Como las chicas del videoclip Addicted to love de Robert Palmer, la Blackberry Storm es sexy y ejecutiva. Pero atencion, esta es una chica cuyas teclas hay que saber apretar, porque de lo contrario se pasara un mal rato… Mujer, a fin de cuentas. Por Roberto Sapag.

  • 13 mayo, 2009

 

Como las chicas del videoclip Addicted to love de Robert Palmer, la Blackberry Storm es sexy y ejecutiva. Pero atencion, esta es una chica cuyas teclas hay que saber apretar, porque de lo contrario se pasara un mal rato… Mujer, a fin de cuentas. Por Roberto Sapag.

 

Volver a la Blackberry Pearl 8100 después de manipular por tres semanas la robusta anatomía de la Blackberry Storm, distorsiona. Y es que si bien la noble Pearl es funcional y discreta en el bolsillo, al lado de la Storm parece un teléfono de juguete, con iconos pequeños, y un tanto frágil, como si fuera el celular de Ken, el muñequito que hace pareja con Barbie.

No es por desmerecer, pero hay que ser sinceros: la Storm, pese a sus defectos (que los tiene), es “otra cosa”. Y no lo decimos únicamente por la ya mencionada sensualidad del dispositivo, sino porque efectivamente cuenta con prestaciones que representan un upgrade en la escala de la evolución tecnológica al alcance de la mano.

Como todo en la vida, un cambio de este tipo requiere de paciencia y madurez. En síntesis, mucho ensayo-error y acostumbramiento. Si usted adolece de este estado del alma y normalmente se deja llevar por la vista y las prisas, creyendo que las cosas suceden como en las películas de ciencia ficción, mejor desista… Hello, esto es la Tierra.

Partamos por el “casi” perfecta. Como a muchos (es cosa de revisar los foros en Internet para comprobarlo), lo primero que nos crispó los nervios fue la pantalla de doble pulsación. Los primeros días fueron de aterrizaje forzoso. Algo así como darse cuenta de que esta maquinita tiene cierta obsesión por endosarle al usuario la responsabilidad de que las cosas ocurran (esto no tiene nada que ver con la comparación inicial de la Storm con las féminas).

Lo que ocurre es que probablemente sus creadores quisieron evitarse que al menor roce la Storm ejecutara funciones indeseadas y por eso la formatearon de modo tal que operar con ella supone al usuario ajustar el chip mental. Algo así como: “Si quiero A, palpo A, veo que se ilumina A y luego presiono (sí, leyó bien, presiona) la pantalla sobre A, hasta que se hunda”. Toma su tiempo, pero es menos lento de lo que podría pensarse.

Un sistema de amortiguación y materiales muy resistentes permiten que la operación sobre la pantalla de la Storm sea más física que espiritual. Hay que ejercer presión, dosificar la fuerza y lograr el resultado buscado. En un mundo dominado por la ley del menor esfuerzo, para más de alguien aquello puede ser exasperante.

Pero a poco andar uno no sólo se acostumbra a este ritual, sino que lo agradece. Convengamos en que tiene sus ventajas eso de mirar el aparato y ver que está en la pantalla de inicio y no en cualquier lado del laberinto de opciones, porque algún icono “se apretó” sin querer.

Con todo, de lo anterior se deriva una barrera que al menos nosotros (algo mayorcitos, confesamos) no pudimos superar. La escritura es lenta. Aun con el teléfono en posición horizontal, lo que permite desplegar más generosamente el teclado, no hay espacio suficiente para sentirse seguro digitando las teclas. Es más, a veces cuesta visualizar si la tecla deseada es la que está iluminada y procede apretar.

En los deslindes y esquinas de la pantalla la operación se torna más compleja, ya que el sistema de amortiguación es muy flexible en el centro, pero pierde resorte hacia los bordes. Dicen en los foros que RIM ya trabaja la versión 2.0, que traerá un teclado desplegable del tipo “qwerty”. De ser así, nos anotamos.

Igual te quiero

Ahora bien, si usted es más adaptable, mejor dotado o lo que sea, no tardará ningún segundo en calificar a la Storm como tormenta perfecta. A la hora de navegar, hacer fotografías con sus 3.2 megapixeles, jugar (descargamos el demo de Nintaii y es adictivo), ver videos, usar su calculadora, chatear con sus servicios de mensajería, ubicarse con Google Maps e incluso sacarle trote al reloj (con unos sorprendentes cronómetro y cuenta regresiva), el dispositivo responde satisfactoriamente.

Ni hablar del atributo madre que es el servicio de correo y su versátil integración con el servicio de agenda. En eso a RIM nadie le compite hasta ahora.

También es notable el uso de Documents to Go. Tuvimos ocasión de conocer y operar el sistema en una hoy vieja Palm 72s, y es sencillamente salvador. Poder visualizar archivos Word, Excel y PowerPoint. Poder editarlos, escribir, operar con ellos, transforma a la Storm en un sucedáneo de laptop bastante competitivo. Claro que con un teclado convencional las cosas serían mejor.
Es cierto que es más voluminosa y pesada que la Pearl 8100, pero rápidamente uno se acostumbra. En esto no hay que ser esquizofrénico. Si uno quiere más prestaciones, más comodidad y espacio para operar, mejor campo visual, no se le puede pedir al teléfono que sea una miniatura. Para eso está el teléfono de Ken.

En síntesis, y volviendo al origen, hablamos de una máquina sensual y ejecutiva. Delicada y robusta, a la cual hay que saberle apretar las teclas.

 

 

 

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Aqui y alla

Cuando ya pensábamos que Google Maps había dicho todo en cuanto a desarrollo de mapas, aparece la creación de la consultora Schulze and Webb. Se llama Here & There y es una lámina, impresa por ambos lados, que parte con una representación en tres dimensiones de una esquina de la ciudad de Nueva York. Los edificios más cercanos se ven normales, los más lejanos, en cambio, se van elevando para dejar en evidencia su ubicación respecto al resto de la ciudad. Para su creación se inspiraron en una serie de videojuegos como Halo, Grand Theft Auto e incluso una poco conocida versión de Luigi`s Mansion para el Nintendo Game Cube. Edición limitada en Internet. Vale 65 dólares. www.schulzeandwebb.com

Lo mejor de Internet

La International Academy of Digital Arts and Sciences (organización dedicada a los medios emergentes) entrega una vez al año los premios Webby que celebran a los “mejores sitios web del mundo”. Los premios han sido entregados desde 1996 y este año entre los ganadores estuvieron el líder de Nine Inch Nail, Trent Reznor (artista del año), el comediante Jimmy Fallon (personaje del año), el inefable Twitter y Mint (servicio bancario) entre mucho más. Lista total, en www.webbyawards.com