• 8 noviembre, 2018

Toda moneda tiene dos caras, y nadie puede ser dueño de solo una de ellas por más que se quiera. Hoy, nadie discute que hubo serias violaciones de derechos humanos en el gobierno militar, la derecha lo ha reconocido y condenado públicamente. No se trata de justificarlos, pero la historia tiene un curso que pone en perspectiva los elementos que permiten entenderla, proyectarla, e impedir que se repita. La síntesis es breve: sin Allende no hay Pinochet.

Es lamentable que a tantas décadas de la enorme crisis que desató la Unidad Popular, no seamos capaces de ponernos de acuerdo en algunos elementos clave para poder mirar al futuro. Lo realmente doloroso es que, además de los responsables directos, los jóvenes del Frente Amplio traten hoy de construir una historia que no fue como creen, y que por cierto no vivieron. Claro que pueden estudiar, pero reitero, la moneda tiene dos caras, nos guste o no. Es el nuevo mundo de la posverdad que todo lo aguanta. Tratar de reivindicar a Allende como un demócrata impecable y gobernante eximio es simplemente una falsedad histórica para todos los que vivimos esa época con algún grado de conciencia. 

Allende obtuvo un 36% de los votos (apenas un 1,3% más que Alessandri). Fue apoyado por la DC en el Congreso, la misma que más tarde mayoritariamente apoyó el golpe de Estado. Allende no respetó el pacto de garantías que él mismo firmó con la DC. Al menos algo aprendimos, ya que hoy tenemos segunda vuelta. En la lógica actual, Allende jamás habría sido elegido democráticamente.

A poco de llegar al poder, mostró su alma al indultar rápidamente a terroristas del MIR que habían sido condenados por asesinatos, asaltos, secuestros, colocación de bombas. No deja de ser simbólico que el emblema del FPMR es un fusil. También es curiosa la visita de Fidel Castro, que estuvo proclamando la revolución por todo el país por su cuenta, durante casi un mes. Castro fue efectivamente su mentor.

Allende, como casi toda la izquierda entonces, efectivamente estaba inspirado en Cuba. Así nos dijo “les doy el ejemplo de Cuba, donde la organización del pueblo es ejemplar”, cuando ya en ese momento era una de las peores dictaduras que ha sufrido el mundo y que se mantiene incluso hasta hoy. Iba más allá, justificando lo imposible: “Han tenido que sufrir racionamiento incluso del azúcar, pero Cuba, en ocho o diez años más, será el pueblo con el más alto nivel social en América Latina”, pronóstico que chocó con la pobreza generalizada que engendró la revolución, sostenida por mucho tiempo por recursos de la URSS y más tarde por Venezuela. En Cuba se entrenaban terroristas, muchos de los cuales venían a Chile.

Gobierno solo para los míos

Curioso es un “demócrata” que formalmente sostiene “no soy el presidente de todos los chilenos, soy el presidente de la Unidad Popular”. Peor aún, apoyó la feroz dictadura china: “Yo entiendo que Mao, como revolucionario, ha buscado destruir los elementos que estaban paralizando y neutralizando la revolución”. Por eso tuvo dichos que mostraban claramente su posición: “El pueblo está preparado para quemar y hacer explotar este país desde Arica hasta Magallanes en una ofensiva heroica, liberadora y patriótica”. Tampoco respetó el Estado de derecho, la esencia de la democracia, y así sostuvo: “El Ejecutivo tiene el derecho a decidir si lleva a cabo o no los fallos de la justicia”, los que ciertamente no ejecutó.  

En suma, la Cámara de Diputados en 1973 declaró con 81 contra 47, que el gobierno de Allende había violado gravemente la Constitución chilena, incluyendo el amparo de grupos armados, la tortura, las detenciones ilegales, ataque a la prensa libre, la manipulación de la educación y la confiscación de propiedad privada. Allende efectivamente ya no era democrático en esos tiempos y así fue determinado por el Congreso.

