Investido por el ministro de Hacienda como el gran facilitador y el hombre llamado a remover los cuellos de botella que encuentran en el aparato público los nuevos proyectos de inversión, Carlos Mladinic es hoy uno de los principales rostros de la prioridad que el gobierno asigna al crecimiento económico. Por Cony Stipicic H. Fotos, […]

  • 23 marzo, 2007

Investido por el ministro de Hacienda como el gran facilitador y el hombre llamado a remover los cuellos de botella que encuentran en el aparato público los nuevos proyectos de inversión, Carlos Mladinic es hoy uno de los principales rostros de la prioridad que el gobierno asigna al crecimiento económico.
Por Cony Stipicic H. Fotos, Enrique Stindt.

Escuchar a Carlos Mladinic sobre la forma en que el Estado enfrenta a los privados que golpean la puerta con un proyecto de inversión, sea del tamaño que sea, equivale a un escaneo de la idiosincrasia del chileno. Su paso por la Corfo, el ministerio de Agricultura, el Banco Estado y el Sistema de Empresas Públicas, además de la Dirección Económica de la Cancillería, el directorio de TVN y el ministerio Secretaría General de Gobierno, le confi eren gran experiencia en el tema. Sabe de “lomos de toro” o “cuellos de botella” –como se les llama ahora–, conoce la mentalidad del funcionario de ventanilla y está convencido de la necesidad de invertir para crecer. Y también de que hay que ajustar la máquina para que eso sea posible.

Magallánico de corazón, con ojos y alma de croata, economista democratacristiano y animal político por excelencia, el recién nombrado gerente del plan Chile Invierte es parte, por decirlo así, del último paquete de medidas pro crecimiento anunciado por el ministro de Hacienda, Andrés Velasco. Sentado en una oficina reacondicionada para él en el sexto piso de Teatinos 120, tiene en la mano un listado de proyectos en carpeta. Y está ahí para “chicotearlos”, como dice medio en broma medio en serio.

No cree que haya solo que cambiar procedimientos, sino además mentalidad. Y apurar, simplemente apurar, incluso con llamados telefónicos. Ahí es donde su condición de “empresario público” y político le juegan a favor. También, por cierto, su estilo amable y un inigualable sentido del humor.

-¿A qué se siente convocado cuando lo llaman a eliminar cuellos de botella?
-Hay un reconocimiento explícito de la presidenta al crecimiento en su agenda. Ella no está contenta con los resultados del país en el último año. Y como el crecimiento está íntimamente ligado con la inversión, hay que lograr mayor agilidad en la etapa resolutiva de los proyectos. Me siento convocado a que los proyectos cumplan con todas las normas, pero con un mensaje claro: la inversión es importante. Porque cuando se desarrolla un proyecto, se produce un valor agregado. Si provocan ciertos daños ambientales, por ejemplo, eso hay que restarlo, y eso es lo que hace la norma, eliminar el daño, o minimizarlo, de manera que el proyecto agregue aún más valor. Lo importante es tener ese concepto: las normas son para agregar valor. De lo contrario, no sirven.

-¿Cuánto se aprendió del caso Celco?
-Yo me atrevería a decir que marcó un antes y un después, para bien y para mal. Hoy día en el sector privado existe absoluta conciencia de la relevancia del tema ambiental y que debe ser incorporado como una parte fundamental del negocio. Por lo tanto, la primera responsabilidad para el inversionista privado es presentar proyectos buenos y ambientalmente sustentables. No porque el país necesite crecimiento aprobaremos un mal estudio. Desde el punto de vista del Estado, está la obligación de ver en detalle las alternativas de impacto.

-¿Qué percepción tiene del empresariado chileno? Con el curso del tiempo, la brecha entre los grandes y los pequeños ha ido creciendo cada vez más.
-En Chile, en general, el empresariado está básicamente constituido por pequeños y medianos empresarios. Los grandes son muy pocos, sobre todo si los comparas con el patrón internacional…

-Pero representan el mayor pedazo de la torta del PIB.
-Por supuesto, pero son muy pocos, y como Chile es muy chico, empresarios que en ninguna otra parte del mundo califi carían más allá de medianos, acá son vistos como grandes. Nosotros tenemos empresas medianas y pequeñas y muy pocas, muy pocas, empresas grandes. Y los problemas que tienen empiezan a ser cada vez más comunes, aun cuando en aspectos como el fi nanciero las grandes empresas tienen ventajas, porque pueden acudir, y así lo están haciendo, a mecanismos como la emisión de bonos, no solo en Chile sino también en el extranjero, cosa que ni los medianos ni los chicos pueden hacer. Pero en lo que a procedimientos se refi ere, tienen que cumplir con las mismas normas ambientales y laborales. Y ahí hay un punto, porque cometemos ciertos errores cuando se habla de empresa y de trabajador casi pensando que toda empresa es grande y que todo trabajador está organizado; en la mayoría de los casos no es así. Muchas normas están hechas sin identifi car el tamaño de la empresa, y en eso se está trabajando para corregir situaciones que pueden ser claramente asimétricos.

