• 9 marzo, 2007

La ecuación riesgo retorno se echó a perder para las acciones. Sus precios subieron mucho y nuevas montañas de preocupaciones han surgido. En los próximos meses veremos si se trata de una pausa que refresca o del revolcón por una gran ola. Una mayor liquidez es recomendable para retomar posiciones cuando salgamos de la duda.

Por José Manuel Silva
El 19 de febrero cuando el IPSA superó los 3.100 puntos, la bolsa había subido más de 40% en seis meses. Esto la convertía en una de las más rentables del mundo en dicho período y en la más rentable de América latina el 2007. Las bolsas mundiales en general también habían tenido una impresionante alza en dicho período.
Los mercados, para subir, suelen tener que saltar “montañas de inquietudes”. Hacia septiembre pasado éstas tenían relación con la caída del sector inmobiliario norteamericano y su eventual efecto en el consumo; con el alza en los valores de la energía y su efecto en la inflación, el consumo norteamericano y las tasas y con un eventual ajuste de la economía China. A ello se agregaban preocupaciones geopolíticas relacionadas con el debilitamiento presidencial norteamericano por el fiasco iraquí. Poco a poco, el último trimestre de 2006 las inquietudes fueron desapareciendo, cayó el petróleo, el consumo americano mostró una creciente fortaleza de la mano de un mercado laboral boyante, China mostró cifras sorprendentes.
Impulsadas por lo anterior las bolsas se empinaron sobre los máximos de comienzos de 2006 y los superaron ampliamente. Los mercados emergentes lideraron el proceso, en especial los Bric (Brasil, Rusia, India, China). La bolsa chilena superó esta ola gracias a tres factores: buenos resultados de empresas, flujos positivos de institucionales locales (en parte debido al llamado corralito de las AFP) y dineros de personas naturales que engrosaron los fondos mutuos accionarios.
Pero las alzas bursátiles no son procesos continuos y sin pausa. En especial si las valorizaciones de empresas comienzan a adelantarse a sus fundamentos. Ello fue lo que ocurrió con numerosas acciones, especialmente del comercio. El anuncio de que eventualmente se eliminaría la restricción internacional de las AFP antes de lo esperado sirvió como catalizador y pretexto para quienes se sentían incómodos con los precios. La caída ha sido fuerte y a los factores chilenos se suma la caída en las bolsas globales. Nuevas montañas de inquietudes están surgiendo que anuncian meses volátiles y difíciles.
La primera inquietud proviene del lejano oriente. La fuerte caída de la bolsa de Shangai el 26 de febrero obedece al altísimo precio alcanzado por esas acciones y al nerviosismo de los inversionistas con eventuales nuevas medidas para frenar la creciente especulación en ese mercado. Los dirigentes chinos se enfrentan a la disyuntiva de por un lado neutralizar los grandes flujos de divisas que reciben vía superávit comercial e inversión extranjera (para evitar una excesiva revaluación) y por otro evitar que la neutralización derive en una masiva inyección de liquidez que infle artificialmente los activos. Para evitar esto han recurrido a medidas administrativas dado que no quieren subir la tasa de interés (lo que atraería capitales). La última medida consistió en prohibir la compra de acciones con deuda. Ello gatilló la fuerte caída bursátil. Sin embargo, por ahora nada hace pensar que el feroz crecimiento se frenará, especialmente si se considera que el crecimiento real es bastante superior a la tasa real de interés real.
La segunda inquietud proviene de Estados Unidos y una vez más dice relación con el mercado inmobiliario. Pese a que éste parece haberse estabilizado, hoy surge como fuente de preocupación el segmento de préstamos “sub prime”. Estos son créditos a personas de mayor riesgo que muchas veces han sido empaquetados y revendidos bajo el formato de CMO (collateralized mortgage obligations). Estas personas se han sobreendeudado para comprar una casa y hoy están imposibilitadas de pagarlas dado que su precio ha caído y en algunos casos las hipotecas de tasa variable han subido (las tasas de corto plazo han subido los últimos 18 meses). Numerosas instituciones financieras que originaban estas estructuras están hoy en problemas. Incluso grandes bancos ya han anunciado provisiones especiales para afrontar el reventón de esta burbuja. Esta mini crisis crediticia en un segmento hipotecario podría tener un efecto dominó en el apetito por riesgo de otros activos considerados riesgosos. El resultado está por verse. Así como el efecto definitivo sobre el consumo.