Por Carolina Torrealba, subsecretaria de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación
Foto: Verónica Ortíz
Año: 2061

  • 19 agosto, 2019

“Mari mari”. Así da inicio a su discurso Nobel la recientemente galardonada Florencia Huenupe Melinao, chilena de ascendencia mapuche, quien junto a la neozelandesa Irene Ardern descubrieron el sistema de comunicación de ballenas y desarrollaron un sistema de predicción de terremotos.

Nuestra sociedad olvida rápidamente, demasiado rápido. A pesar de la inserción del chip de memoria intracraneal, la memoria colectiva sigue siendo esquiva a estos avances tecnológicos. Así, solo queda el testimonio de quienes vivenciamos un Chile extremadamente diferente, de quienes trabajamos por un país donde las Florencias podrían surgir y brillar.

En 2010, un total de 525 personas fallecieron a causa de un terremoto y maremoto en Chile. La predicción de estos movimientos telúricos parecía imposible. También a inicios de siglo empezaba a recuperarse la población de ballenas, al borde de la extinción. Era impensable que plagaran el océano y desconocíamos su superioridad en índices de memoria, autoconciencia y lenguaje. La investigación científica era una actividad casi de nicho en el país. Era difícil pensar que una científica chilena fuese galardonada con el Nobel.

¿Cuál fue el punto de quiebre que permitió al país este radical cambio de rumbo? La retrospectiva es engañosa, sin embargo, podemos rastrear decisiones claves. Luego de la instalación del primer Ministerio de Ciencia (2020), empezó a esbozarse seriamente el plan “Chile Laboratorio Global”. La convención de Magallanes de 2021 fue clave para materializar a Chile como un laboratorio mundial en investigación oceanográfica y antártica, a través de la llegada de la fibra óptica hasta el continente blanco, la instalación del 5G y de un sistema de monitoreo en tiempo real conectado al Data Observatory, el observatorio de datos que actualmente nos posiciona en el tercer lugar del ranking de datos abiertos y complejos, luego de Shanghái y Tanzania. Con ello, el país ya no sólo era el laboratorio astronómico del mundo, sino también el laboratorio de la criósfera.

Luego vinieron la estrategia de vulcanología (2028) y el sistema de monitoreo de volcanes basado 100% en inteligencia artificial, que monitorea un 80% de la actividad volcánica mundial. Siguió la estrategia de microbiomas extremos (2035), socioingeniería urbana (2041), conciencia y sociedades vegetales (2049) y la recientemente aprobada política e inversión en filosofía de la transhumanización (2056).

¿Pudimos quienes participamos en la instalación del Ministerio de Ciencia prever los resultados de esta estrategia? Ciertamente hubo un crecimiento orgánico impredecible que superó todas las expectativas. Hoy, el 63% de nuestra población se dedica a alguna actividad relacionada con la investigación y el desarrollo, concentramos el 34% de la infraestrutura científica mundial, con cinco capitales globales en los temas mencionados. La estrategia productiva del país se hizo intensiva en industrias de inteligencia artificial (35% exportaciones de servicios y 15% sistemas) y manejo de sociedades vegetales complejas (20% exportaciones de servicios), desplazando a las industrias extractivas de monocultivos, que hoy representan un escuálido 2%.

Todo indica que esta estrategia también estuvo detrás del vertiginoso ascenso de Chile en el ranking global de bienestar (6º posición en 2060) y desarrollo sostenible (3º en  2061).

La vida de Florencia Huenupe encarna estos cambios de guion. Nació y fue al colegio en Galvarino, una de las únicas dos comunas donde el Mapudungun era idioma oficial junto con el español. Se graduó como bioingeniera de climas extremos en la Universidad de Aysén y se doctoró en socio-ingeniería en la Universidad de Magallanes. Ciencia desde Chile hacia el mundo.

La curiosidad da vueltas inesperadas en las mentes preparadas. Florencia e Irene lograron descifrar el lenguaje y comunicarse con las ballenas de la reserva Cabo de Hornos y descubrieron que estos mamíferos, hace miles de años, aprendieron a predecir los terremotos. Juntas establecieron la primera colaboración transespecie con las ballenas y así nació el sistema de monitoreo global de terremotos que Chile provee al mundo.

No solo se necesitan mentes preparadas, sino también ambientes preparados. A través de Florencia, Chile puede mostrar orgulloso al mundo su inédita estrategia de ciencia, sociedad y conocimiento. Vuelvo a mirar el podio y no puedo evitar que se humedezcan mis ojos… Mari mari, Chile.