-¿Hay ambiente de pro-inversión en Chile?
-Después de una etapa en la que muchos empresarios asumieron una posición más bien de “rentistas”, creo que ahora se están abriendo nuevamente espacios de inversión. En determinados sectores, por ejemplo en el energético, hay una cartera de proyectos muy significativos, que van desde 20 a dos mil megawatts. Y eso es porque ven que hay una potencial demanda, hay una señal de precios que permite hacer rentable el negocio.

-¿De qué porcentaje del “no-crecimiento” pueden ser responsables los cuellos de botella?
-Creo que como sociedad a ratos nos creemos el cuento. Hemos tenido un crecimiento notable, con algunos baches, pero en general más que razonable. La pregunta es si por eso nos vamos a sentir satisfechos y vamos a dejar de lado el crecimiento como objetivo. No puede ser así, porque tenemos millones de chilenos bajo la línea de la pobreza y otros millones “algo”, solamente “algo”, por encima de ella.

Este es un país que todavía requiere que el crecimiento esté en el horizonte de cualquier gobierno. El imperativo de crecer tiene que seguir siendo un pilar. En los países más desarrollados pueden abrir otras discusiones, como pensar en menos horas de trabajo, en menos industrias…

-Jorge Schaulsohn, hace un año y en estas mismas páginas, decía que las políticas del gobierno se encaminaban a dar por concluido el ciclo del crecimiento para pasar al de la distribución. ¿Se rectificó el camino entonces?
-Pensar que estamos en una situación tal que podemos congelar el crecimiento y comenzar solo a distribuir tal vez generaría igualdad, pero una igualdad hacia abajo y tremendamente pobre.

-Los primeros meses del gobierno de la presidenta Bachelet se encaminaron en esa dirección.
-Hubo una cierta sensación colectiva y transversal en torno a que la distribución era el tema. Es cosa de revisar los mensajes de la campaña presidencial de todos los candidatos. Ahora, lo que es claro del discurso de la presidenta es que el crecimiento le preocupa y que quiere gente que se ocupe de ello como prioridad.

{mospagebreak}EL "CHICOTE"

-Volvamos a los cuellos de botella, ¿cómo eliminarlos? Este es un país legalista y, por ende, más burocrático de lo que al crecimiento le conviene.
-A partir de proyectos concretos vamos a ir identifi cando dónde está trancada la máquina. La idea es aprovechar el tiempo no para hacer un estudio teórico, sino para ir superando los problemas en la práctica.
En las inversiones pequeñas se notan más los inconvenientes, porque a veces las exigencias no se condicen con el tamaño de la empresa. Además, hay que enfocarse en el financiamiento, porque si éste no está, no hay proyecto. En el caso de los grandes proyectos, todo indica que –en general– las normas que los rigen o los estudios que se les piden son necesarios.

-¿A qué distancia estamos de rebajar el tiempo requerido para armar o desarmar una empresa? El trámite en Chile quintuplica en costo y demora al de países como Australia, Nueva Zelanda o Singapur.
-Mi impresión es que la solución a esos temas no va a ser fácil. En Chile existen una serie de normas y procedimientos –municipales, sectoriales, locales– y muchos de ellos son parte de leyes que ha estado despachando el Parlamento. Desarmar esto implicaría pensar en tener una sola autoridad, y frente a eso la que queda afuera se levantaría, probablemente con un gran apoyo transversal de muchas colectividades del Congreso.

-Entonces, el panorama no es muy auspicioso. Si no estamos dispuestos a romper con las viejas estructuras, nada va a cambiar.
-Es complejo el asunto. Por eso que al fi nal las cosas resultan en Chile cuando alguien las “chicotea”.

-Y ese es su rol…
-Lo pondría con otras palabras.

-¿No es posible convencer a todos esos actores de que lejos de hacer un gran aporte a la humanidad, como seguramente ellos creen, están trancando la máquina?
-Lo que ayuda mucho es la señal de la presidenta, de manera que todos sientan que crecer es importante, que invertir es importante, que las inversiones son buenas y que, en paralelo a eso, hay que exigir una serie de normativas para agregar valor.

-¿Y cómo modifi car la actitud de la gente? Existe la sensación entre algunos empresarios de que cuando se presenta un proyecto en el Estado los perciben como “depredadores”. Hay cierta desconfi anza.
-Si eso fuera así, tenemos que combatirlo para que eso no suceda.

-Pero usted reconoce que algo de eso hay…
-Sí, claro, pero se trata de resolver algo tan simple. Seguimos siendo un país en crecimiento. Hace 50 años, la inversión era parte de la promesa que se les hacía a los ciudadanos, la industria era sinónimo de desarrollo y eso signifi caba empleo. Eso sigue siendo así, la industria sigue siendo importante para un país que tiene enormes potencialidades de crecimiento. Pero estamos en otro momento. La gente valora más otras cosas. En mi tierra, Magallanes, es muy probable que la forma en que se explotó el petróleo, y que fue tremendamente bien vista durante mucho tiempo porque fue el pilar del desarrollo de la región, hoy día no sería aceptable por temas medio ambientales. Lo otro que tenemos que entender muy bien es que el valor asociado a un entorno bien cuidado no es gratis. Queremos energía más limpia, bueno, pero es más cara.

