Por Juan Venegas Fotos: Alejandro Barruel La carrera de Barry Sage (59) como ingeniero de sonido es tan diversa que incluye desde clásicos como Goodbye Yellow Brick Road, de Elton John, el álbum debut de La Oreja de Van Gogh, hasta el nuevo disco de los chilenos UPA! que verá la luz este año. Como […]

  • 13 junio, 2014

Por Juan Venegas

Fotos: Alejandro Barruel

Barry Stage

La carrera de Barry Sage (59) como ingeniero de sonido es tan diversa que incluye desde clásicos como Goodbye Yellow Brick Road, de Elton John, el álbum debut de La Oreja de Van Gogh, hasta el nuevo disco de los chilenos UPA! que verá la luz este año. Como privilegiado testigo, Sage vivió en plenitud los años dorados de la industria musical, en especial los 70, cuando los sellos discográficos eran agentes culturales y se preocupaban del desarrollo de sus artistas y no tanto de hacer dinero.

En esa década, forjó gran parte de su experiencia profesional, iniciándose como un simple “Tea Boy” en los estudios Trident, donde Bowie grababa Ziggy Stardust, hasta convertirse en el ingeniero de sonido de los Rolling Stones en los discos Some Girls (1978) y Tattoo You (1981). “En esa época, la industria era manejada por personas que conocían de música. Los ejecutivos eran tan fanáticos como la gente que compraba los discos. Y los sellos permitían que los artistas desarrollaran su arte. Desafortunadamente, a fines de los 80 todos esos puestos fueron ocupados por abogados y contadores, y convirtieron algo fantástico en un simple negocio”, explica Sage.

Miembro de una familia conservadora, Sage creció en un Londres, que a mediados de los 60, cambiaba el blanco y negro por la amplia gama de colores usada por los hippies y los nuevos aparatos de televisión. “Mi hermano mayor, que asistía al college, fue una gran influencia, él usaba ropa moderna y traía a casa discos de los Stones y Buddy Holly”, recuerda el ingeniero. “Mi padre era un tipo muy tradicional, escuchaba a Frank Sinatra y a las grandes bandas. A mi madre le gustaba el horrible James Last, un compositor alemán que hacía happy music con pésimo gusto”.

-¿Había una completa desconexión entre padres e hijos en esos tiempos?

-En general, los padres no soportaban los gustos de la nueva generación. Pero una vez mis padres me invitaron a ver Goldfinger, la película de James Bond con música de John Barry, y realmente me encantó. El soundtrack era fantástico y el tema central con Shirley Bassey, extraordinario.

-¿Desde siempre tuviste interés por la música?

-Más que la música, a mí me interesaba llegar a ser un artista. En eso también influyó mi hermano, que estudiaba Diseño Gráfico, y yo quería ser como él.

-¿Debiste pasar por un college para ingresar a un estudio como Trident? 

-No. Me iba pésimo en el colegio. Así que sólo terminé la secundaria, no fui ni a Grammar ni Technical School. Realicé un montón de trabajos, algunos realmente horribles. Hasta que conseguí un puesto en la tienda de discos “One Stop Records” ubicada en el Soho, que importaba álbumes desde Estados Unidos. Ahí fui aprendiendo y conocí mucha gente, entre ellos Mick Rock, que era el fotógrafo oficial de David Bowie. Gracias a esa red de personas, finalmente llegué a los estudios Trident.

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-Tu primera posición fue de junior y luego pasaste a operador de tape en discos clásicos, como Goodbye Yellow Brick Road. ¿Cómo sucedió?

-Era fantástico. En esos momentos, Bowie y Queen también estaban grabando en Trident. Yo era joven y me impresionaba todo, porque además estos artistas eran mis verdaderos héroes. Fue un período de aprendizaje, con un sueldo terrible, pero era mi posibilidad de entrar a una industria que vivía todo su esplendor.

-Luego pasaste a Basing Street Studios, casa de Island Records, que produjo a Bob Marley, Cat Stevens, entre muchos otros.

-Allí seguí como operador de tape y luego ascendí a asistente de ingeniero. Poco a poco fui adquiriendo más conocimientos, cuestiones técnicas, por ejemplo, cómo elegir los micrófonos, o las estrategias de trabajos de los ingenieros y productores. Esa experiencia, luego me llevaría a trabajar con los Rolling Stones.

-Con un extenso historial, tanto como productor e ingeniero en Inglaterra, a mediados de los 80 comenzaste un acercamiento al mercado de España y luego Latinoamérica. ¿Por qué se produjo ese viraje?  

