La primera novela de Beltrán Mena se adentra en el corazón del Africa y sortea los obstáculos para recrear una aventura digna de vivirse en tiempos anteriores al turismo de mochileros e Internet.

  • 12 mayo, 2009

 

La primera novela de Beltrán Mena se adentra en el corazón del Africa y sortea los obstáculos para recrear una aventura digna de vivirse en tiempos anteriores al turismo de mochileros e Internet. Por Marcelo Soto.

No vayas, no vale la pena”. Así le recomiendan al protagonista y narrador de Tubab, la primera novela de Beltrán Mena, cuando explica que quiere conocer Tombuctú, la legendaria ciudad en el corazón de África occidental, en las puertas del Sahara. Una frase que resume la arbitrariedad de lo “turísticamente correcto”, de aquella manipuladora idea de que hay lugares que merecen conocerse y otros que no, como si todo el globo no fuese más que un mapa de Lonely Planet.

Pese a las advertencias, el personaje –que por supuesto no es otro que el propio Mena- sigue decidido a viajar hasta ese lugar mítico, que pasa la mayor parte del año aislado por inundaciones. Son los tiempos anteriores a Internet, cuando el turismo masivo todavía no convertía al continente negro en una ruta de mochileros del primer mundo, que hoy recorren las planicies y los restos de antiguas civilizaciones inmersos en sus guías escritas en ingles, casi sin mirar el paisaje.

“¿Que si vale la pena? ¡Por supuesto! No hay oro ni grandes mezquitas, el mercado es un galpón techado, no hay postales… pero es tan importante como el Polo Norte. ¿Y qué hay para ver en el Polo Norte? ¿Un poste de peluquero?”, le dice el único tipo sensato que sabe que Tombuctú es digno de visitarse no por sus monumentos ni plazas, sino por lo que oculta.

Tubab. Beltrán Mena. Alfaguara, 429 páginas. Santiago, 2009.

Tubab, nombre con el que se apunta a los blancos en África, es una novela de viaje, de iniciación, que narra en primera persona el itinerario de un joven doctor recién egresado, que deja Chile para embarcarse en una aventura tan estúpida como memorable. ¿Por qué se viaja?, inquiere el narrador sin encontrar la respuesta y quizá lo que hace al acto de viajar algo único e irrepetible sea precisamente su carencia de sentido.

El protagonista deja en Chile no sólo una carrera y un proyecto de vida –dirige un diario de poesía, el recordado Noreste de mediados de los 80- sino también a una chica de la que cree enamorarse. Ella, sin embargo, está comprometida con otro y durante el viaje será una presencia fantasmal, una fuente de arrepentimientos y preguntas corrosivas. ¿Vale la pena viajar de un rincón del mundo a otro? ¿No era mejor quedarse en Santiago junto a esta muchacha que puede ser un gran amor? Las dudas queman.
Tubab, cuyo desenlace elude cualquier signo de complacencia, posee todos los elementos de la buena literatura de viaje y la ruta que plantea se vuelve una lectura tan intensa como entrañable. Pese a que el narrador tiende a entregarse a reflexiones pomposas –propias de un espíritu adolescente–, el libro destaca como una rareza en medio del artificio y la futilidad que abundan en las publicaciones actuales. Un oasis.