1. HUMOR. Edwards Bello consideraba que los lateros eran una plaga y sus crónicas están dotadas de una elegante ironía, que muchas veces despierta carcajadas. Por ejemplo, cuando habla de la nefasta tradición nacional según la cual cada temporada lluviosa es la peor del siglo, causante de inundaciones y estragos al por mayor: “En todos […]

  • 8 agosto, 2008

1. HUMOR. Edwards Bello consideraba que los lateros eran una plaga y sus crónicas están dotadas de una elegante ironía, que muchas veces despierta carcajadas. Por ejemplo, cuando habla de la nefasta tradición nacional según la cual cada temporada lluviosa es la peor del siglo, causante de inundaciones y estragos al por mayor: “En todos los paísesdel mundo el  otoño es señalado por la caída de las hojas; pero en ningún país como en Chile el invierno se señala con la caída de los postes
telefónicos”.

2. ACTUALIDAD. Pese a estar escritas hace ocho décadas, estas páginas poseen una vigencia que quema las manos. Quien crea que Chile ha cambiado mucho tendrá en este libro una refutación. “Se dice que Santiago es una gran aldea… Pero más que aldea grande Santiago es una gran aglomeración de aldeas parchadas, remendadas”.

3. ESTILO. Edwards Bello es uno de las grandes prosistas chilenos del siglo pasado y sus textos tienen la perfección y el ritmo, la naturalidad y la música que se echa de menos en la deslavada crónica de hoy. Hay que volver a leerlo para conocer la riqueza extinguida de la lengua. “Ha llegado a Valparaíso un acorazado con la bandera estrellada de la Unión y la ola rubia de marineros ha bajado a las calles en su balanceo de izquierda a derecha, como pequeños barcos individuales separados del gran barco”.