Por: Alexandra Timmermann
Foto: Verónica Ortíz

  • 12 diciembre, 2019

¿Qué haces cuando no tienes ni un peso? Te caes o te reinventas. Eso fue lo que hicieron Daniela Carvajal (30) y Matías Gajardo (31) cuando comenzaron a construir sus primeras lámparas. Corría el año 2017 y en el patio de la casa de Daniela nació Convictus, proyecto que buscaba combinar los deseos de emprender de Gajardo y la idea de que fuera sustentable y con proyección social de Carvajal.

Así, la chatarra dio origen a su empresa de lámparas. Pero en Convictus entienden la chatarra no como basura, sino como deshechos que lo único que requieren es de creatividad para darles una segunda vida. Con esta filosofía han creado un diseño basado en el upcycling, el cual junta chatarra de recolectores bases y centros de basura. Desde ahí sacan maderas, hierro, fierro y acero inoxidable, en forma de galones de gas, aros de bicicleta, resortes, teteras y tuberías. Luego, les dan una forma original y diferente a las lámparas, las cuales venden en su página de internet (https://convictus.cl/). En la actualidad, sus ventas alcanzan en promedio 30 unidades mensuales y sus precios van entre los $19.700 y los $97.700.

Además, la dupla comparte sus conocimientos a todos aquellos que quieran aprender. En esa línea, Matías es el más activo: permanentemente comenta sus experiencias, ya sea a través de Instagram o mediante charlas. Allí relata, por ejemplo, cómo fue aprender a soldar por videos de Youtube o cómo lo hizo Daniela a través de cursos online, porque ese oficio no es algo que necesariamente se enseñe en Diseño Industrial en la Universidad de Chile, donde Carvajal estudió. Pero, principalmente, sus exposiciones profundizan en cómo la escasez redunda en el desarrollo de la creatividad.

Si bien su plan es ampliarse y hacer otros tipos de muebles, como lo es la nueva mesa de centro, para ellos partir con lámparas tenía una razón ligada a una metáfora: “Si puede nacer luz desde la basura, ¿por qué la gente no puede encontrar oportunidades desde sus problemas?”. Matías Gajardo agrega: “Al entregar las lámparas vemos la satisfacción con que esa familia la recibe, la alegría que sienten, pues muchas veces estas iluminarán nuevos hogares, nuevas casas… eso a nosotros nos llena, pues no pensábamos que un objeto como este podía generar tanta satisfacción en las personas”.

La marca, Convictus, tiene su origen en la etimología de esa palabra: en latín “con” significa juntos y “victus”, victoria, de ahí que se entienda como “juntos en la victoria”. Para  Gajardo y Carvajal lo colectivo del proyecto es una de las claves del éxito, aseguran que solos habría sido muy difícil avanzar y que el negocio ha funcionado gracias al apoyo de sus familiares, amigos y clientes, que juntos conforman un sentido de comunidad que se mueve a través de la nueva luz que llega con las lámparas construidas a base de chatarra reciclada.

Asimismo, el nombre también se puede entender como convicción, algo en lo que ellos trabajan constantemente. “Ahora la gente está preocupada de no poner cualquier cosa en sus casas, ya no ve solo el punto de vista estético, sino también el valórico, algo que tenga una historia y que respete sus valores sustentables” , explica Gajardo.