-Eso hace suponer que el gobierno está cerca de que proyectos como Aysén se materialicen.
-No le corresponde al gobierno indicar qué proyectos deben hacerse. Todos los proyectos han de ser evaluados en su propio mérito y aprobados en la medida en que cumpla con los requerimientos.

Hay un determinado costo ambiental que no estamos dispuestos a pagar como sociedad, esto no es un capricho del ejecutivo. Hay que tratar de interpretar y tener una actitud emprendedora y positiva, por eso el plan se llama Chile Invierte. Queremos decir “qué bueno que usted está con un nuevo proyecto de inversión, bienvenido. Ahora bien, sepa señor que tiene que cumplir con estas normas”. Y queremos además que rápidamente esa persona sepa si su proyecto va a ser aprobado o rechazado. La idea es ver en qué etapa están los proyectos, dónde se han demorado, qué pasos eventualmente se pueden saltar o dar al mismo tiempo.

También hay que apurar la toma de decisiones. Mi impresión es que la gente a veces se demora porque se paraliza ante conflictos de intereses desatados por la competencia entre privados, que pelean por un proyecto o en contra de éste.

-¿Significa que en el aparato hay gente permeable al lobby o a la fuerza de determinados actores?
-De repente se genera cierto temor en la toma de decisiones.

No es presión ni lobby, sino más bien porque las personas temen que hagan lo que hagan, de todos modos los van a criticar. Como no siempre frente a un proyecto todos se declaran felices, entonces algunos prefi eren dilatar la decisión.

CELO FUNCIONARIO

-Para atacar el “problema de la pyme” hay básicamente dos fórmulas: una paternalista, que muchos exigen, y otra que implica generar condiciones para que haya competencia efectiva, con empresas que sobreviven y otras que mueren, pero con posibilidades de revivir sin transformarse en parias. ¿Cuál cree que debe ser la actitud del Estado frente a las pymes?
-Como ministro de Agricultura, me tocó vivir con la pyme agrícola y siempre he pensado que es un error llegar donde el agricultor y decirle “señor, deje de producir trigo y cámbiese a las frutillas”. Lo que se puede hacer es ayudarlo con determinados mecanismos, incluso con subsidios. Si tiene mejor suelo y tiene mejor agua, puede elegir entre esos dos cultivos o entre otros 22, cuál elija es problema suyo, si le va bien o mal, también es problema suyo. Hay problemas para la pequeña y mediana empresa en los sistemas fi nancieros que tienen que irse corrigiendo, como los costos de transacción que son extraordinariamente signifi cativos para la pyme y que no tienen la más mínima importancia para la empresa grande. Sería injusto no reconocer lo que se ha avanzado en este plano. No lo digo solo por el Banco Estado, puesto que tambien hay mucho microcrédito en otras instituciones. No podemos obligar a que los bancos le presten más a las pymes, pero sí podemos ir creando incentivos. En Chile tenemos un sistema financiero tremendamente estable, pero el costo de que sea así lo hizo muy cerrado, con bajo nivel de riesgo, que concentra sus colocaciones en grandes empresas probadas. En la medida que los bancos vayan perdiendo esos clientes porque se les permite emitir bonos, tendrán que bajar un peldaño a buscar nuevos mercados. Ese es un camino más posible que establecer cosas por ley.

-Y mejorar las posibilidades del que quiebra.
-Sin duda. Los grandes gurús de la economía dicen que los éxitos vienen después de tres o cuatro fracasos. Pero también es bueno que no centremos el tema de las pymes en la tensión de los fracasos.
Porque la cantidad de gente que ha tenido éxito por años es enorme. El discurso de la pyme no debe ser solo renegociar la deuda. También hay que pensar en aquellos que pagaron sus créditos, impuestos y contribuciones.

-¿Cree usted que la modernización del Estado es la gran deuda pendiente de los gobiernos de la Concertación?
-Sería injusto decirlo así porque también hay algunos aspectos fantásticos. Hace unos días en un trámite me pedían un certificado de nacimiento y por internet lo saqué en cosa de minutos. Lo mismo pasa con los impuestos y las contribuciones, por ejemplo.

Hemos tenido un avance importante y tenemos que seguir avanzando, es una tarea continua. Nos cuesta superar esta cierta competencia entre reparticiones del Estado, que tiene su punto positivo en funcionarios con las camisetas empapadas de su propio servicio, pero que en otros casos muestra que los celos funcionarios en Chile pueden dar lugar a muchas distorsiones donde se pierde de vista el interés general, el interés del país. Hay una cierta obsesión por preservar soberanías, cuando sería positivo a veces unificar procedimientos.

-Ahí está entonces la explicación de por qué hay un hombre con alma de político en este puesto.
-Todos los servicios deben entender que al fi nal son parte de una misma estructura, del Estado, y que el objetivo final se puede acometer mejor unifi cando procesos. Hay que comprender que el público son los ciudadanos. No podemos volver víctima al usuario de la pequeñez y del celo funcionario.