Distanciada de las inclinaciones más extremas de la izquierda y con escisiones de militantes relevantes (Mariana Aylwin, Soledad Alvear, Gutenberg Martínez, entre otros), la Democracia Cristiana se encuentra en un momento de indeterminación. La inclinación a la izquierda de la ahora ex Nueva Mayoría bajo el gobierno de Bachelet la redujo a un papel secundario. Fue entonces que muchos vieron la hora de partir.

La izquierda aún no se recompone. El Frente Amplio, dotado de juventudes y discurso, no logra instalarse en el Parlamento y superar sus problemas de funcionamiento. La socialdemocracia, de su lado, carece justo de lo que el Frente posee: juventud y discurso.

En ese contexto, desde grupos moderados de la centroderecha se ha venido haciendo un trabajo lento pero continuado y que consiste en sacar a ese sector de su énfasis inveteradamente economicista y dotarlo de un pensamiento político a la altura de la época presente. Así, el consejo político de Chile Vamos elaboró, en un paciente trabajo, una “Convocatoria política”, documento que se hace cargo del talante no solo económico o moral, sino específicamente político de la situación actual. El principal partido de la alianza, Renovación Nacional, se pacificó y modificó, en un proceso de reflexión destacable, su declaración de principios. Además, a comienzos de este año y fruto de su ampliación ideológica, RN se incorporó a la Internacional Demócrata de Centro, ex Internacional Demócrata Cristiana, con el apoyo de la Unión Cristiano Demócrata alemana y la Fundación Konrad Adenauer. Se trata de la misma alianza a la que pertenece la DC chilena.

En este momento, la centroderecha tiene, probablemente por primera vez desde la nueva democracia, la posibilidad de reconfigurar el mapa político, avanzando posiciones hacia el centro y formando un bloque en el que sectores moderados, como los deudos de Ciudadanos, Evópoli y grupos socialcristianos, se unan en una confederación de centro, republicana y popular, en la cual partidos como RN y la DC ejerzan el papel de ejes.

Una tal configuración de fuerzas podría tener honda importancia en los destinos del país. No solo ejercería un papel moderador, obligando a la izquierda y la derecha a abandonar posiciones más extremas y sumarse a un diálogo que opere nítidamente dentro de los cauces republicanos. Además, una tal confederación podría tener la capacidad para darles una impronta política a parlamentarios hoy más preocupados de su agenda personal y a gestores gubernativos concentrados en la administración, pero carentes todos de una visión nacional que se haga cargo de la crisis epocal en la que nos hallamos y de las reformas y desafíos apremiantes que enfrenta el país.

Como hace un siglo, nuevas capas sociales irrumpen en la vida nacional. Son clases medias muy precarias y grupos postergados, que claman por integración en un sistema político y económico que no los está acogiendo adecuadamente. Tal escenario pone como exigencia, al menos: una regionalización nítidamente política, que mejore las capacidades de integración territorial del país; y una reforma económica que apunte a un incremento en el largo plazo de la alicaída productividad de un modelo extractivo y de servicios.

Estas dos grandes reformas, la política y la económica, requieren de acuerdos políticos amplios, ponderados, reflexionados, y necesitan de visión prospectiva, la capacidad de vislumbrar un país, institucional en lo económico, político, social y cultural. Entonces alcanza a notarse la importancia de un gran eje político de centro, al cual concurran como aliados socialcristianos y falangistas, nacionales, liberales y, eventualmente, socialdemócratas moderados.

Pero entonces, pasa lo de Varela y lo de Rojas. Y luego lo del subsecretario Castillo. La Moneda se pone intransigente en un nombramiento cuanto menos tosco, que puede torpedear las posibilidades de reconfigurar virtuosamente el escenario político. Cabe preguntarse, en esta situación: ¿estaremos frente a solo falta de tacto, o, en cambio, ante una operación más subterránea y de mayor calado, a una acción soterrada de los grupos más recalcitrantes, en la UDI, la FPP y Libertad y Desarrollo, amenazados todos por un pensamiento político nuevo y liderazgos más abiertos y moderados?