No hay caso. Ya sea que se visite por primera vez o si se ha ido antes en distintas ocasiones, San Pedro de Atacama y sus alrededores no dejan de maravillar. A pesar de las hordas de turistas que llegan durante todo el año, el pueblo y los impresionantes parajes de la zona siempre se […]

  • 25 febrero, 2013
San Pedro de Atacama

San Pedro de Atacama

No hay caso. Ya sea que se visite por primera vez o si se ha ido antes en distintas ocasiones, San Pedro de Atacama y sus alrededores no dejan de maravillar. A pesar de las hordas de turistas que llegan durante todo el año, el pueblo y los impresionantes parajes de la zona siempre se las ingenian para encender los sentidos, ya sea a quienes buscan bohemia y emociones fuertes como a quienes se sienten sobrecogidos con la belleza de la naturaleza. Ni siquiera las intensas lluvias de principios de febrero fueron obstáculo para seguir gozando con todo lo que ofrece el sector.
Marzo es un buen momento para volver a aventurarse en San Pedro. En especial si entre la cada vez más variada oferta de hospedaje destaca el Tierra Atacama Hotel & Spa, el que pudimos conocer y nos dejó encantados tanto por su arquitectura como por la excelente atención de su personal.

[box num=”1″]

Creado y administrado por la familia Purcell, los mismos responsables del Tierra Patagonia en Torres del Paine y del clásico Centro de Ski Portillo, el Tierra Atacama es un “adventure spa” que mezcla las excursiones en medio de la naturaleza con la calma y el relajo de sus servicios. Un hotel boutique ubicado a sólo 15 minutos caminando del pueblo, por lo que asegura paz y tranquilidad, pero también la posibilidad de escaparse en cualquier momento a recorrer las concurridas tiendas, bares y restaurantes de San Pedro, visitar el Museo Arqueológico Padre Le Paige o simplemente deambular por sus calles, sentarse en la plaza o contemplar al cosmopolita desfile de personas que transitan por la tradicional calle Caracoles.

Equipado con 32 habitaciones diseñadas con detalles basados en el Altiplano nortino, el Tierra Atacama se adapta con armonía al paisaje que lo rodea: ya sea mirando a la Cordillera de la Sal o al volcán Licancabur –dependiendo de si están en el sector Oriente u Occidente–, todas cuentan con terraza y baño privados, pero además una ducha exterior que permite refrescarse en medio de la noche mirando las abundantes estrellas. Los jardines están diseñados armónicamente con vegetación y flora característica de la zona, y además acá la sustentabilidad es fundamental. No por nada en los últimos años el hotel ha sumado premios y buenas críticas a nivel nacional e internacional, incluyendo ganar el premio Travellers Choice 2012 de Tripadvisor, ser mencionado entre los “50 Hoteles que amamos en Sudamérica” del National Geographic Traveler y los Mejores Nuevos Hoteles de Travel + Leisure y Condé Nast Traveler, entre otros reconocimientos.

Pero las bondades del Tierra Atacama no están restringidas a sus instalaciones y atención. También se luce gracias al equipo de guías con los que cuenta, quienes cubren la más amplia variedad de alternativas para los viajeros, divididas según sus grados de dificultad, disposición personal y las condiciones físicas de cada uno en Fácil, Medio y Difícil: es así como los más preparados podrán aventurarse en un tour de entre 6 a 8 horas para un ascenso a la cumbre del volcán Toco (5.600 metros), pero para los demás habrá una veintena de otras opciones, incluyendo caminatas, salidas en bicicleta o cabalgatas.

Nosotros optamos por algunas de las excursiones ineludibles: desde la salida al salar de Atacama para observar a los flamencos en la laguna Chaxa hasta el clásico tour matinal a los siempre sorprendentes géisers del Tatio, pasando por la estimulante visita al Valle de la Muerte y el Valle de la Luna, y la salida en bicicleta a lo largo de 18 kilómetros hasta la laguna Cejar para flotar como si estuviéramos en el Mar Muerto. Entremedio siempre habrá ocasionales pausas en la ruta para observar camélidos, aves silvestres o recorrer las calles de pueblos como Toconao y Machuca.

Fuera de esto, una de las excursiones más fascinantes se hace a pocos metros del hotel: el tour astronómico que, dependiendo de las condiciones meteorológicas, se realiza en el Observatorio Ahlarkapin, ubicado a un par de cuadras. Ahí, luego de una didáctica y amena explicación a cargo de uno de los guías, en la que se exponen las nociones básicas sobre el estudio de lo que hay más allá de nuestro planeta, incluyendo la cosmovisión indígena, se pasa a lo que denominan observación “a ojo desnudo”: ayudados por un puntero láser y en plena noche, reconocemos planetas y constelaciones en medio del espectacular despliegue de la bóveda celeste en el cielo nocturno atacameño. La última etapa consiste en la observación en el telescopio, donde apreciamos nítidamente planetas como Júpiter, Urano y Neptuno, y constelaciones como Andrómeda, Orión y Tucán.

Entre tanto recorrido y en medio de la sequedad del desierto más árido del mundo, contar con un spa como el Uma –palabra de origen aymara que significa “agua”– es otro de los privilegios del Tierra Atacama. Una piscina climatizada interior con camas de burbujas, chorros y cascadas, baños de vapor y sectores de relajación mirando al volcán Licancabur, son el marco en el que se puede disfrutar de todo tipo de masajes corporales o faciales y tratamientos especiales que se basan en los elementos naturales atacameños. Y si se quiere estar al aire libre, la piscina exterior, el jacuzzi y la tinaja de agua caliente son irresistibles. Nosotros probamos algunos de los servicios, y en verdad podemos dar fe de que se entiende que el año pasado el Uma haya logrado que el Tierra Atacama fuera considerado como el Mejor Spa Resort de Chile en los World Travel Awards. No es exageración.

Párrafo aparte merecería también el despliegue gastronómico del hotel, en particular la generosa variedad que es posible disfrutar a lo largo de los días en los almuerzos y cenas, contemplando el Licancabur a través de los enormes ventanales o en la terraza exterior que invita a la calma y el relajo. Sólo por enumerar al azar algunas de las delicias con las que pudimos deleitarnos durante nuestra estadía: desde comenzar con una crema fría de palta y pistacho o sabrosas sopas de choclo y albahaca, zapallo italiano con queso ahumado de oveja o zanahoria y jengibre, hasta probar manjares como un turbot con salsa chardonnay acompañado por cous cous de espinaca, tilapia a la plancha con puré de garbanzos y pilpil de camarones, un asado de tira con puré rústico y chalotas, ensalada de pulpo a la parrilla con pebre de rocoto, pechuga de pato con salsa de arándanos y risotto de manzanas… En fin. Y si quedara con antojo, aparte de probar la recomendable carta de postres es posible arrancarse al pueblo a probar alguna de las exquisitas variedades de sabores que ofrece la heladería Babalú.

Ya lo dijimos: por mucho que se haya ido en otras ocasiones, San Pedro nunca deja de sorprender. •••