Definitivamente las postales de Providencia con calles arboladas y casas de arquitectura de valor e interesantes, con el comercio y servicios concentrado solo en algunas avenidas principales, son cosa del pasado. Es el resultado de más de dos décadas de una constante migración de vecinos a otras áreas de la capital (fundamentalmente a la zona […]

  • 29 agosto, 2012

Definitivamente las postales de Providencia con calles arboladas y casas de arquitectura de valor e interesantes, con el comercio y servicios concentrado solo en algunas avenidas principales, son cosa del pasado. Es el resultado de más de dos décadas de una constante migración de vecinos a otras áreas de la capital (fundamentalmente a la zona oriente), a lo que durante los últimos diez años se ha sumado una fuerte transformación de varios sectores de la comuna desde lo residencial a lo comercial, con la irrupción de numerosos proyectos inmobiliarios en altura que albergan a oficinas y -en sus plantas bajas- al comercio. Por todo esto, los empleados, ejecutivos y transeúntes varios copan las veredas del sector de lunes a viernes, casi siempre con un ritmo acelerado, casi como el de los paseos peatonales del centro. Y así las cosas, está claro que -al menos durante la semana- la vida en Providencia es bastante agitada.

Pero no todo está perdido, porque afortunadamente aún existen en esta comuna algunos pequeños sectores que mantienen esa armonía de la ciudad hecha a escala humana, ideal para que sus habitantes la disfruten ojalá como peatones e interactuando entre sí. Es lo que sucede en la segunda cuadra de Manuel Montt, entre el río Mapocho y Avenida Providencia, donde podemos encontrar un trozo de esa Providencia de antes que permanece casi intacta, a pesar de los innumerables proyectos inmobiliarios que ya son casi parte del paisaje en esta arteria de Santiago.

Visitar este sector un sábado por la mañana, a eso del mediodía, resulta ser una muy grata experiencia. Primeramente, porque ésta debe ser una de las contadas cuadras de Providencia que conserva sus edificios y locales de siempre, sin perder el carácter de barrio que se le dio desde, por lo menos, los años cincuenta. Se trata de una cuadra en que la fachada se mantiene por completo en ambas veredas, con edificios de mediana altura y con comercios en los primeros pisos que mezclan funcionalidad con placer.
Para los que gustan cocinar en casa, un recorrido por este tramo de Manuel Montt puede resultar altamente provechoso. Esto, gracias a algunas interesantes paradas que se pueden ir haciendo. Por ejemplo el Harry Minimarket, un pequeño almacén que se especializa en productos importados como leche de coco, fideos de arroz, snacks indios, varios tipos de té y -según muchos- las mejores ofertas de arroz basmati de Santiago.

Otro imperdible de la cuadra, pero en la vereda contraria (la poniente), es la Pescadería Angelmó, un verdadero clásico. Aquí, la oferta de pescados y mariscos siempre es provechosa. Almejas, choros, congrio, erizos, picorocos, jaibas, calamares, camarones y centolla son solo algunos de los productos que por lo general podemos encontrar aquí. Con excelente atención y calidad, más un muy cómodo -y poco común- servicio de despacho a domicilio, está de más decir que es un sitio que hay que conocer y tener en la lista de imprescindibles.

Y siguiendo en esto de la cocina, aparece la tienda Cherry-Chile, donde se puede encontrar desde un simple cuchillo hasta una máquina para hacer tallarines o ropa especial para el chef aficionado, Crocs incluidas. Incluso clases de repostería se pueden tomar ahí. Ahora, si se prefiere algo más contundente, vale la pena cruzar la vereda y pasar a apertrecharse de excelentes arrollados, jamones, longanizas, quesos y mantequilla en Cecinas Bismarck, uno de los secretos -relacionados con los subproductos del cerdo- mejor guardados por los lugareños.

Por otra parte, el Teatro Nescafé de las Artes se ha ido convirtiendo paulatinamente, desde que tomó la administración del otrora Teatro Providencia (y antes Marconi) en 2009, en uno de los polos de atracción más importantes de esta zona. Con una cartelera variada- que incluye espectáculos como ópera, danza y conciertos-, asegura una buena rotación de gente en sábados y domingos e incluso durante algunas noches de la semana. De paso le ha dado una especie de segundo aire al tradicional Café y Heladería La Escarcha, que como buenos vecinos del teatro se ha convertido en el lugar de encuentro para quienes entran o salen de las funciones, compran boletos o incluso para los mismos artistas y funcionarios del recinto que hacen una merecida pausa en su trabajo tomando un café en las agradables mesas instaladas sobre la vereda de Manuel Montt.

En este contexto, la sola excusa de averiguar qué hay de nuevo en la cartelera del Nescafé de las Artes es un excelente motivo para incluirlo en el recorrido de sábado por la mañana que aquí proponemos. Y si esto se complementa con un café en La Escarcha, mucho mejor. Ojo: también venden cerveza. Así que si hay sed y es pasado del mediodía también es opción.
Otra escala en esta ruta de fin de semana puede hacerse en Palmaria Libros, una librería que si bien se especializa en textos de ciencias sociales, comunicación y filosofía; también puede servirnos a la hora de encontrar ese título que acaba de salir al mercado y que queremos leer, o tal vez comprar algún regalo para ir a esa fiesta de cumpleaños que tenemos por la noche. Además, ¿qué mejor que incluir una visita a una librería en un paseo de día sábado?

Y para terminar este recorrido por este rincón de Providencia, es altamente recomendable disfrutar de un almuerzo relajado -ojalá con aperitivo, postre y bajtivo- en clásicos del barrio como el tradicional Bar Liguria o el íntimo Normandie. Si usted es de esos que en la semana ha querido encontrar mesa en alguno de estos dos lugres y le ha sido imposible, le contamos que el día sábado es ideal para resarcirse, porque -al igual que el barrio- ambos recintos gozan de una calma que ni se sueña en días laborales.

Las recomendaciones culinarias para cualquiera de estos dos locales están un poco de más. Sin embargo, nos atrevemos con dos sugerencias. En el Liguria, las mejillas de merluza al pilpil. Y en el Normandie, sus choritos al vapor con papas fritas. Y pensando en la nueva Ley de Alcoholes, un almuerzo contundente y acompañado de buenos vinos y licores es totalmente incompatible con el manejo. Por lo mismo, qué mejor que caminar de vuelta a casa o utilizar el transporte público, aprovechando que es fin de semana y Providencia -solo por dos días- se transforma en un verdadero oasis. En clave de barrio, tal como sucedía varias décadas atrás. •••