A bordo del Sea Cloud II –un gran y lujoso velero que recuerda a las embarcaciones del pasado– disfrutamos de un viaje de ensueño por el Mediterráneo, que nos llevó a legendarios puertos: Valletta en Malta, Siracusa en Sicilia, y Corfú, Cefalonia y Pilos, en Grecia.

  • 5 julio, 2012

A bordo del Sea Cloud II –un gran y lujoso velero que recuerda a las embarcaciones del pasado– disfrutamos de un viaje de ensueño por el Mediterráneo, que nos llevó a legendarios puertos: Valletta en Malta, Siracusa en Sicilia, y Corfú, Cefalonia y Pilos, en Grecia.

Advertencia: si usted es de los fanáticos de los cruceros en los cuales desde la noche a la mañana hay programadas ruidosas actividades de esparcimiento y todo parece ser una fiesta interminable, con karaoke, baile y concursos, tal vez Sea Cloud II no sea su mejor panorama. Pero si en cambio a usted le fascina el mar, siempre soñó con surcar océanos en un navío como de un cuento de Stevenson y arribar a puertos llenos de tradición y encanto, esta es una oportunidad imperdible.

El Sea Cloud II es una de las tres embarcaciones cinco estrellas de Sea Cloud Cruises, compañía alemana especializada en viajes de placer por Europa y el Caribe. Su primer barco fue Sea Cloud, construido en  1931, que adquirió en 1993. Restaurado el año pasado, sigue navegando en perfectas condiciones. El Sea Cloud II fue construido hace poco más de una década, pero mantiene un estilo señorial y majestuoso, que evoca a una clásica embarcación del siglo XIX. El otro es River Cloud, que recorre grandes ríos, como el Rhin y el Danubio.

Interexpress es la empresa chilena que representa en Chile a la compañía germana, además de firmas como Royal Caribbean y Silversea. Gracias a una invitación, pudimos disfrutar durante una semana de las bondades del Sea Cloud II, y hay que decir que el viaje superó todas nuestras expectativas.

De partida, si uno tiene cierto interés por la mitología griega y los poemas homéricos, el recorrido era una invitación a dejarse llevar por la imaginación. El puerto desde donde se zarpaba, Valletta, la capital de Malta, está sólo a 30 minutos al sureste de Gozo, isla que según la tradición sería el lugar donde la mítica Calipso retuvo durante siete años al protagonista de La Odisea, Ulises, al regreso de éste de la guerra de Troya.

Luego de pasar por la bella y pintoresca Siracusa, en Sicilia, se llega a Corfú, hermosa isla en el mar Jónico, donde se supone arribó Ulises intentando regresar a su querida Itaca. Tras conocer la sorprendente Cefalonia, el siguiente desembarco era en otro lugar clave para los relatos de Homero: el puerto de Pilos.

Claro que si lo suyo no son los mitos ni las leyendas, los lugares mencionados son por sí mismos un inagotable surtido de maravillas. Ya desde el inicio, con el espléndido contraste entre el intenso azul del Mediterráneo y el despliegue arquitectónico que ofrecen las murallas y edificios de Valletta, es imposible no sentirse atraído por el peso de la historia, como cuando se visita el monumento más emblemático de la isla, la catedral de San Juan, construida entre 1573 y 1578: austera y severa por fuera, pero barroca y llena de innumerables detalles decorativos en su interior. Destaca La decapitación de San Juan Bautista, única pintura firmada que se conserva del célebre Caravaggio, y el lienzo más grande que pintara el artista.

Siracusa y Valleta están separadas por menos de 100 kilómetros, aunque se nota inmediatamente que se trata de mundos distintos. Entre los atractivos están el Parque Arqueológico, con su teatro griego, un anfiteatro romano y la Latomía del Paradiso, una cantera de piedra junto a la cual se ubica la “oreja de Dioniso”, gruta artificial que permite sugestivos efectos sonoros. Todo el sector antiguo de Ortigia vale la visita a Siracusa, ya sea por los vestigios del templo de Apolo, los distintos hitos que evocan al ciudadano más ilustre del lugar, el científico Arquímedes, así como la Fuente de Aretusa, en la que crecen papiros y nadan los peces y patos, mientras los turistas se mezclan con los lugareños en los negocios con vista al mar. Si prefiere, puede perderse alegremente en el laberinto de las calles del centro histórico, y dejarse llevar por el instinto, descubriendo por casualidad una tienda de marionetas y disfrutar de un placer tan típicamente italiano como tomar un gelato.

