Y finálmente llegó marzo. El tercer mes del año, además de las cuentas y trámites, dara luces más claras sobre los efectos de la crisis

  • 4 marzo, 2009

 

¿Ven eso? es lava. Y viene pa`ca. Con mirada ladina y bigotito patético, el personaje "Marzo" de un spot sacaba sonrisas hace unos año. Hoy, cuando el verdadero Marzo asoma, ya no hay sonrisas. Porque el tercer mes del año tendrá un triple efecto: el habitual de ser un mes duro; el de aportar datos más certeros sobre cuan mal están las cosas; y el que emerge bajo la forma de nuevas nubes negras que arrastran los vientos desde Europa del Este. Por Roberto Sapag.

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En diciembre pasado muchos comités y directorios optaron por cerrar sus presupuestos 2009 con carácter provisorio. La información disponible parecía tan precaria y cambiante que resultaba poco serio poner en letras de molde cualquier proyección. La frase del mes: “en marzo vemos”.

Pues bien, el letargo del verano ya quedó atrás y llegó la hora de la verdad. En diversos ámbitos ya se consolidan datos representativos del cuarto trimestre 2008 más otros que retratan los meses de enero y febrero de este año. Y el saldo no es para nada halagüeño, lo cual llevaría a corregir a la baja en dichos presupuestos, planes de inversión y de empleo.

Repasemos. La producción industrial (con una caída histórica de 10% en enero) va cuesta abajo en la rodada. El desempleo para el trimestre “estacionalmente bueno” de noviembre-enero se empinó a 8%. Las ventas automotrices aceleran pendiente abajo, con caídas progresivas que pasan de niveles de -13%, a -32%, -40% y -50% en meses sucesivos a partir de octubre pasado. Las importaciones de bienes de consumo (esos que se compran para disfrutar a tres años y más) se derrumban 50%. Y así, datos hay para echar a la chuña (a la arrebatiña, diría la RAE).

Eso, para entrar a conversar, porque la información internacional es en muchas dimensiones peor que la que generamos puertas adentro. Fuera de las fronteras ya se habla de nacionalizaciones masivas de sistemas bancarios, de un pernicioso y dubitativo manejo por parte del gobierno de Obama y de crecientes dudas sobre la sanidad financiera de la vieja Europa y de sus primos hermanos del Este. De hecho, no pocos economistas dicen en voz alta que el euro, como moneda común, atraviesa por un momento de gran estrés, quizás la prueba más decisiva que pudiera enfrentar, y que podría llevarlo a vivir sus últimos días

Ingredientes espeluznantes para este filme de terror hay de sobra. Sin embargo, no sólo esos guarismos estadísticos tienen a la gente con la piel de gallina. También hay otras informaciones que subliminalmente permean los miedos más íntimos de los chilenos: las tiendas a las que íbamos a darnos un gusto hoy están cerradas o con liquidaciones por cierre, los letreros publicitarios con mucha epidermis que nos cautivaban hoy están sin avisos y no pocos parientes, amigos y vecinos ya están sin pega.

En fin. Señoras y señores: marzo.


Pelos en la sopa

La historia estadounidense muestra desde 1857 un total de 32 ciclos recesivos, varios de ellos simplemente escalofriantes (como el de 1873- 1879, que se prolongó 65 meses, es decir seis años y medio; y el de 1929- 1933, cuando la peregrinación invernal se extendió 43 meses). Después de la Gran Depresión, sin embargo, nos acostumbramos a dinámicas menos agobiantes. Durante casi ocho décadas las peores contracciones registradas duraron como máximo 16 meses. Sin embargo, la actual ya contabiliza 13 meses y para muchos no está claro si siquiera estamos cerca de terminar el primer tiempo.

En este contexto, lo que prometía ser un punto de inflexión ha dejado gusto a poco. Nos referimos al desempeño del nuevo gobierno norteamericano: “nadie que haya escuchado a Obama en la sesión conjunta del Senado y la Cámara de Representantes puede dudar que Obama sabe hablar (…) Pero la pregunta que se le hace cada vez más frecuentemente al nuevo presidente es ¿podrá administrar?”. Así editorializó The Times de Londres, representando la opinión de cada vez más observadores.

Cómo Obama aborde de ahora en más la situación de su sistema financiero y cuánta convocatoria tenga en la próxima reunión del G-20 del 2 de abril, pasarán a ser antecedentes decisivos en las próximas semanas.

En especial, porque lo que parecía un germen en incubación ya está en franca maduración en Europa oriental. Según José Manuel Silva, de LarraínVial, “este marzo se nos viene con otro ingrediente preocupante: parece estar armándose una crisis financiera de grandes proporciones en Europa del Este. De hecho, una connotada clasificadora de riesgo acaba de advertir que los bancos occidentales, en especial de Europa, están muy expuestos en esa zona, en particular los de Austria y de Suecia. Según esos cálculos, los bancos occidentales le han pasado 1,7 trillón de dólares a Europa del Este, región que enfrenta esta crisis con muchos desequilibrios financieros, al punto que se puede hacer un paralelo con lo que en el pasado fue América latina en otras crisis”.

