Una degustación de la cosecha 2008 de sauvignon blanc del valle costero mostró los vaivenes de una temporada compleja y cómo ciertas palabras se ponen de moda.

  • 3 octubre, 2008


Una degustación de la cosecha 2008 de sauvignon blanc del valle costero mostró los vaivenes de una temporada compleja y cómo ciertas palabras se ponen de moda.

 

Una degustación de la cosecha 2008 de sauvignon blanc del valle costero mostró los vaivenes de una temporada compleja y cómo ciertas palabras se ponen de moda. Por Marcelo Soto.

De tanto en tanto, algunos conceptos se usan como comodines para hablar de vinos y ahora es el turno de “mineralidad”, una palabra que ni siquiera aparece en el diccionario (al menos, no en el de la RAE). Como descriptor de aromas es bastante vago, pero he escuchado a enólogos que usan el término y lo comparan con el olor que despide una piedra golpeada contra otra, mientras los más sofisticados hablan de “piedra de fusil”, un tipo de cuarzo que saca chispas al chocar con un eslabón de hierro.

Estoy en una degustación de los sauvignon blanc 2008 de Casablanca y la palabra que más se repite es –adivinen– “mineralidad”. Al frente de una sala de degustación atestada de periodistas y enólogos, en el restaurante Tanino de viña Casas del Bosque, se encuentra Gerard Casaubon, un joven ingeniero del Centro de Aromas de la PUC, quien presenta fórmulas y gráficos en una pantalla para explicar de forma científica aquello que encontramos en el vino con nuestros sentidos.

“Por un lado están las pirazinas, que en el sauvignon blanc entregan esos aromas a pimentón verde, a espárragos; por otro, aparecen los tioles, que aportan notas de frutos exóticos y pomelo”, explica Casaubon, a la vez que muestra un mapa de Casablanca donde se aprecian los viñedos que han exhibido mayores porcentajes de pirazina o de tioles, dependiendo de la cosecha. Parece un rompecabezas, pero los datos son invaluables para la industria. Y la famosa mineralidad, ¿de dónde viene? Casaubon cree que podría tener su origen en una sustancia llamada bencenmetanotiol. Aparte de este trabalenguas, lo importante del estudio es que permite concluir que el sauvignon blanc de Casablanca tiene un carácter propio, diferente al de otras zonas del planeta. “Es distinto al de Nueva Zelandia. Posee menos aromas de fruta exótica, pero más tonos minerales”, dice el ingeniero.

Luego de una revisión de los aspectos climáticos del valle, la audiencia está algo aturdida y Pablo Morandé, presidente de la Asociación de Empresarios Vitivinícolas de Casablanca, concluye: “una cosa es la teoría, otra la realidad. Aunque el verano 2008 fue más cálido que el 2007, las temperaturas mínimas fueron más bajas. Es decir, hubo una mayor amplitud térmica, que debería expresarse en vinos con mayor concentración aromática y más acidez. Habrá que ver si eso se refleja en la degustación”.

En efecto, luego de catar 15 muestras de la cosecha 2008, las impresiones son mixtas. Abundan los ejemplares cálidos, maduros, que hablan de una temporada difícil en el valle. Se podría decir que el promedio no es muy alentador; sin embargo, los vinos que destacan lo hacen de una forma notable. Quizá en tiempos complicados se aprecia mejor el carácter, el terruño.

Entre los vinos más sencillos –de menos de 6 mil pesos– mi favorito fue Morandé Reserva, porque es un blanco distinto, con notas a frutas exóticas y algunos toques florales, de rica acidez, grato de beber y equilibrado. Bastante más arriba en cuanto a pretensiones y resultados, Pequeñas Producciones de Casas del Bosque fue descollante. Vale 11.500 pesos y la diferencia se nota. De gran factura, tiene una fina nariz con tonos verdes y cítricos, mientras en boca sobresale por su frescor y balance.

Pese a que hay buenos vinos, convenientes y satisfactorios, que no defraudan, me queda la impresión de que falta mayor diversidad, salirse un poco de la norma. Por cierto, el vino que más me gustó, el que de hecho elegí para acompañar el almuerzo posterior, fue Eq Coastal, de Matetic (9.900 pesos), que parecía de otro mundo. Además de notas salinas, florales y herbáceas, tiene algo que podríamos definir, a falta de otra palabra, como mineral. Complejo, ligeramente dulce en boca, diferente al resto. Un vino que no es de Casablanca, sino de San Antonio. Glup.