En 2009 parte la obligatoriedad para las primeras 130 empresas que deben entregar sus estados financieros bajo la norma contable IFRS. A poco más de un año, las inquietudes permanecen.

  • 30 noviembre, 2007


En 2009 parte la obligatoriedad para las primeras 130 empresas que deben entregar sus estados financieros bajo la norma contable IFRS. A poco más de un año, las inquietudes permanecen.

 

En 2009 parte la obligatoriedad para las primeras 130 empresas que deben entregar sus estados financieros bajo la norma contable IFRS. A poco más de un año, las inquietudes permanecen.

 

Pese a que en los últimos meses se ha dicho y escrito de todo sobre la nueva norma contable IFRS, que comenzará a regir en Chile a partir de 2009, lo cierto es que las empresas y sus ejecutivos aún mantienen dudas sobre su aplicación y el efecto que tendrá en sus balances. Claro que, por lejos, lo que más perturba es la ventana que se abre para un eventual cambio tributario en el mediano plazo.

Al interior de auditoras de reconocido prestigio en el mercado dicen que pese a que el Servicio de Impuestos Internos (SII) ya emitió una circular en que clarifica que el tema tributario sigue tal cual con la aplicación de la nueva norma, la preocupación se origina en la experiencia de otros países que ya comenzaron a operar con la nueva modalidad. “Si bien hoy no hay un efecto directo importante sobre el tema impositivo, sí es predecible que en el futuro se origine algún efecto. Afuera se ha dado que en la medida que la aplicación de IFRS ha significado que las compañías reporten un mayor patrimonio y mayores resultados, lo que se ha ido dando en el tiempo es que los reguladores impositivos de cada país han ido acercando sus criterios tributarios a esa realidad”, explica Juan Francisco Martínez, socio de servicios financieros de Ernst & Young.

Lo que ocurre es que la nueva norma obliga a valorizar activos a valor económico presente. Con ello aumenta el patrimonio de las compañías y, a la vez, se obtiene una mayor utilidad antes de que los productos lleguen efectivamente al mercado. En otras palabras, con el sistema actual, el beneficio se calculaba cuando los productos se vendían, mientras que hoy en varias industrias que se dedican a comercializar –por ejemplo– productos biológicos (entiéndase forestales, salmoneras, agropecuarios, entre otros), la utilidad se reconocerá con el crecimiento físico de estos productos, independiente de que se vendan mucho después.

Esto puede provocar diversos problemas. Uno de ellos es el obtener utilidades financieras con la nueva normativa, pero no tener la caja suficiente para pagar dividendos porque los productos se venderán en el futuro, lo que puede llevar a las compañías a endeudarse para pagar esos dividendos, pero enfrentando el riesgo de un eventual rechazo del gasto por los intereses de ese financiamiento.

Otras inquietudes están orientadas a la modalidad en que se hará pública la información financiera de las compañías con la norma IFRS. En el mercado destacan que las empresas aún no han asumido plenamente que deberán entregar mayor información a la autoridad y, con ello, a los inversionistas y la competencia. Se dice que habrá cambios en la presentación de esta información (que hoy se conoce como Ficha Estadística Codificada Uniforme, Fecu) y mayores datos en la revelación de los negocios de las empresas, por ejemplo, con más detalle de cada segmento de negocios.

Por lo pronto, la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS) ya hizo público un calendario sobre los años en que cada empresa deberá entregar sus balances bajo IFRS. En 2009 parten alrededor de 130 compañías, que son las que están abiertas al mercado y con presencia bursátil sobre el 25% de la propiedad. Al año siguiente le siguen las empresas que tienen menos de ese porcentaje en bolsa y el resto de las compañías lo hará a partir de 2011. El problema es que necesariamente estos estados tienen que ser comparativos, lo que supondrá que las empresas tengan que llevar contabilidades paralelas para responder a la implementación.