambio de timón– se suman los delirios de un proyecto socialista-marxista absolutamente ajeno a la realidad del país, de la región y del mundo. Los resultados no pueden ser más catastróficos para las pretensiones presidenciales. Pretender imponer el socialismo del siglo XXI, reformar la constitución y cerrar medios de comunicación se ha traducido en el rechazo de la opinión pública mundial, el despertar del movimiento estudiantil y la rebelión de periodistas y comunicadores. Apenas la punta de un iceberg que puede aflorar en cualquier momento.

“Y como si con toda esa larga lista de problemas no fuera suficiente, ahora nos enteramos de que en el interior de la Fuerza Armada existe una fractura de extrema gravedad. Que se traduce en el rechazo, expresado de manera consistente y muy bien razonada, por el saliente ministro de la defensa general Raúl Isaías Baduel, del llamado socialismo del siglo XXI al que acompañó, sin medias tintas ni subterfugios, de un panegírico al capitalismo democrático, a la generación de riqueza y al respeto al consenso como forma de dirimir los conflictos que nos aquejan. Si su posición expresa el sentir mayoritario de la Fuerza Armadas, estamos ante un muy grave desacuerdo de consecuencias imponderables”.