El destacado economista chileno, profesor de la UCLA, se aparta de las cifras macro y entra con su primera novela al mundo del espionaje. Su relato toca fibras sensibles de la política continental de las últimas décadas y ya ha tenido réplicas. Por Marcelo Soto; foto, Enrique Stindt. Imaginen los años 70. Un grupo de […]

  • 1 junio, 2007

El destacado economista chileno, profesor de la UCLA, se aparta de las cifras macro y entra con su primera novela al mundo del espionaje. Su relato toca fibras sensibles de la política continental de las últimas décadas y ya ha tenido réplicas.
Por Marcelo Soto; foto, Enrique Stindt.

Imaginen los años 70. Un grupo de estudiantes de economía de la Universidad Católica intenta descifrar El Capital, de Karl Marx. La traducción es pésima y nadie entiende nada (por suerte). Alguien entonces propone lo imposible: leer el mamotreto en su idioma original, pese a que ninguno sabe alemán.

Uno de esos alumnos era Sebastián Edwards. “Sí, aprendí marxismo con Marta Harnecker”, reconoce hoy. “Me causa risa decirlo, pero tratamos de leer El Capital en la edición germana. Yo me conseguí un diccionario, pero al cabo de unos días me di cuenta de lo inútil que era”.

Cuatro décadas después, Edwards es profesor en la Universidad de California – Los Angeles (UCLA). En sus clases defiende el liberalismo y da entrevistas criticando las opciones populistas. ¿Cómo Sebastián Edwards se transformó en Sebastián Edwards? Algunas de las respuestas están en El misterio de las Tanias, la primera novela de este académico, uno de los más destacados en su disciplina a nivel del continente.

En su debut narrativo, el autor plantea una tesis que sin duda va a irritar –y ya lo está haciendo– a la izquierda más retrógrada: la existencia de agentes del castrismo, mujeres guapas y talentosas, infiltradas en las altas esferas de los países latinoamericanos.

“En una conversación con amigos, surgió el tema de Tania o Tamara, la espía que se infiltró en Bolivia para ayudar al Che Guevara en la guerrilla de 1967”, cuenta Edwards. “No recuerdo quién me contó la historia, pero inmediatamente me obsesioné. Empiezo a investigar y para mi sorpresa nadie había escrito sobre el tema”.

-Pero hay biografías sobre Tamara.
-Claro, sobre ella hay libros y libros, una literatura enorme, una infinidad de sitios web, pero la noción de que era una espía entre muchas otras no existe. O sea, la idea de que hubo varias Tanias, en muchos países, nadie la había planteado. Para mí, resultaba increíble. Sobre todo a partir de los cuatro de Cambridge, esos aristócratas ingleses que eran espías soviéticos. Uno de ellos era amigo de Graham Greene, y muchos plantean que no eran cuatro, sino cinco. ¿Dónde está el quinto?

-La película El buen pastor, de Robert DeNiro, trata sobre este asunto, la doble vida de los espías. ¿La viste?
-Sí, por supuesto. En esa cinta aparece el tema de la mediocridad de los servicios secretos. En mi libro, el narrador entrevista a un ex espía argentino que cuenta cómo los antecesores de la CIA estaban totalmente desinteresados en América latina y eran unos diletantes que lo único que les interesaba era jugar el polo y comer beef.

-No existen muchas novelas latinoamericanas de espías, ¿por qué quisiste probar este género?
-En Nuestro hombre en La Habana, de Greene o El sastre de Panamá, de Le Carré, los latinos son los malos, de mostacho, guayabera, narcotraficantes, torturadores. Pero en mi novela es al revés. Los que investigan, los inteligentes y los que resuelven el problema son latinos, son chilenos: quise escribir una novela de espías en la que los latinoamericanos no son tontos, quizá un poquito amateurs, pero al final resuelven enigmas.

1.MI NOMBRE ES TAMARA

Antes que nada, un poco de historia. A fines de los 90 fueron trasladados a Cuba los restos de Tania, la famosa guerrillera que murió en 1967 durante la incursión del Che Guevara en Bolivia. Tania en realidad no era Tania, sino Tamara. Aunque su nombre oficial era otro. Eso no importa. Lo que importa es que Tania, o mejor dicho Tamara, era la esposa de un importante empresario de La Paz y tenía relaciones de amistad con jerarcas políticos y militares bolivianos.

