La cercanía de una reforma tributaria despierta el entusiasmo de muchos que publican, a través de los medios de comunicación, sus innovadoras proposiciones. En ocasiones anteriores he comentado algunas de ellas, concluyendo en que en estos temas es preferible ser cautos y no audaces. Los errores se pueden pagar caros y, en un arrebato de entusiasmo legislativo, no cuesta mucho cambiar las leyes tributarias. Es cuestión de pluma y papel. Por lo que la dificultad está en cambiarlas cuando producen efectos negativos. A diferencia de otras políticas públicas, los cambios en los impuestos tienen un andar lento y el revertirlos también es trabajoso.

  • 13 abril, 2012

La cercanía de una reforma tributaria despierta el entusiasmo de muchos que publican, a través de los medios de comunicación, sus innovadoras proposiciones. En ocasiones anteriores he comentado algunas de ellas, concluyendo en que en estos temas es preferible ser cautos y no audaces. Los errores se pueden pagar caros y, en un arrebato de entusiasmo legislativo, no cuesta mucho cambiar las leyes tributarias. Es cuestión de pluma y papel. Por lo que la dificultad está en cambiarlas cuando producen efectos negativos. A diferencia de otras políticas públicas, los cambios en los impuestos tienen un andar lento y el revertirlos también es trabajoso.

La propuesta que comentaré habla del límite de tiempo que tienen las empresas para recuperar sus pérdidas tributarias. Un tema que, en su esencia, es bastante simple: la renta es el incremento patrimonial experimentado por la empresa contribuyente en un periodo anual. Luego, si el patrimonio final es superior al inicial, hay renta y debe pagarse el impuesto. Porque, de lo contrario, no correspondería pagar la carga si hay pérdida al término del ejercicio.

Por Juan Manuel Baraona
Socio del estudio Baraona Marré Abogados

El no pagar impuestos, mientras se mantenga la situación de pérdidas, es un principio económico y de equidad recogido por la ley. Por lo tanto, la empresa que muestre pérdidas no debe pagar impuesto mientras éstas no se compensen con futuras utilidades sin limitación de tiempo. En relación a este aspecto, se ha planteado la propuesta de limitar el periodo de recuperación de pérdidas a cinco años, plazo después del cual la empresa volvería a pagar impuestos aunque subsista la situación de pérdidas. Desde un punto de vista estructural, me parece que tal iniciativa no se concilia con nuestro sistema tributario. Pagar impuestos a la renta a la vez que se pierde dinero es un contrasentido.

Podría haber en la proposición un resabio de la controversia que hace varios años existió respecto del comercio de empresas con pérdidas. Pero esta discusión ya se resolvió modificando la ley en el sentido de que limita el comercio de “cascarones de pérdidas”.

Por otra parte, es un hecho conocido que los proyectos de inversión, en una etapa inicial, arrojan pérdidas y que el proceso de maduración de los mismos puede durar bastante más de cinco años. En tales casos, el proyecto deberá soportar una mayor tasa de impuesto implícita constituida por la tributación sobre la pérdida no recuperable. En esta situación se encuentran, por ejemplo, la minería, la industria forestal, las salmoneras y otros proyectos. Todos ellos representan una parte importante de nuestras exportaciones, y bien sabemos que parte importante del PGB está constituido por el sector exportador.

Una petición a los innovadores: mejor dejemos el tema de las pérdidas como está.