Después de vivir varios años en Nueva York, Manuela Tromben decidió combinar su carrera de arquitecta con otra de sus pasiones: la artesanía. Pero no cualquiera, sino aquella que rescata el valor patrimonial. Desde 2008 fabrica joyas de crin, una técnica que se hace únicamente en el pueblo de Rari, VII región, y que consiste en entramar con las manos los pelos de caballo. Bajo la marca MAW (lluvia, en mapudungún), Tromben fabrica joyas con un diseño contemporáneo. Su emprendimiento ha sido todo un éxito: tanto, que ganó un capital semilla de Corfo y cuenta con el apoyo del Fondart. Partió trabajando con una artesana de Rari y hoy son más de 20 las que participan en sus obras, que incluyen aros, collares, murales y móviles. Actualmente vende entre 80 y 100 piezas al mes. Pero tiene claro que nunca será un negocio masivo y que tampoco es joyería de autor. “Hago series, pero son ediciones limitadas. El trabajo con crin es lento y muy cuidadoso, porque es un material delicado”. En estos momentos, está de cabeza preparando una colección para exponer en Destination Chile, un evento que se realizará en el museo Malba de Buenos Aires. Junto con ello, trabaja en el próximo lanzamiento de su marca en la tienda Puro Chile, en Nueva York. Tromben tiene claro que su principal mercado no está en Chile, sino en el extranjero. Sus joyas se venden en tiendas especializadas de países como Estados Unidos, Francia, España y, próximamente, Alemania.

  • 3 junio, 2011

 

Después de vivir varios años en Nueva York, Manuela Tromben decidió combinar su carrera de arquitecta con otra de sus pasiones: la artesanía. Pero no cualquiera, sino aquella que rescata el valor patrimonial. Desde 2008 fabrica joyas de crin, una técnica que se hace únicamente en el pueblo de Rari, VII región, y que consiste en entramar con las manos los pelos de caballo.

Bajo la marca MAW (lluvia, en mapudungún), Tromben fabrica joyas con un diseño contemporáneo. Su emprendimiento ha sido todo un éxito: tanto, que ganó un capital semilla de Corfo y cuenta con el apoyo del Fondart. Partió trabajando con una artesana de Rari y hoy son más de 20 las que participan en sus obras, que incluyen aros, collares, murales y móviles.

Actualmente vende entre 80 y 100 piezas al mes. Pero tiene claro que nunca será un negocio masivo y que tampoco es joyería de autor. “Hago series, pero son ediciones limitadas. El trabajo con crin es lento y muy cuidadoso, porque es un material delicado”.

En estos momentos, está de cabeza preparando una colección para exponer en Destination Chile, un evento que se realizará en el museo Malba de Buenos Aires. Junto con ello, trabaja en el próximo lanzamiento de su marca en la tienda Puro Chile, en Nueva York.

Tromben tiene claro que su principal mercado no está en Chile, sino en el extranjero. Sus joyas se venden en tiendas especializadas de países como Estados Unidos, Francia, España y, próximamente, Alemania.