Hasta antes de ser descubierta, ella había sido la espía perfecta. Por años se había hecho pasar por alguien que no era. Pero cambió vida, dejó novio y futuro en Alemania y se integró a la clase alta boliviana, esperando pacientemente que la revolución cubana pidiera sus servicios. En 1967 fue llamada a colaborar como enlace de la guerrilla de Ernesto Guevara. Por un error de principiantes, la policía logró identificarla y debió unirse al grupo armado. Murió poco después, en una emboscada, en un río, en la selva.{mospagebreak}

Tania es hoy un icono de la lucha revolucionaria, aunque su desenlace haya sido absurdo. Lo que queda por preguntar es si su caso fue un hecho aislado o, por el contrario, una estrategia del régimen castrista para poner agentes encubiertos en las elites latinoamericanas. ¿Existieron otras Tanias? ¿Es posible que haya mujeres al servicio de Cuba infiltradas entre los grupos dirigentes de Chile, Argentina o Perú? Si así fuera, ¿cuándo van a activarse, si es que no se activaron ya y nadie se enteró? Tales son las preguntas que plantea Sebastián Edwards en su primera novela, El misterio de las Tanias, un libro que seguramente traerá réplicas, pues toca fibras sensibles de la política latinoamericana de las últimas décadas.

-En Chile pareciera que los economistas tienen su lado B, digamos “creativo”. Eyzaguirre toca guitarra, Velasco ha escrito dos novelas, Foxley es un gran lector. ¿Hay algo de la academia que te haya servido para escribir este libro?
-Fue muy útil. Lo más difícil para mí fue definir la estructura del libro: cómo contar la historia. Y la manera como lo resolví es muy analítica y tiene que ver con mi formación universitaria. Tenía claro qué cosas podía hacer y cuáles no eran recomendables, gracias a la experiencia que tengo publicando papers y libros académicos.

-¿En qué momento dices “aquí hay una novela” y comienzas a escribir?
-El libro nace porque sentí que tenía una buena historia. Hay demasiada literatura donde la historia es débil, donde no pasa nada y todo se reduce a las angustias del narrador… Siempre he creído que la historia es fundamental y esta era una muy buena historia. Más aún, sorprendentemente nadie había escrito de la posibilidad, bastante cierta, de que hubiese muchas espías cubanas que fueron entrenadas en los 70 y que llevan 20 ó 25 años clandestinas y que un día son activadas.

-Un aspecto interesante de la novela es la idea de que estas mujeres, felices y prósperas, de pronto son contactadas por oscuros personajes que le recuerdan, por así decirlo, un “error” de juventud. -Tienes razón. Hay toda una dimensión que no ha sido discutida, que es la angustia de estas espías cuando son activadas. Ya son mujeres de 50 años y tienen una vida formada, y para ellas esto de haber sido reclutadas puede haber sido una aventura de la que se arrepienten. Pasan 20 años en que nadie las contacta, en que nada sucede.

-¿Piensas que Cuba, tras los fracasos en Sudamérica, se repliega y cambia de estrategia?
-Obviamente el interés de la política exterior cubana se modifica y centra el interés en las guerras de liberación africanas. Desde ese momento América latina pasa a segundo término y nadie contacta a estas Tanias. ¡Imagina qué terrible puede ser para estas muchachas que pasan décadas olvidadas y de pronto son llamadas a ponerse en acción! Cuando alguien tiene hijos, familia, la consigna de “Patria o Muerte” pierde totalmente el sentido.

2. NO VOY EN TREN

Aunque viaja en business, a Sebastián Edwards le carga volar. “Da lo mismo la clase, es igual de asfixiante… porque vulnera tu privacidad”, explica. En cierta forma su libro parte y termina con un trayecto aéreo. Desde Buenos Aires a Los Angeles y desde Berlín a Santiago. La vuelta al mundo en 374 páginas. “Miré a mi alrededor –dice el protagonista de la novela– y volví a odiar las cabinas de aviones, con su aire añejo y claustrofóbico y sus interminables filas de asientos, repletas de gente que por el solo hecho de viajar olvida el pudor y la mesura”.