-El 86 me contactaron desde España para grabar un disco del grupo Orquesta Mondragón, que era una agrupación bastante divertida. Ellos mezclaban teatro y música, y me parecieron fantásticos. Y sucedió que me enamoré de España y del temperamento latino. También me hice amigo de un norteamericano encargado del sonido de la banda y él me presentó mucha gente de España y especialmente de Argentina, y lentamente fui emigrando a España, y me olvidé poco a poco de Inglaterra.

-¿Nunca más volviste a trabajar en tu país?

-Viajaba todo el tiempo. Trabajé como freelance por varios años y, finalmente, me sumé a los estudios Advision. Con ellos hice muchos shows en vivo, entre ellos, la celebración de los 10 años del Prince Trust, donde actuaron Tina Turner, Level 42 y Paul McCartney.

-¿Por qué te radicas finalmente en España?

-Porque empecé a trabajar full time con Alejo Stivel, un amigo argentino que era cantante de Tequila, y que empezaba a producir a La Oreja de Van Gogh. Yo también tenía ganas de volver a producir. Ya lo había hecho en la época del punk con las bandas Crass y The Exploited. No soy un productor musical, porque no tengo la instrucción, pero sí soy un productor de sonido, que puede aconsejar qué tipo de sonoridad es la más adecuada.

-Pasar de The Rolling Stones y New Order a trabajar con grupos o solistas hispanos debió haber sido extraño. ¿Qué sentías?

-La primera vez que escuché a un grupo de rock en español, por supuesto que sonaba diferente. Pero luego, recuerdo haber escuchado a Los Rodríguez cantando Sin documentos, y me parecieron excelentes, con un feeling muy especial y una cierta elegancia.
No soy muy fanático de cantautores como Sabina, tal vez si entendiera mejor sus letras, lo apreciaría más. Pero prefiero más el rock, como el de Los Fabulosos Cadillacs o Charly García en su mejor momento.

-¿En qué año inicias tus vínculos con Chile?

-Cuando estaba en España comencé a conocer gente de Sudamérica, entre ellos Charly García, y las oportunidades de trabajar acá se abrieron. En 1994 hice mi primer trabajo con el disco de Nicole, Esperando nada, y luego en 1996 vine por primera vez a Chile para producir el disco del grupo Solar, en el que cantaba Alejandro Gómez, con quien trabajo actualmente en su disco solista.

-Hay quienes dicen que el pop chileno se encuentra a la vanguardia del mundo latino. ¿Crees que es así?

-En Chile existe una especial sensibilidad pop y la gente es muy selectiva en sus gustos. También tienen una cultura musical con influencias muy europeas y eso se nota en las producciones musicales. Yo diría que México es rock, Argentina es una gran mezcla, y que Chile es principalmente pop.

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-En relación al negocio de la música, ¿qué es lo que más te llama la atención de las tendencias actuales?

-Que, lamentablemente, hoy todo el asunto del marketing está relacionado con la televisión. Estamos viviendo este período de artistas de Disney como Violeta, y es un mercado muy amplio, que va desde chicos de 10 a 15 años. Aparte de ese mercado, la industria hace bien poco por promocionar grupos nuevos, ya no se invierte en eso. Sé que existen muchos más grupos que en los setentas, pero no conozco ni el uno por ciento de ellos.

-¿Qué piensas de servicios de music streaming como Spotify y iTunes?  

-Yo creo que ése es el futuro de la música. De hecho, nosotros estamos haciendo este proyecto llamado Mapa Records, que se encarga de promover y agregar música chilena a sistemas digitales como Spotify, Pandora y iTunes. Actualmente, tenemos 150 artistas nacionales y esperamos seguir aumentando nuestro catálogo.

-Ahora que trabajas en Chile, ¿qué desearías aportar a los músicos y técnicos locales?

-Un aspecto positivo: mi experiencia es muy diversa, no he estado sólo en rock, sino que también he producido baladas y pop. También he cruzado distintas épocas, desde los tiempos análogos hasta ahora que todo es digital. He trabajado junto a nombres importantes como Brian Eno, New Order, Pet Shop Boys y esa experiencia es invaluable a la hora de producir y grabar. Porque puedes saber usar un software o una máquina, pero hay muchos aspectos que son simplemente cuestión de feeling, y de saber establecer una buena comunicación con el artista y el productor. Para eso está el ingeniero de sonido y ahí está mi experiencia de trabajo.

-Y por último, ¿por qué elegiste vivir acá?

-Porque es un país hermoso. El clima es mucho mejor que el de Londres, que siempre está nublado, y la costa está muy cerca. Además, he hecho muy buenos amigos, la gente se junta en asados y disfruta la vida. Eso no lo ves en Inglaterra. •••