Déficit de cuenta corriente, tipos de cambio fijo, contratos amarrados al euro y otras situaciones tienen a esa región bajo máxima tensión, lo cual promete salpicar a Europa occidental y poner su unión monetaria, y al euro, en particular, ante la más dura prueba jamás vivida. La purulencia puede brotar de muchas formas, dicen los expertos, pero lo claro es que como nunca quedará en evidencia la dicotomía latente en el viejo continente entre la pretensión de tener una unión económica y la realidad de contar con dinámicas políticas y sociales independientes para cada país.

“Hoy los llamados PIGS –Portugal, Italia, Grecia, España– están muy estresados, porque viven en condiciones bajo las cuales en el pasado probablemente ya habrían devaluado. Y ante eso surgen teorías que van desde la salida de algunos de estos países del euro (con el problema de que su deuda está denominada en esa moneda, lo que equivale a un default y se asemeja a la pesización de Argentina)… Otra ruta es que Alemania se salga y con eso el euro se convierta en una moneda débil. Aunque en ese caso los capitales fluirían a ese país buscando refugio, afectando a su moneda y acentuando la recesión industrial que ya sufre”, dice Silva.

Nada alentador. Con todo, el experto cree que lo más probable es que el mundo “sólo” enfrente la peor recesión, la más larga y profunda, desde la II Guerra. Eso supone una caída del PGB de EEUU de 3 a 4 puntos entre el punto máximo y el mínimo y con un fuerte ajuste en el consumo, ya que los hogares no empujarán el carro porque se ocuparán en reconstruir sus saldos de ahorro.

Claro que también hay otros dos escenarios que, aunque menos probables, no se pueden dejar de mencionar. El del ciclo en “V”, con una caída fuerte y una recuperación rápida, con los hogares de Estados Unidos consumiendo y con los asiáticos, entre ellos los chinos, comenzando a consumir. Y otro de “depresión contenida”, con una caída de hasta 8 ó 10 puntos en EEUU, con muchos trimestres de caída, con demoras de meses en la implementación de medidas y una crisis violenta en Europa, con el derrumbe de la Unión Europea.

¿Y cómo andamos por casa?

Y si bien para Chile los escenarios más catastrofistas son menos probables, habrá una dinámica psico-social que administrar con delicadeza.

“Una vez que estemos todos de vuelta al trabajo vamos a sentir más nítidamente cuál es la temperatura ambiente –dice Guillermo Tagle– y en ese minuto la variable más crítica va a ser la del empleo”. Y como es probable que muchos indicadores sigan por un buen rato mostrando frenazos violentos, muchos agentes económicos podrían quedar encandilados cual conejo en la carretera una noche de invierno.

Esa sensación de inseguridad laboral severa, dice Tagle, no debe ser vista sólo como una manifestación de miedo social, sino que como un fenómeno de verdadero alcance macroeconómico: “el miedo laboral produce una reacción de segunda vuelta muy fuerte en términos de actividad, porque lo primero que se hace es reducir el consumo, postergándose todas las decisiones postergables, ya que las personas buscarán a todo nivel mantenerse sólidas en cuanto ahorros. Esto te lleva a otra reflexión sobre el tema de si los bancos prestan o no plata, porque en estos tiempos la verdad es que la gente simplemente deja de pedir plata”.

El ajuste de valor patrimonial ya producido por la vía de la caída de las bolsas, de los ahorros previsionales, de las propiedades y de los fondos mutuos también pesará de manera poderosa sobre las expectativas en estos meses de arranque. Con todo, Tagle cree que como es un fenómeno que afecta a la humanidad completa, no provocará reacciones dramáticas, aunque sí impactará en la disposición de ánimo para invertir, para emprender, para tomar deuda. “La humanidad está volviendo a una escala más modesta de estilo de vida. Mira tú lo que ha pasado con las importaciones en enero y febrero… eso ya te da una indicación de cómo estará el consumo en abril, mayo y junio. En el segundo trimestre no se venderá más porque sencillamente no se importó”.

Con todo, Tagle dice creer que “el peor año financiero ya pasó y fue el 2008” y que el peor año de la economía real será el 2009. “Si las bolsas se anticipan, los precios ya incorporaron esto. En Chile, por lo demás, se ha dado un fenómeno local, por la vuelta de inversionistas que temen a los mercados externos. Se está comprando activos conocidos y eso explica un poco lo que pasó en enero. A ello se suman efectos puntuales como la OPA de Wal-Mart, que generó una liquidez inesperada y que había que relocalizar en otras acciones de la bolsa. Estamos viendo algo así como una vuelta a lo básico, a lo conocido, que podría apuntalar algo la situación”.

José Manuel Silva también tiene varios puntos que anotar en la columna de las fortalezas (un sistema financiero sano, ahorros fiscales, etc.), pero prefiere ser realista y decir que “lo más probable es que este año tengamos una recesión técnica en que quizás no veamos un año entero de caída en el producto, pero sí un par de trimestres, con cesantía en dos dígitos, con ajuste violento en el sector inmobiliario, una caída en la recaudación fiscal del gobierno, con un déficit fiscal mayor al esperado y con un uso mayor de lo ya hecho de los fondos ahorrados afuera. Pero como tenemos un tipo de cambio flexible, eso ayudará a hacer los ajustes más rápido”. A pie de página y con signo de interrogación consigna que 2009 será un año electoral, lo que podría afectar la toma de decisiones dándole algún sesgo en la dirección opuesta a lo deseable y sano.