Vaya combinación: deportista de alto rendimiento, hombre de familia y empresario agrícola. ¿Cómo el seis veces campeón mundial involucró a sus hijos en el velerismo sin descuidar su trabajo en el campo? A los 48 años, Alberto “Tito” González sueña con clasificar a los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. Esta es su historia.

  • 24 agosto, 2007

 

Vaya combinación: deportista de alto rendimiento, hombre de familia y empresario agrícola. ¿Cómo el seis veces campeón mundial involucró a sus hijos en el velerismo sin descuidar su trabajo en el campo? A los 48 años, Alberto “Tito” González sueña con clasificar a los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. Esta es su historia. Por Nicolás González Sotomayor

 

Si camina por la calle, nadie lo reconoce. Si va al supermercado, nadie le pide un autógrafo. Tiene hasta un nombre común y corriente. Alberto González cuenta que la única vez en su vida que lo pararon en la calle, fue en medio de la campaña presidencial de 1989: “la gente me confundía con Hernán Buchi, porque tenía el mismo corte de pelo, la misma melena; me saludaban, querían sacarse fotos, me pedían autógrafos. Desde esa época, nunca más. Pero prefiero que sea así. Me gusta la privacidad, es mucho más sano”.

 

Es en ese mundo privado, lejos de la bulla de la ciudad y de los autógrafos, donde se desenvuelve diariamente el velerista Alberto “Tito” González Mas, junto a su mujer y sus cuatro hijos: de su fundo en Champa a la Laguna Aculeo y, de ahí, al Club de Yates de Algarrobo. Esa es la rutina de este desconocido “hombre de los mares”, el único deportista chileno que puede decir que ha sido seis veces campeón mundial de su especialidad –cinco veces en la Clase Lightning y una en Etchells– y que además ha ganado cinco medallas panamericanas: dos de oro, dos de plata y una de bronce. La última medalla dorada la obtuvo en los Panamericanos de Río de Janeiro en julio pasado, junto a su hijo Diego y a su amigo Cristián Herman.

 


-Aunque digas que eres un desconocido en el ambiente deportivo, ¿cómo te gustaría que te recordaran?

-Creo que voy a ser recordado como uno de los veleristas top en casi de 70 años de historia de la clase lightning. Eso es lo que escucho del resto de los competidores. Para mí eso tiene un valor más importante que un campeonato, una medalla o un aplauso. Creo que el reconocimiento de mis pares, es lo más significativo que pueda escuchar.

 

 

 

La fórmula del éxito

 

 

Agrícola Mansel se llama la empresa que maneja Alberto González junto a su padre y a su hermano Manuel, en la localidad de Champa. Son 150 hectáreas destinadas a la producción de maíz, kiwis y a la crianza de cerdos donde, curiosamente, el amor por el campo se mezcla por la pasión por las velas. “Mi afición por el velerismo me la pegó el papá, cuando yo tenía 8 años. Junto a mi hermano y a un primo navegábamos en el tranque del fundo. Luego, en la Laguna Aculeo y después en el Club de Yates de Algarrobo. Durante mi infancia pasé todos los veranos arriba de un bote. Si no hubiese tenido el apoyo de mi familia, habría sido imposible dedicarme a este deporte. Lamentablemente, muchos deportistas quedan en el calle porque sus familias no tienen las condiciones económicas para apoyarlos”.

 

 

-¿Cómo compatibilizas la navegación con la producción agrícola?

-El velerismo es un deporte cambiante, nada es fijo, todo se mueve: el bote, el agua, el viento, los competidores se mueven de posición, las boyas las cambian si varía el viento y todo está cambiando permanentemente, no hay nada fijo. Eso es muy útil, porque los negocios tampoco son fijos, siempre varían. Yo estoy adaptado a esos cambios, estoy habituado gracias a la navegación. Además, mi trabajo y mi deporte se complementan perfectamente: ambos los realizo en terreno, al aire libre”.

 

 

 

El desafío olímpico

 

 

Desde hace más de 30 años, Alberto González alterna su trabajo de empresario agrícola con la alta competencia en la navegación a vela. Para cumplir en ambos planos, debe ser riguroso y responsable con ciertas rutinas. Realiza cinco veces a la semana un trabajo físico de dos horas, para lo cual dispone de un entrenador personal y de un gimnasio en su casa. Además, a partir de septiembre, comienza los entrenamientos en el agua, dos a cuatro veces a la semana, en Algarrobo.

 

Hoy, el entrenamiento está encaminado a un solo objetivo. Luego de ganar la medalla de oro en los Panamericanos de Río de Janeiro con un yate Clase Lightning, Alberto González está a punto de comenzar la última etapa para clasificar a los Juegos Olímpicos de Beijing, ahora con otro tipo de embarcación: el velero Clase 470, que manejará junto a su hijo Diego. “Tengo una sola meta en estos momentos, que es clasificar a los juegos olímpicos y una vez que lo logremos, tenemos que planear muy bien nuestra presentación en China”. La última oportunidad que tendrá para clasificar a Beijing 2008 será en enero próximo en Australia: “Va a ser difícil porque solo quedan siete cupos de un total de 28”. González comenzó a planificar la campaña Beijing 2008 en abril de 2006, con un presupuesto de 318 mil dólares, financiado principalmente por tres sponsors (Entel-PCS, Lan y Chiledeportes) y tres directores (Dag Von Appen, Bernardo Matte y Edmundo Pérez Yoma).

 

El equipo cuenta con cinco barcos para entrenar en distintas partes del mundo, cada uno a un costo de 25 mil dólares. Parte de ese presupuesto lo ha tenido que financiar él mismo. Y lo ha hecho de corazón. Para Alberto vale cualquier sacrificio: “Sería una frustración muy grande no clasificar… es uno de los desafíos más lindos de mi carrera”.

 

 

 

Diego González: El recambio natural


Con la misma melena que lucía Tito hace 20 años, es el encargado de la logística en la campaña para llegar a los juegos olímpicos, pero lo más importante, ha sido el tripulante más fiel de Alberto González en sus últimas aventuras marítimas. Diego González (19), estudiante de Economía de la Universidad de Chile, está llamado a preservar la tradición familiar en el deporte de las velas. “Podemos compatibilizar los tiempos, tenemos el mismo programa de entrenamiento, vivimos juntos; estar unidos familiarmente ha sido una ventaja al momento de competir. Arriba del velero él es el capitán más que el papá, si te equivocas te lo va a hacer ver y te va a retar”. Diego tiene claro quién manda arriba del barco, pero sabe que algún día deberá emprender nuevos caminos: “Tengo la ambición de llegar a los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y si mi papá no está en condiciones de navegar en la alta competencia, buscaré quien me acompañe. Pero falta mucho, por ahora estoy feliz ganando medallas junto a Alberto González”.