Por: Soledad Balduzzi Billy Joel relata en Piano man –su primer éxito lanzado en 1973–, su propia historia, cuando se ganaba la vida tocando en un piano bar de Los Angeles y los clientes le decían: “Cántanos una canción esta noche”. El tema de Joel recrea el ambiente de un sábado en la noche en […]

  • 9 septiembre, 2013

Por: Soledad Balduzzi

Billy Joel relata en Piano man –su primer éxito lanzado en 1973–, su propia historia, cuando se ganaba la vida tocando en un piano bar de Los Angeles y los clientes le decían: “Cántanos una canción esta noche”. El tema de Joel recrea el ambiente de un sábado en la noche en un bar, donde un grupo de solitarios, artistas frustrados y tipos que beben gin tonic se reúnen en torno al pianista que toca melodías que les permiten “olvidarse de la vida por un tiempo”.

El piano bar suele ser un lugar donde el público asiste de noche a divertirse, distraerse y tomarse un trago, acompañado del sonido del instrumento en vivo. En estos bares, el pianista repasa los clásicos de varios géneros musicales como el jazz, bossa nova, pop, boleros, tangos y también música de películas, entre otros.

La idea –me explicará más adelante uno de los pocos piano men que quedan en Santiago– es que sean canciones que le resulten conocidas a la audiencia; temas con los cuales la gente pueda identificarse o traer al presente algún recuerdo. Es decir, a las nueve de la noche de un día cualquiera, no es extraño que el pianista transporte a los oyentes desde los clásicos de Frank Sinatra a los tangos de Carlos Gardel, o desde los éxitos de Los Beatles a los últimos sencillos de Adele.

El concepto de piano bar surgió a principios del siglo pasado. En Chile, uno de los lugares más recordados fue el piano de cola que colmaba de música al bar del desaparecido Hotel Carrera. En los años 80, las cadenas internacionales de hoteles cinco estrellas lucían orgullosamente el instrumento en sus lobbies o salones, ya que tener un piano era sinónimo de elegancia.

Sin embargo, ya sea por abaratar costos o por responder a un concepto más moderno, muchos de los hoteles sustituyeron al piano por música envasada. De hecho, en varios de esos recintos es posible todavía encontrar al instrumento –fijo, inmóvil, mudo– sin manos que lo llenen de vida.

¿Pasará el piano bar a la extinción o volverá en gloria y majestad? Es pronto para saber la respuesta, pero vale la pena conocer –antes de que desaparezcan– alguno de estos lugares que alegran las noches santiaguinas y que pueden contarse con los dedos de una mano.

Bar Don Rodrigo

Bar Don Rodrigo

Desde 1993 que Hernán Lavanderos, 75 años, técnico mecánico, músico autodidacta, campeón nacional de remo, ex Míster Chile y actor de la fotonovela Cine y amor, amante del montañismo y coleccionista de fotografías de insectos que él mismo saca con su cámara Nikon, toca piano de lunes a sábado en el bar Don Rodrigo del Hotel Foresta, ubicado al frente del cerro Santa Lucía.

Cruzar la puerta es comprar un boleto hacia el pasado: se ingresa a un pequeño y acogedor lugar de no más de veinte mesas y de paredes tapizadas, donde los garzones de camisa blanca y humita se pasean entre una y otra mesa. Lavanderos es romántico: toca temas de Julio Iglesias, Frank Sinatra, Edith Piaf, Miguel Bosé… Algunas canciones las acompaña con su voz grave o con la armónica que guarda en el bolsillo interior izquierdo de su chaleco de cuero. La camisa verde, el pañuelo amarrado al cuello y el sombrero al estilo cowboy, evocan un leve parecido entre el pianista y Clint Eastwood, en sus años de western. Los días que Lavanderos no puede venir, es su amiga Cecilia Silva quien se instala solemne detrás del piano.

A este bar vienen desde veinteañeros hasta señores barbudos y canosos. En las mesas hay grupos de dos o tres personas conversando, mientras que en la barra se sientan quienes llegan por su cuenta. Algunos de ellos viven cerca y son clientes habituales, como Ariel, que hace dos días celebró aquí su cumpleaños y que al llegar saluda y conversa con Santiago, el bartender que rellena una y otra vez los jarros de cerveza.

Victoria Subercaseaux 355, Santiago

De lunes a sábado entre las 20:00 y las 00:30 horas.

Latin Grill

Latin Grill

Es la noche de un martes. Hay algunas mesas ocupadas. En una de ellas, al fondo, un señor de traje y corbata habla por celular. En otra, hay un grupo en una reunión de negocios. Pero en otro puesto, en silencio, cena solitariamente una señora. Es rubia, extranjera, bordea los 50 y sus ojos miran fijos hacia el piano de cola.

Esteban Godoy, 34 años, es quien en ese momento entona Always on my mind, de Willie Nelson, en el restaurante Latin Grill del Marriott. Godoy, titulado de Composición y Arreglos de la Escuela Moderna de Música, también trabaja con artistas nacionales. Por ejemplo, es director y pianista de la banda que acompaña a Germaín de la Fuente –el ex cantante de Los Ángeles Negros– y también participa en el grupo que toca junto a Leandro Martínez.