El misterio de las Tanias está contada en primera persona por un exitoso profesor de economía de la UCLA –el mismo Edwards, era que no– cuando se entera que su mejor amigo ha muerto, asesinado en extrañas circunstancias en Bogotá. Nadie sabe por qué motivo, pero el narrador sospecha que tiene que ver con las Tanias, y entonces decide seguir las pistas inconclusas y descubrir el secreto que mató a su amigo. Un secreto que vale centenares de millones de dólares y que desnuda las miserias de los movimientos revolucionarios del continente. Las indagaciones lo llevan a Moscú, Washington y Zurich, entre otras ciudades, y en el trayecto recibe un par de golpizas. El personaje central -fanatico del dry martini- es bastante ingenuo y torpe, pero los moretones que quedan en su cuerpo no son broma.

-Tu libro se vende como una novela de no ficción. ¿Qué tanto hay de marketing en esto? ¿Dónde empieza y termina la verdad?
-El misterio de las Tanias es lo que Javier Cercas llama un relato real, pero te voy a dar una clave: el libro empieza en la tapa y termina en la contratapa. Todo lo que está entremedio es novela. Entre esas dos láminas de cartulina, todo es válido. Al mismo tiempo, en el marco histórico y en los hechos la trama es absolutamente real. Yo hice un esfuerzo enorme para que fuera exacta. Lo que ahí dice sucedió tal día en tal parte… es real, aunque obviamente hay dentro de ello aspectos ficcionales.

-El tema de las golpizas, por ejemplo. ¿Sufriste agresiones o amenazas durante la investigación?
-Hubo zamarreos, pongámoslos de esa manera… Edmundo Paz Soldán dijo en una crítica al libro que eran unas golpizas patéticas, porque los verdaderos espías son mucho más violentos. Pero el protagonista no es 007, sino un profesor universitario, que puede o no ser Sebastián Edwards. Si ese personaje anduviera armado, el efecto no se logra. Es cosa de tomarme una foto para decir que este tipo nunca ha tenido una pistola en la mano… Entonces que Paz Soldán diga que esas golpizas son poco convincentes en un mundo de espías, para mí es un halago. Me interesa que esa línea gris, entre lo que es y no es real, exista.

-A través de tus pesquisas, llegaste a conocer a alguna Tania,? a tener sospechas fundadas sobre su existencia?
-Bueno, las Tanias son espías, y como tales son clandestinas y elusivas, ninguna se va a descubrir, y si las enrostras te van a decir que no. Pero a Jorge Castañeda, ex canciller mexicano, autor de la mejor biografía sobre el Che, le preguntaron si creía que Cuba infiltró a las elites latinoamericanas y el dice “no me cabe ninguna duda, yo como canciller fui testigo de la activación de varios agentes cubanos en México, que reaccionaron cuando nuestro país empezó a criticar la política exterior de Castro”.

-La idea de la existencia de otras Tanias es atractiva, pero lo que no parece tan convincente es que la operación se haya organizado después de la muerte de la primera Tania. ¿No sería más lógico que esa Tania, que fracasó, haya sido una más, entre otras? Porque si una estrategia fracasa de esa manera, no parece sensato insistir en ella…
-Sí, es buena tesis… Me voy a meter en líos, pero la parte del relato que ha irritado a cierta gente es la noción de la incompetencia de los servicios cubanos, que lo hacen todo mal y lo único que les importa son los dólares y los Rolex. Teniendo claridad en términos ideológicos, en lo operativo son muy incompetentes. Solo los salva la impericia y burocracia de los enemigos, de la CIA. Hay una serie de errores que cometen los cubanos y uno de ellos es que la primera Tania es una idea solo para apoyar al Che. La idea que tú planteas de que haya habido desde el principio varias Tanias implica un servicio de inteligencia muy eficiente y sofisticado. Y lo que implícitamente dice mi libro es que no son sofisticados, sino de cierta vulgaridad.

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3. CONFESIONES DE UNA MENTE PELIGROSA

El misterio de las Tanias no solo es una novela de espías. También es la historia de una amistad y de una traición, y un retrato apurado sobre una generación cuyas decisiones fueron casi todas equivocadas. En ese sentido, su tono polémico no es lo más interesante.

Lo que hace de las Tanias un libro que puede perdurar es que se atreve a rozar aspectos intocables. Fuera de dudas, el frenesí revolucionario cosechó una buena cantidad de historias descabelladas en esta parte del mundo y desde ese punto de vista, la posibilidad de espías encubiertas del castrismo no es menor.

