• 14 mayo, 2009


El escenario que se proyecta a diciembre es novedoso, por cuanto se ha multiplicado por cinco el número de candidatos que inscribirá la Concertación para la primera vuelta. Hoy, no tienen claridad de si alguno logrará pasar a la segunda.

Durante los últimos meses nos hemos visto inundados de información sobre estudios de opinión pública. Conviene detenerse un poco a mirarlos para sacar algunas conclusiones gruesas, pero que se mantendrán hasta diciembre.

Se observa una disposición a sobrevalorar lo nuevo, como si emergiera una demanda por alternancia, cambio…
Es un clamor por el destierro de lo aborrecido; entre otras cosas, el conflicto, la ineficacia y lo corrupto. Así, en la emergencia de fenómenos como el de Marco Enríquez-Ominami vemos que los chilenos se aproximan a ese grito venezolano “que se vayan todos”.

También está en latencia la dispersión del pacto oficialista. Después de ser la coalición más estable en la historia de Chile, en el período de decadencia la Concertación no está convocando a todos sus adherentes en torno al candidato seleccionado en una “primaria anoréxica”, como alguien dijo. Este problema es evidente. Frei no alcanza a aglutinar al pacto y la izquierda cojea detrás suyo, con otros ex militantes de sus partidos planteándose como alternativas al modelo, a las elites dominantes, a los que reniegan de su propia herencia.

Dado lo anterior, contamos cuatro candidatos que pueden ser rotulados de “alternativos”, pero que comparten una historia; todos son ex militantes de partidos de la Concertación: Zaldívar, Navarro, Arrate, Enríquez-Ominami. Por lo tanto, el escenario que se proyecta a diciembre es novedoso, por cuanto se ha multiplicado por cinco el número de candidatos que inscribirá la Concertación para la primera vuelta. Hoy, no tienen claridad de si alguno logrará pasar a la segunda.

Por el otro lado, el potencial electoral de Sebastián Piñera no se vio mermado, contra lo que proyectaron muchos analistas de la Concertación, a la espera de la definición de Frei a través de primarias. En realidad, lo que anhelaban era que el ex presidente se situara por sobre el candidato de la Alianza una vez proclamado. No sucedió y, al contrario, emergió un fenómeno que permite plantear la duda sobre la viabilidad del candidato de la continuidad más ortodoxa del oficialismo.

Así las cosas, el eje central del debate político se ha ubicado en el cambio. Sin embargo, nos encontramos con una presidenta que obtiene más de 60 puntos de popularidad. De ahí que la demanda por novedad adquiera apariencia de paradoja. ¿Cómo será lo nuevo, lo que nace después de una experiencia tan bien valorada como Michelle Bachelet? Finalmente, a pesar de la valoración subjetiva de la mandataria, el juicio sobre lo político pesa más sobre todo aquello que huela a Concertación y, por eso, no se ha provocado la consolidación de la votación de centro izquierda en torno a su candidatura.

En definitiva, Frei es un mal candidato. Sus apuestas fueron acertadas, pero el efecto de las mismas no obtuvo la magnitud esperada. Su mujer, incluso, le ha propinado un golpe al volver a anclarlo a los errores de su mandato y la base social de izquierda se alineó en torno a otra oferta.

El escenario electoral, por lo tanto, se observa móvil y mutante, con dispersión en un lado de la vera y consolidación de la Alianza en torno a una nueva coalición por el cambio, único referente capaz de darse a la tarea de desafiar al status quo.