El representante más joven de los piano men santiaguinos tiene un canal en YouTube para promover su trabajo –donde sube los videos de sus bandas en vivo– y sueña con tocar piano para siempre. “Como reza el dicho: ‘el que nace chicharra, muere cantando’”, afirma al esbozar una leve sonrisa en su rostro.

Av. Kennedy 5741, Las Condes

De martes a sábado entre las 20:30 y las 23:00 horas.

Bar Trafalgar

Bar Trafalgar

Entre una y otra canción, se escucha el roce de las copas y el murmullo de la gente. Los garzones se pasean con cocteles en las bandejas. Unos focos iluminan al pianista Mauricio Ahumada (41) y a Ximena Reyes, quien canta a su lado. Tienen química: se miran, conversan, sonríen. El dúo inicia el repertorio con Everything de Michael Buble, y Ahumada mueve su cabeza siguiendo el beat de la canción: 1, 2. 1, 2.

Hace once años que Ahumada toca el piano en el bar Trafalgar del Hotel Crowne. Descendiente de una familia de músicos –madre y padre pianistas, tío y abuelo saxofonistas, abuela cantante, primo baterista–, a los nueve años comenzó a aprender a tocar este instrumento que se convirtió en su fuente de trabajo y del cual hoy no descansa casi en ningún momento del día.

Estudió piano en el Conservatorio de la Universidad de Chile y luego Licenciatura en Música en la misma casa de estudios. Cuenta que ha tocado ante presidentes de todo el mundo como Bill Clinton, Fidel Castro y Carlos Menem, y también ante los reyes de España. ¿Qué es lo que más le gusta de ser pianista? “La música me permite ser niño, me mantiene fresco, entusiasmado y me gusta sentirme así”, dice.

De lunes a viernes entre las 19 y las 21 horas funciona el Happy Trafalgar: dos tragos más buffet libre a $10.500 por persona.

Alameda 136, Santiago

De lunes a sábado entre las 18:30 y las 22:30 horas.

Piano Lounge

Piano Lounge Bar

Al dar los primeros pasos en el hotel boutique The Aubrey –ubicado a los pies del cerro San Cristóbal en Bellavista–, uno sabe que va por buen camino: el piano se escucha cada vez más fuerte. En los sillones de cuero del Piano Lounge se relajan los huéspedes del exclusivo hotel mientras se toman un trago, comen unas tapas y escuchan a Amadeus tocar el piano. Su nombre real es Misael Corvalán (55), pero sus amigos le dicen así, asegura.

El pianista comenzó sus estudios a los ocho años en el Conservatorio de la Universidad de Chile y desde entonces no se ha separado del teclado. Actualmente toca en diversos lugares, realiza clases particulares y hace eventos como matrimonios.

“Mi oficio es entretener y romper el hielo”, sostiene. Cuando llega una pareja brasileña al bar, Corvalán toca Chica de Ipanema y unos éxitos de Roberto Carlos. Ella sonríe, canta tímidamente y aplaude al final de los temas. Luego, una pareja de chilenos se acerca al pianista para cantar Volver, el famosísimo tango popularizado por Gardel. Desde el iPhone, y apoyados sobre el piano, siguen la letra de la canción.

Corvalán agradece poder vivir de la música y lamenta que compañeros suyos toquen en el Metro por falta de trabajo. Pero no pierde el optimismo: confía en que el oficio de piano man va a volver “de aquí a un tiempo más, en gloria y majestad”.

Constitución 317, Bellavista

Los jueves y viernes entre las 20:00 y las 22:30 horas.

La Casona de Don Nacho

La Casona de don Nacho

Por más oscura que esté la noche, es imposible no distinguir desde lejos La Casona de Don Nacho, ya que unas luces de neón rojas y verdes iluminan a lo alto el nombre de este restaurante de comida tradicional chilena. En el primero de los tres pisos del establecimiento –construido en 1925– se encuentra Marco Antonio Gómez (43) sentado detrás del piano.

A los once años ingresó a la Academia Yamaha, en la cual fue pupilo del destacado músico y compositor nacional Sergio Polansky. Estudió Composición y Arreglos en la Escuela Moderna de Música de Valparaíso y actualmente divide su tiempo como profesor en ese instituto y piano man.

“Para mí, el piano es como mi segunda mujer. Es extraño, porque convivo con él muchas más horas que con mi señora o mi familia. Entonces el piano, a veces, es una pesadilla”, dice Gómez, medio en broma, medio en serio.

El pianista conoce bien a su público: la mayoría de los comensales viene en familia, supera los 50 años y goza con los boleros, tangos y las tonadas. “Yo veo los ojos que brillan. A veces se emocionan con canciones que toco”, agrega. Claro que su estilo musical favorito, el rock más duro, lo tiene que dejar para la medianoche, cuando vuelve a casa.

Av. Beaucheff 1239

De miércoles a sábado entre las 20:30 y las 23:00 horas, y los domingos entre las 14 y las 17 horas.