Durante el último año he visto un buen puñado de lo mejor de las nuevas bandas que están tocando en la escena santiaguina. A pesar de haber mucho ruido en el ambiente, poco a poco una nueva moral se impone. Por Andrés Valdivia.

  • 8 agosto, 2008


Durante el último año he visto un buen puñado de lo mejor de las nuevas bandas que están tocando en la escena santiaguina. A pesar de haber mucho ruido en el ambiente, poco a poco una nueva moral se impone. Por Andrés Valdivia.

Durante el último año he visto un buen puñado de lo mejor de las nuevas bandas que están tocando en la escena santiaguina. A pesar de haber mucho ruido en el ambiente, poco a poco una nueva moral se impone. Por Andrés Valdivia.

Mucho se quejan los músicos chilenos de la falta de lugares donde tocar o de lo poco que se paga por un show y claro, para qué hablar de la piratería. Vender discos es hoy sólo un negocio para las mega bandas, y aunque muchos de los grupos emergentes aún no entienden del todo las nuevas reglas del juego en esta industria post Internet, sí han sabido aprovechar estas herramientas para promocionarse y mantener contacto con sus fans. Y es impactante ver que, a pesar de las quejas y de lo escuálida de la industria local en términos oficiales, la cantidad de música disponible en nuestra capital es sideral. Cualquier persona que tenga un perfil en Facebook se habrá dado cuenta de la cantidad de conciertos y tocatas que se realizan semana a semana; y quienes se hayan sumergido en las páginas de MySpace saben muy bien que si de contenido se trata, hoy por hoy hay muchísimo más de lo que había hace algunos años. Las bandas están comenzando a entender que para sobrevivir en términos económicos y artísticos deben mantenerse tocando constantemente y que el valor de lo que realizan no está en el contenido que producen, sino en la comunidad de personas que se reúne alrededor de lo que producen.

Pero independiente de si lo anterior es un proceso racional o más bien circunstancial, al darse un paseo por la escena musical santiaguina no es sólo la abundancia de estilos, texturas y sonoridades la que sorprende, sino que también el  cómo ciertos elementos comienzan a repetirse. Hace algunos años lo que sorprendía era cómo lo mejor de nuestra  escena emergente comenzaba a reinterpretar los códigos de la canción chilena desde la vereda del folklore, pero siempre desde el presente. Algo que quizás Los Tres comenzaron hace ya un tiempo, pero que personajes como Gepe y Manuel García han traído al presente de manera notable. Por otro lado, y más desde el rock and roll, bandas interesantes como Teleradio Donoso sorprendían por su prolija propuesta y su cuidadísima concepción de la canción como formato. Los resultados de entonces eran notables y auspiciosos, pero aún algo de esa cosa melancólica y algo contenida de nuestra idiosincrasia seguía respirándose en esos trabajos. Una cierta gravedad, que a veces era gloriosa, pero que también ponía límites muy claros a su alcance masivo, a su potencial.

Pero las cosas han estado cambiando, y el cambio es positivo. Algo desprejuiciado, festivo y romanticón –en el sentido más cebolla de la palabra– se está fraguando en nuestra escena. Tiene que ver con hacerse cargo del gran cliché de la música: de su poder dionisíaco y de su moral de desbande, de su carácter humano al fin. Como ejemplo me gustaría citar a los Fother Muckers, una sorprendente banda que está a punto de hacer un salto al mainstream. Con una moral claramente rockera pero en su sentido más abierto e inclusivo, este grupo es desmadre y romanticismo a la vez. Su vocalista se para sobre el escenario como si fuera Elvis, con actitud y pasión, pero con algo esencialmente chileno entre manos. Teleradio Donoso está en la misma ruta, entendiendo que el ritmo y la fiesta es centrales para una banda en estos tiempos. Si pudiera graficarlo de alguna manera simple diría lo siguiente: es emocionante ir a ver una banda en Chile donde todos los asistentes corean las canciones y bailan al ritmo del bombo. Algo que no se ve seguido y que simplemente no se veía desde hace rato en nuestra escena