Neon Bible y Cassadaga. Dos discos distintos en forma y alcance, dos propuestas que son mucho más populares de lo que parecen. POR ANDRES VALDIVIA La dictadura de los hits se ha terminado. La cultura del blockbuster ha muerto. Así pregona uno de los mejores libros de tendencias del último tiempo: The long tail, del […]

  • 4 mayo, 2007

Neon Bible y Cassadaga. Dos discos distintos en forma y alcance, dos propuestas que son mucho más populares de lo que parecen.
POR ANDRES VALDIVIA

La dictadura de los hits se ha terminado. La cultura del blockbuster ha muerto. Así pregona uno de los mejores libros de tendencias del último tiempo: The long tail, del notable editor de la revista Wired, Chris Anderson. En una larga y brillante exposición acerca de cómo el cambio de paradigma que supone el advenimiento de la cultura digital modificará la industria del consumo de entetenimiento, el autor argumenta con particular lucidez que los tiempos de las vacas lecheras de la industria están ya en retirada.

Los tecnicismos y asuntos de costo y benefi cio sobre los que está construido este argumento poco vienen al caso en esta columna, pero la realidad le está dando la razón a Anderson y eso es una buena noticia para todos. En lo que va de este año, tres discos de bandas independientes han debutado en el segundo lugar del Billboard en su primera semana de ventas: The Shins con Wincing the night away, Clap Your Hands And Say Yeah con Some loud thunder y Arcade Fire con Neon Bible, tres agrupaciones cuyo único factor en común es haber tenido buenas críticas en sus discos anteriores y una legión pequeña pero leal de fanáticos esparcidos en el mundo entero. Tiembla Beyoncé. Desvélate Puff Daddy.

El mainstream nunca fue más opaco y volátil como hoy, y si bien el gran desafío –al menos, nominalmente– aún es descifrar, crakear, el código que lo defi ne, las conversaciones marginales y el eco de lo no ofi cial están cobrando mayor relevancia día a día. Uno podría pensar que todo esto no es más que una moda, o una pirueta estadística, pero lo que antes era el ir y venir eterno entre lo masivo y lo más jugado, es hoy un terreno fértil para lo impensable.

Sociología aparte, conviene darle una mirada a lo que ocurre con Arcade Fire, una de las bandas más interesantes de la escena de Montreal, buyente y pródiga en buena música. Funeral, su debut, revisado en estas mismas páginas hace un par de años, fue un disco con una energía difícil de encontrar en trabajos de primerizos. La banda sonaba enorme y emocionante, tanto así que bestias de la altura de David Bowie y David Byrne sucumbieron a sus pies y declararon al grupo entre “lo mejor de lo nuevo”. Tal vez por lo mismo de Neon Bible podía esperarse una buena cantidad de cinismo post-fama repentina; y, claro, la hay. De hecho, esta placa corre el riesgo de sucumbir ante su poca vocación ganadora. Allí donde Funeral levantaba los pelos con su explosiva celebración del paso de la juventud a la adultez, Neon Bible pareciera entrampado en las miserias de ser adulto.

Con todo, la placa emprende un vuelo interesante en las letras, tomando temas de cierto talante global que funcionan muy bien, casi como si se hicieran cargo de su nueva categoría de semi estrellas. Como botón de muestra la frase que abre el disco: Espejito espejito, dime ¿dónde caerán las bombas? A propósito de letras, otro estreno reciente que me ha dejado muy sorprendido es Cassadaga, lo nuevo de Bright Eyes. Ese último nombre es la chapa utilizada por Connor Oberst, joven cantante norteamericano que ya va en su quinto disco y que ha sido repetidas veces señalado como el nuevo Dylan. Patrañas, sin duda, pero lo de Oberst es un trabajo consistente y con destellos gloriosos de tanto en tanto. Cassadaga debe ser su trabajo más logrado hasta la fecha, y en éste Bright Eyes fusiona su vocación acústica con bellas texturas de cuerdas, coros y arreglos bastante sofi sticados. Comparado con ello, lo de Arcade Fire funciona mucho menos, aunque tal vez gane más notoriedad en comparación con su debut que por los propios méritos de su nuevo trabajo, algo que suele ocurrir con los que parten demasiado arriba.