Más de cien obras -entre pinturas, esculturas, croquis, dibujos, libretas de apuntes y dos videos documentales- dan vida a la exposición retrospectiva de Ignacio Valdés, en el Bellas Artes, tras diez años de estar radicado en Londres.

  • 24 junio, 2009

 

Más de cien obras -entre pinturas, esculturas, croquis, dibujos, libretas de apuntes y dos videos documentales- dan vida a la exposición retrospectiva de Ignacio Valdés, en el Bellas Artes, tras diez años de estar radicado en Londres. Por María Jesús Carvallo.

Algunos le dicen “el extranjero” porque, aunque nació y estudió en Chile, ha vivido gran parte de su carrera profesional afuera. Alumno de Gaspar Galaz, Mario Irarrázabal y Juan Egenau, Ignacio Valdés ha recorrido el mundo observando, investigando y también plasmando sus mil experiencias en cada una de sus creaciones.

Licenciado en Artes Plásticas de la Universidad Católica, por currículum no se queda, porque durante sus 25 años de trayectoria ha tenido la suerte y el mérito de ser poseedor de importantes becas internacionales que le han permitido perfeccionarse. Recién titulado partió a Italia, luego a París, después a Nueva York y posteriormente a Inglaterra, donde -gracias a un premio entregado por el British Council- entró a The Slade School of Fine Arts, descubriendo una nueva mirada de la pintura. Hoy, a más de una década de esa última experiencia, está instalado en Londres junto a su mujer y sus hijas, y no tiene planes concretos de volver a radicarse en nuestro país.

Con un nutrido recorrido en exposiciones internacionales –incluyendo lugares como Bahréin, Líbano, Siria, Turquía, Marruecos, Grecia y Túnez- la última vez que estuvo en Chile fue en 2005, cuando presentó una colección de obras recientes en la galería A.M.S. Marlborough. El éxito fue absoluto y eso mismo lo incentivó para dar vida a nuevas invenciones desde la capital británica. Después de cuatro años sintió que era tiempo de volver, sólo que esta vez lo hizo en grande, en el Museo Nacional de Bellas Artes. Como él mismo cuenta, siempre soñó con esta oportunidad, con ser invitado a hacer una exposición individual en este recinto que todo artista sueña con alcanzar alguna vez durante su carrera.

Son cerca de 150 creaciones, entre pinturas, dibujos y obra gráfica en general, además de esculturas, croquis, libretas de apuntes y dos videos documentales que permiten que el espectador pueda conocer a fondo la magnitud y la profundidad de su trabajo. Obras que revelan su trayectoria completa, desde sus inicios en Chile con sus primeras esculturas –muy influenciadas por Henry Moore–, para luego dar paso a su vida en el extranjero, donde la pintura ha sido su motor y el centro de su existencia.

Titulada Retrospectiva, Valdés reconoce que no se siente cómodo con este concepto. “Siempre he expuesto cosas actuales, recién terminadas, y esta es la primera vez que tengo la posibilidad de encontrarme con creaciones que realicé hace casi un cuarto de siglo; entonces, es distinto, pero al mismo tiempo enriquecedor”. Con humildad afirma que todavía siente que está comenzando en esto del arte y que le falta mucho por entregar, por lo que describe como “muy raro” verse en una muestra con tanta historia hacia atrás. “Cada vez que hago algo me siento como empezando otra etapa. No puedo decir, y jamás creo que lo diría, que ya terminé con una técnica o disciplina, que toqué fondo, porque cuando veo mis obras me doy cuenta de que puedo hacer mucho más, que a partir de ellas pueden salir cosas distintas e igual o más interesantes todavía. Cada trabajo es una aventura, un desafío diferente, soy como un niño que está permanentemente buscando y que siempre encuentra algo nuevo con qué jugar.”

Y al preguntarle por el objetivo de esta retrospectiva, dice que pretende evidenciar su evolución como artista, dar a conocer los cambios que ha tenido durante su carrera y dar cuenta del hilo conductor que une sus distintas etapas creativas. También confiesa que su fin último es que los espectadores sean capaces de actuar, de involucrarse y de ser parte de sus trabajos. “No doy las cosas en bandeja ni nada digerido, es el público el que debe hacer el esfuerzo y darle sentido a lo que ve. Siempre se puede encontrar algo nuevo, es como una metamorfosis permanente. Me carga crear recetas listas, prefiero que cada vez que se observe mi trabajo se descubran otros detalles que den para pensar y para nuevos análisis. Pretendo incitarlos al juego, a que sean capaces de liberarse y de ampliar su mirada de lo cotidiano”.

Retrospectiva, hasta el 12 de julio en el Museo Nacional de Bellas Artes. Parque Forestal s/n, metro Estación Bellas Artes, Línea 5.