• 23 enero, 2009

Las vacaciones tienen un sentido muy profundo que se pierde cuando se comprenden como una suma de actividades, pero que no calan en las relaciones humanas y en la propia vida.


Este tiempo, a pesar del fantasma de la recesión que se aproxima a pasos agigantados y de las consecuencias que se derivan, especialmente en materia de empleo, muchas familias saldrán de vacaciones. Dejarán su habitual rutina de vida para estar más tiempo con los suyos y realizar actividades que durante el año laboral no resultan fáciles de hacer.

En realidad, quien pueda disponer de un tiempo con mayor libertad de acción, independiente del lugar donde vaya, ha de estar muy agradecido y sobre todo ha de aprovechar muy bien esos días. Lo propio del hombre no es sólo hacer sino que también descansar y, sobre todo, contemplar. Una de las experiencias más hermosas de este tiempo es contemplar; es decir, admirarse de todo cuanto se ha hecho durante el año y hacer un balance. Es un momento privilegiado para dar gracias a Dios y a las personas que están cerca de nosotros por su compañía y su ayuda. Junto con ello, es el tiempo de conversar más, especialmente con los hijos, que si de algo se quejan
hoy es de que se sienten solos.

Los apuros en las vacaciones son un mal signo de cómo se están viviendo este tiempo y la propia vida. Como también sentirse imprescindible y llevar consigo celular, notebook, Internet, etc. El apuro constante y la imperiosa necesidad de “estar conectado” son un signo de falta de paz interior y de querer evitar y evadir lo que más necesitamos y lo que más nos cuesta: encontrarnos con el otro en cuanto otro; es decir, que las preguntas no se centren tanto en lo que hemos hecho ni las notas que obtuvimos, sino que en cómo estamos, qué es lo nos pasa en lo más profundo de nuestro ser. Señor, ¿le ha preguntado a su señora y a sus hijos cómo están? Y usted,señora, ¿se lo ha preguntado a su marido y a sus hijos?

Las vacaciones son un tiempo privilegiado también para pedir perdón por lo que se hizo mal, por lo que se dejó de hacer y proponerse metas en ese ámbito para el año que se aproxima.

Las vacaciones tienen un sentido muy profundo que se pierde cuando se comprenden como una suma de actividades, pero que no calan en las relaciones humanas y en la propia vida. Las vacaciones también nos ayudan a comprendernos mejor a nosotros mismos. Dado que no estamos con la presión de todos los días, viene muy bien preguntarse por el rumbo que lleva nuestra vida y la de nuestros seres queridos. Si alguien asocia vacaciones a sólo “pasarlo bien”, estoy cierto de que lo pasará muy mal, dado que ciertas formas de pasar el tiempo suelen dejarnos vacíos y las más de las veces “agotados”. ¡Cuanta conversación inútil! ¡Cuánto tiempo gastado en criticar y, muchas veces, porque no hay nada interesante que nos tome la vida!

Otra dimensión importante de las vacaciones es que permiten leer más y, sobre todo, de aquellos temas que nos interesan pero que no tenemos tiempo para profundizar durante el año. Les recomiendo que lean algún tratado de filosofía o de historia. Muy interesantes resultan las biografías. A los católicos y a los hombres de buena voluntad les recomiendo que lean el magisterio de los pontífices, especialmente las dos hermosas e interesantes encíclicas que nos ha regalado durante su pontificado Benedicto XVI.

Las vacaciones también son un tiempo privilegiado para hacer más ejercicio físico y para dormir.

Pero también hay muchas personas que no saldrán de vacaciones. Creo que son los más. En efecto, son muchas las familias que, dada su precaria situación económica, no podrán cambiar de ambiente y tendrán que quedarse en sus casas, que en general suelen ser estrechas. Tendrán que redoblar su creatividad para poder disponer de más espacios de afecto al interior de la familia, y de esparcimiento. Pero también es un tiempo de mayor solidaridad respecto de aquellos que no pueden salir de vacaciones y ofrecerles todo cuanto esté a nuestro alcance para que lo hagan. Desde este punto de vista, aplaudo las iniciativas de los municipios y de las regiones en favor de los más necesitados. Aplaudo también a tantos estudiantes de educación media y universitaria que dedican parte importante de sus vacaciones a misionar, hacer trabajos comunitarios o bien a organizar vacaciones de los niños, ancianos, enfermos y carentes de familia que por sí solos no podrían hacerlo. Gracias les doy en nombre de todos ellos. Felices vacaciones.