La vía armada era legítima

Todo lo anterior era parte de su ideología. En el Congreso Anual de 1965, su partido, el PS,  se definió como “marxista-leninista” (léase lucha de clases y dictadura del proletariado) y habló abiertamente de “descartar la vía electoral como método para alcanzar el poder”. Y se agregó, “con los métodos y medios que la lucha revolucionaria haga necesarios”. En el Congreso de 1967, declaró que “la violencia revolucionaria es inevitable y legítima, constituye la única vía que conduce a la toma del poder político y económico”. Y agregó: “Solo destruyendo el aparato democrático-militar del Estado burgués se puede consolidar la revolución socialista” y proclamó que “las formas pacíficas o legales de lucha no conducen por sí mismas al poder”.

La economía fue aniquilada 

Los precios subieron año tras año de manera desbocada, llegando a una inflación proyectada del 600% en 1973. Los sueldos en 1973 eran ya un 30% inferiores que en 1970. La inflación de 1971 logró un aumento del PIB del 9%, pero de ahí en adelante todo fue recesión, ya nunca más hubo inversión. La recaudación tributaria bajó y el gasto público se desbocó, llegando al 25% de déficit fiscal. El país estaba quebrado económicamente. Las tarjetas de racionamiento ya estaban en operación.

Eduardo Frei Montalva

Quizás lo más elocuente del período son los dichos del exmandatario: “En el momento en que intervienen las Fuerzas Armadas, en Chile no teníamos nada que comer. No había repuestos para la maquinaria. Imperaba la violencia. Se aspiraba a destruir el país y a montar con los restos un programa leninista, que previamente aniquilara al enemigo político y a las Fuerzas Armadas. La gente de Europa no se imagina lo que era esto. Viven ofuscados por la gran mentira del experimento de la ‘democracia hacia el comunismo’. Eso no es posible, es una contradicción de términos absoluta. Es alarmante que en Europa no se enteren. Este país está destruido. Necesitamos que se fijen en él y que prevalezca la verdad. ¡Chile está destruido!”. Aylwin hizo declaraciones muy similares.

Según  palabras textuales de Frei, “no hubo reforma agraria alguna. Hubo nacionalizaciones. Las guerrillas armadas iban al campo y se apoderaban, en nombre del Estado, del terreno que querían. Se lo arrebataban, por la violencia, a los propietarios. Y lo dejaban sin cultivar. La Unidad Popular de Allende atropelló al campesinado, se apoderó por la fuerza de la pequeña y mediana propiedad. Su objetivo era formar haciendas estatales colectivizadas. Pero la resistencia del campesinado inerme fue tal que se negó en masa a votar en las elecciones legislativas”.

Violencia

Con conocimiento y aprobación de Salvador Allende, llegaron al país innumerables arsenales, que se guardaban en viviendas, oficinas, fábricas, almacenes. Se estima que había un armamento para más de 30.000 hombres. La guerra civil se organizaba bajo el lineamiento de la izquierda violenta, la predicaban abiertamente sus ideólogos, la buscaban los estudiantes. Allende seguía fielmente el mandato de su partido, que había llamado a la toma armada del poder por la vía revolucionaria. Hubo muchos asaltos y asesinatos por parte del MIR y el VOP que están documentados, lo que incluye al ex ministro del Interior de la DC, Edmundo Pérez. Están documentadas más de 500 muertes entre propietarios y trabajadores que se defendían de las ocupaciones. 

En síntesis

Si queremos avanzar al futuro, es tiempo de que la historia, en forma seria, sabia y equilibrada, se haga cargo del pasado. Queremos que los jóvenes traigan ideas nuevas, no añejas, sobre todo de tiempos que no vivieron. El cambio climático, la inteligencia artificial, la realidad aumentada, la globalización obligada, el transculturalismo, la singularidad, la reproducción tecnológica de la población son apenas unos pocos de los temas que marcan el futuro. De eso trata el futuro, no de falsear el pasado.