No en vano una antigua estrategia de los grupos radicales consistía en acercarse a jóvenes de clase acomodada, rebeldes en potencia, y tras un breve galanteo, proponerles una “gran misión”. Así caían rendidos. Y era difícil decir que no. A este cronista, por ejemplo, le sucedió a fines de los 80 que un amigo de juventud lo invitó a su casa una tarde para presentarle a una persona “muy interesante”. Esta persona resultó ser un tipo encapuchado, con una bandera del MIR. ¿Quieres conocernos?, preguntó el sujeto. Más que una invitación, la interrogante parecía una amenaza.

-Mientas escribías esta novela, ¿hubo algún referente que tuviste en mente?
-No, me interesaban dos cosas. Una, que se leyera muy fácil, en forma fluida, que fuera de estructura y lenguaje muy simple. En segundo lugar, me interesaba que la voz fuera vulnerable, y ahí hay un autor que ha logrado una voz de ese estilo, que es Richard Ford. El protagonista de sus novelas es vulnerable, tiene cáncer, se ha separado, se le muere un hijo, pero yo quería algo diferente. Por otro lado, mucha gente me para en la calle y me dice “tu novela se lee muy fácil”, y para mí es un halago enorme. Deliberadamente busqué una escritura lo más fluida posible.

-La crítica es una de las cosas duras que exige el acto de escribir. ¿Cómo ha sido tu debut en este sentido?
-No es tan nuevo. En la academia esto sucede a cada momento, y he publicado muchos libros y tenido muchas discusiones y peleas. He sido atacado en las páginas de Financial Times por un premio Nobel, es decir, ¡esas son ligas mayores!

-Pero, ¿qué te pasó cuando leíste la crítica de Camilo Marks en El Mercurio que destrozó tu libro? Entre otras cosas decía que tú sabías tanto de política como los amazonas…

-Al principio me sorprendió. Y después le resté importancia, por varias razones. Primero me pareció que era bastante fuera de lugar… atacar a los indios del Amazonas porque no saben de filosofía alemana me parece una grosería. No a todo el mundo le tiene que gustar todos los libros, pero me parece que hay que dar argumentos cuando a alguien no le gusta algo. De hecho, me llamó un amigo y me dijo “Oye las Tanias reaccionaron, y una de las Tanias escribió una crítica en El Mercurio…”. Pero no voy a hablar más de eso. Porque hay otras críticas positivas.

-¿Estas pensando escribir una segunda parte?
-No.

-Porque en tu investigación llegaste a sospechas fundadas de que tal persona podía ser una Tania…
-Sí, pero no es el punto. Esta es una historia y a pesar de que tiene un final abierto, termina en la página 374. Y para mi segunda novela voy a tocar otro tema: la historia de un chileno que tiene una participación importante en la Segunda Guerra Mundial… Ahí nuevamente hay tres cosas en común con el libro de las Tanias… es un relato real, es cosmopolita y existe un chileno que tuvo un rol importante. Creo firmemente que los chilenos podemos hacer cosas importantes. Y hay gente que se irrita por eso.

-¿Andrés Velasco te dio consejos?
-Andrés me alentó. Me dijo “termínala”. Me apoyó mucho. Me dijo “si quieres mándamela y la leo”… y yo lo consideré, pero al final no se la envié porque Velasco me iba a decir “agrégale un personaje” y otro lector me diría “sácale este personaje”. Creo que hay que evitar demasiadas opiniones.

-Por lo demás no querías que alguien se te adelantara con el tema.
-Absolutamente. La idea era demasiado buena y no podía andarla comentando… Pero esta idea ya está patentada y voy a ganar el juicio de cualquiera que quiera quitármela. Yo tengo copia de todos los correos que he mandado. Porque de aquí va a salir una película, no tengo duda. Ya se me han acercado productores independientes.

-¿Quiénes?
-Hubo gente en Cannes que de alguna manera se enteró y me han enviado mails… Todavía son conversaciones, pero quieren comprar los derechos.

-Ultima pregunta, ¿vas a votar por Piñera?
-Mira, como no estoy inscrito y estoy en el extranjero y no me han querido dar derecho a voto, no me planteo la pregunta.

-Lo mismo decía un amigo. Como se dice en Chile, te estás sacando el pillo…
-Probablemente.