La pelea entre Ashton Kutcher y Larry King por el primer millón de seguidores en Twitter dejo en evidencia la nueva relación que las marcas están forjando con la audiencia 2.0.

  • 29 abril, 2009

La pelea entre Ashton Kutcher y Larry King por el primer millón de seguidores en Twitter dejo en evidencia la nueva relación que las marcas están forjando con la audiencia 2.0. Por Federico Willoughby Olivos.

Hay al menos dos cosas por las cuales usted debería saber quién es Ashton Kutcher. La primera es que es el joven y afortunado marido de Demi Moore (la pareja tiene 15 años de diferencia) y la segunda, que hace un par de semanas el joven actor se convirtió en el primer humano en conseguir un millón de seguidores en Twitter. Y okey, eso le puede sonar tan interesante como, valga la redundancia, tener una cuenta en Twitter, pero el tema es que Kutcher no sólo llegó a la cifra millonaria, sino que en el proceso le ganó el mano a mano a nada menos que CNN, que tiró toda la carne a la parrilla con el afán de hacerse con la victoria.

El tema partió de manera casi inocente, Kutcher (quien quizás no haya hecho ninguna película decente en 10 años pero sí tiene una empresa dedicada al desarrollo de aplicaciones para Internet), al ver que el sitio de noticias, igual que él, tenía una cantidad de seguidores sobre las 900 mil personas declaró que “si lograba un millón de seguidores en Twitter iría a la casa de Ted Turner a tocarle el timbre y salir corriendo”. Ante sus palabras, apareció el propio Larry King a responder: “estás jugando fuera de tus ligas, ¿Acaso no te das cuenta del tamaño de CNN? Y sí, no sólo participaremos en tu desafío, sino que te advierto que cuando te derrotemos no vayas a molestar a Ted, ya no es el dueño”.

Dicho y hecho. Empezó una guerra que tuvo expectantes durantes varios días a los medios tradicionales, hasta que el 16 de abril el marido de Demi Moore hizo lo impensable: consiguió un millón de seguidores antes que la multinacional y, lo que ya en sí era un hito, dejó en evidencia lo importante que son las redes sociales para las marcas.

Cualquiera diría que el hecho de que CNN hubiera decidido participar en la justa demostraba lo bien que lo estaba haciendo en el universo 2.0. Pero resultó ser todo lo contrario. A pocos días de la victoria de Kutcher se descubrió que el servicio de Twitter Cnnbrk (encargado de informar de los extras noticiosos) y que había sido el oponente del actor (cuyo nombre en Twitter es Aplusk) no pertenecía a CNN sino que a James Cox, un británico de 25 años que desde hace más de 2 años avisaba en Twitter cada vez que se producía una alerta noticiosa. Y si bien no dio para escándalo, la multinacional se encargó rápidamente de comprarle el nombre e incorporar ese Twitter a sus servicios informativos. Y claro, pudieron haber demandado al inglés y seguro ganaban, pero la empresa de noticias sabía que lo último que necesitaba era tirarse encima a los usuarios de un servicio que hoy por hoy suma más de 9 millones… y creciendo.

Mas que pizzas

Lo dijo Kutcher cuando Oprah lo entrevisto en su programa: “Twitter me permite saltarme a los medios tradicionales. Con este servicio ya no tengo que esperar a que salga una nueva edición de una revista o un diario para que me publiquen un desmentido. Ante cualquier cosa que digan de mí, simplemente twitteo y lo aclaro”.

Es que en el mundo 2.0 el mensaje llega a la audiencia de manera inmediata y sin intermediarios. Algo que no sólo sirve a las celebridades, sino que también a las marcas. Si no, que le pregunten a la gente de Domino’s Pizza. ¿Por qué? Porque hace algunas pocas semanas se subió a YouTube un video en el que empleados de la cadena de comida rápida en Estados Unidos se entretenían jugando de manera grotesca con la comida que después servían a domicilio. Por sus características e impacto, el video circuló rápidamente por la web y en cosa de minutos ya había sido comentado y visto por varios cientos de personas. Y si bien lo común para una empresa hubiera sido hacer una declaración pública desmintiendo, Domino’s no quiso. Sabía que ese camino hubiera significado expandir el daño, ya que informaría del problema a miles de clientes que no habían visto el video. ¿Qué hicieron? Aclararon el asunto vía Twitter. De esa manera no sólo evitaron mala publicidad, sino que se dirigieron de manera efectiva a la audiencia que requería información sin tener que hablar del problema a quienes no lo conocían. Otro buen ejemplo de la relación entre las audiencias 2.0 y las marcas ocurrió entre Coca-Cola y Facebook. La empresa de bebidas notó que en la red social existía una página de fans que tenía más de un millón de seguidores. El espacio era dirigido por dos actores sin ninguna conexión con la empresa, algo que a Coca-Cola no le molestó, ya que le jugaba a favor porque, esencialmente, era un movimiento de base creado en torno a su producto. El problema surgió cuando Facebook contactó a la gente de la bebida para alertarlos porque su página de fans violaba las normas de la red social al no ser operada por el dueño del producto; por lo que si no tomaban el control del sitio, simplemente tendrían que bajarlo.

¿Qué hizo Coca-Cola? Invitó al par de actores a Atlanta, les mostró el museo corporativo, los trató como a reyes y después les pidió que formalmente trabajaran para ellos en la mantención de la página. Los tipos no sólo aceptaron, sino que tienen la página de Facebook de Coca-Cola con más de 3 millones de usuarios inscritos.

 

 

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