La importancia de la condena que acordó la justicia de Brasil a fines de agosto, en contra de Farouk Omairi y su hijo Khaled por el delito de tráfico internacional de drogas (a once y diez años de prisión, respectivamente), no ha generado todos los comentarios que merece. Una compleja investigación del Departamento de Policía […]

  • 5 octubre, 2007

La importancia de la condena que acordó la justicia de Brasil a fines de agosto, en contra de Farouk Omairi y su hijo Khaled por el delito de tráfico internacional de drogas (a once y diez años de prisión, respectivamente), no ha generado todos los comentarios que merece. Una compleja investigación del Departamento de Policía Federal de Brasil condujo a la cárcel a uno de los financistas más importantes de Hezbollah residentes en América y a su hijo.

Las actividades ilícitas de Omairi y sus vínculos de alto nivel con el Hezbollah han trascendido desde hace tiempo los límites de la Triple Frontera, como se conoce a la zona geográfica donde confluyen los límites de Brasil, Paraguay y Argentina. Sus conexiones por estas actividades son investigadas en países de Europa y América latina e, incluso, el gobierno de Estados Unidos lo identificó recientemente como financista del Hezbollah, junto a otros ciudadanos libaneses.

Farouk Omairi es uno de los pioneros de Hezbollah en la Triple Frontera. Durante años ejerció un indiscutible liderazgo entre los miembros de la colectividad chiíta local, donde su opinión era muy valorada. El dato no es menor considerando que en esa zona vive una comunidad árabe cercana a las 25 mil personas, sobre la cual recae una larga sospecha de financiamiento a actividades de Hezbollah y Hamas. Incluso, se ha especulado sobre la presencia de Al-Qaeda.

Omairi intervino activamente en los temas relativos al funcionamiento de las instituciones islámicas locales. No desperdició la oportunidad de mostrarse al lado de los clérigos chiítas o de visitantes ilustres como el diputado de Hezbollah Abdallah Kassir, uno de los miembros del consejo superior de la organización libanesa.

Según los investigadores, Farouk Omairi fue un elemento clave de Hezbollah en esta región, tanto en el aspecto financiero como logístico de la organización. Considerado un hábil “empresario”, Farouk Omairi habría utilizado sus compañías de cambio y turismo para lavar el dinero que obtenía del envío de cocaína a Europa y Cercano Oriente, y remesar parte de las ganancias ilegales a Hezbollah en el Líbano. Farouk organizó y dirigió, junto a unos pocos colaboradores, esta red de narcotraficantes que se valía de mulas que era reclutadas en la zona de la Triple Frontera. Entre sus colaboradores más estrechos, se encontraba su propio hijo, Khaled.

En consecuencia, la detención de Omairi ha causado al Hezbollah una baja importante en su método ilegal de financiamiento y apoyo, y no le será fácil reemplazarlo.