Tras un día de navegación en alta mar, la llegada a territorios griegos no pudo partir de forma más estimulante: con un look muy distinto al de otras ciudades griegas gracias a tres siglos de predominio veneciano y posteriores periodos administrada por Francia y luego por Inglaterra, Corfú es definitivamente una de las joyas del Mediterráneo. A pesar de los bombardeos que sufrió durante la Segunda Guerra Mundial, las restauraciones han permitido una completa recuperación del casco antiguo, donde destacan la enorme plaza conocida como Spianada (donde a veces se juega cricket, legado de la influencia británica), el Liston con sus cafés y restaurantes, el palacio de San Miguel y San Jorge y la torre de la iglesia de San Spiridon. Sería imperdonable no desplazarse hasta las cercanías del pueblo de Gastouri, para visitar el Achilleion, palacio neoclásico que la emperatriz Sissi de Austria mandara construir inspirada en su admiración por el héroe Aquiles y las tradiciones griegas.

En la isla de Cefalonia, luego de desembarcar en Argostoli –que como el resto de la isla, no tiene típicas construcciones antiguas, ya que en 1953 fue devastada por uno de los  terremotos que suelen azotar la zona– no dejamos de encantarnos con una de las playas más afamadas de Grecia, Myrtos, de arenas blancas y bañada por aguas de intenso color turquesa.

Luego de pasar por pequeños pueblos y apreciar de lejos la cumbre del monte Ainos, culminamos con una visita a una viña donde se pueden degustar variedades locales como robola y mavrodaphne. Considerando todas las bondades de la Cefalonia, quizás tienen razón quienes aseguran que acá en verdad estuvo el reino de Ulises, en vez de la vecina Itaca. Tras una penúltima parada en Pilos (más conocido como Navarino), en pleno Peloponeso, nuestra travesía terminó en el Pireo, el histórico puerto de Atenas.

Puede ser extraño recorrer estos hitos turísticos cuando en todos lados se habla de la crisis griega y se levantan voces de alarma sobre el descenso de visitantes. Desde la mirada del viajero, sin embargo, no parecen notarse mayores cambios: la amabilidad helénica, la belleza de película de los paisajes y la tradición de siglos de historia son argumentos a los que cuesta resistirse, incluso en tiempos de vaivenes como los que vive la economía europea.

Velas a la vista
Todos los recorridos mencionados en cada uno de los puertos eran tours optativos: el viajero puede armar un trayecto a su gusto. E incluso quedarse en el barco, donde uno no tarda en sentirse como en casa, con un personal de servicio siempre dispuesto a satisfacer cualquier requerimiento.

El Sea Cloud II tiene una capacidad para más de 60 tripulantes y casi un centenar de pasajeros, distribuidos en 47 cabinas amplias y bien equipadas, que incluyen mini bar, televisión y un dvd con un surtido de películas. Su servicio de cocina es generoso y sofisticado, tanto en el buffet que -dependiendo de las condiciones meteorológicas- se sirve en cubierta, como en el elegante y bien iluminado restaurante en el nivel inferior. Cada una de las comidas suele incluir alguna especialidad o ingrediente local; también hay cenas temáticas y un par de eventos más formales. Para mantenerse en forma cuenta con spa y gym, con entrenadores personales para los pasajeros. También hay una biblioteca, con un computador con acceso a Internet, en caso de que alguien deseara abandonar la desconexión total que tan bien cae en una travesía como esta.

El proceso de izar o arriar las velas, con todo el despliegue de la tripulación, es un espectáculo en sí mismo. La compañía aprovecha además para organizar actividades y visitas en torno a lo que implica estar en una embarcación de ese tipo, incluyendo conocer la sala de máquinas, la cabina de mando y aprender a hacer nudos marineros. Y siempre hay sorpresas, como parar en medio del Mediterráneo para darse una zambullida.

Otras rutas que la empresa tiene proyectadas para 2013 son: de Estambul al Pireo; de Lisboa o Nápoles a Palma de Mallorca; de Las Palmas a Barbados, de Dublin a Bilbao, de Málaga a Niza. El River Cloud, por su parte, ofrece viajes fluviales por ciudades como Amsterdam, Nuremberg, Viena, Estrasburgo y Budapest en torno a distintos temas que dan un contexto a los itinerarios: música, artes, jazz; vinos y cocina; arquitectura y fotografía; historia y compositores como Debussy y Wagner.