El nuevo disco de la banda irlandesa no está a la altura de su propio mito.

  • 17 marzo, 2009

 

El nuevo disco de la banda irlandesa no está a la altura de su propio mito. Por Andrés Valdivia.

Imposible desmerecer la habilidad de Bono y sus secuaces para hacer buenas canciones. Imposible no sentir la reverberación épica de cada uno de los coros en sus treinta años de carrera. Se requiere una habilidad especial para todo eso, una cierta genialidad muy escasa y también las espaldas para echarse sobre los hombros todas las esperanzas, frustraciones, miserias y alegrías de la humanidad (algo que Coldplay nunca sabrá hacer, por ejemplo).

Pero ese juego tiene límites y requiere distancia, sagacidad. La catedral que U2 ha montado alrededor de sus canciones genera una caja de resonancia notable para su gospel, pero es también una trampa de muros gruesos. No Line On The Horizon, su nuevo y esperado disco, es una prueba más, un adoquín extra, en la mortal construcción que la banda ha forjado y que le impide respirar, crecer.

La dinámica no es nueva: U2 generalmente es siempre lo mismo, pero a partir de la renovación del equipo de productores logra encubrir sus canciones dentro del disfraz más adecuado para cada circunstancia. No hay nada de malo en eso. De hecho, esta fórmula ha generado algunos de los grandes discos de mi generación y algunas de las canciones más hermosas que se recuerden en el último tiempo, al menos en el mainstream.

Pero esta vez, Brian Eno y Daniel Lanois -responsables de The Joshua Tree y otros discos de la banda- no logran despejar el camino para que U2 llegue a puerto con un sonido a la altura de su promesa. O quizás, ese mismo sonido suena hoy, en el contexto de la música y del estado de las cosas, infantil y aburrido, repleto de muletillas.

Ocurre que U2 siempre supo cómo responder a las expectativas, cambiando la arquitectura de sus producciones, revistiendo
y maquillando sus canciones con el sabor de su época y al mismo tiempo complementando y descartando el pasado. Pero desde hace más de una década la banda se limita engrosar los barrotes de su celda. No Line On The Horizon es potente y suena como un cohete en dirección a Marte, pero no refleja los claroscuros ni las complejidades del supuesto planeta que Bono quiere salvar. Una decepción.

 

 

Canción a canción

NO LINE IN THE HORIZON: U2 histórico, pero extraviado. Repleto de coros arriba, más arriba aún de lo posible.

MAGNIFICENT: The Edge con una melodía en guitarra que recuerda los discos de comienzos de los ochenta. Sólida y pegajosa.

MOMENT OF SURRENDER: podría haber estado en Achtung Baby, pero le faltan fondo y oscuridad.

UNKNOWN CALLER: U2 clásico. Bellas melodías y The Edge presidiendo la batalla. Bonita canción.

I´LL GO CRAZY IF I DON’T GO CRAZY TONIGHT: parece una balada ochentena de Journey, pero Bono salva todo con su voz omnipresente.

GET ON YOUR BOOTS: un primer single energetic y potente.

STAND UP COMEDY: una de las canciones que no debió haber quedado en el corte final. Simple y aburrida.

FEZ: Eno y Lanois se tomaron esta canción y yerran. Sobre todo, por el contraste con el resto del disco en sus arreglos, a pesar de las bellas melodías de piano y guitarra.

WHITE AS SNOW: una de esas baladas marca registrada U2, pero poco convincente, poco emocionante.

BREATHE: una continuación del primer single, buena y directa.

CEDARS OF LEBANON: probablemente lo más interesante del disco: sombría y real.

3 discos Imperdibles


BOY.El primer álbum de U2 suena ácido y new-wave en su moral estética. La protesta y la rebeldía ya están instaladas, pero con un sonido directo y casi punk.

 

THE JOSHUA TREE Una exploración en las entrañas del sonido de Norteamérica. Repleto de singles y sobre todo de emoción genuina.

 

ACHTUNG BABY Oscuro, lleno de dudas y caminos por explorar. Dotado de un tono de fi n mundo, contiene algunas canciones de amor memorables.