Abogadas, ingenieras, periodistas, agricultoras. En síntesis, mujeres que llegaron desde el “norte” a vivir en los verdes paisajes del sur; en la mayoría de los casos, de la mano de sus maridos, que emprendían nuevos proyectos laborales. Al poco andar, ellas decidieron emprender solas o en sociedad, “colgándose” del fuerte desarrollo económico del sur impulsado por la acuicultura, la lechería y el turismo. Estas son sus historias.

  • 3 septiembre, 2008

Abogadas, ingenieras, periodistas, agricultoras. En síntesis, mujeres que llegaron desde el “norte” a vivir en los verdes paisajes del sur; en la mayoría de los casos, de la mano de sus maridos, que emprendían nuevos proyectos laborales. Al poco andar, ellas decidieron emprender solas o en sociedad, “colgándose” del fuerte desarrollo económico del sur impulsado por la acuicultura, la lechería y el turismo. Estas son sus historias. Desde Puerto Montt, por María Eugenia González; fotos, Walter Bordon.

Jóvenes, en plena actividad, profesionales hechas y derechas, que de un día para otro amanecen insertas en un entorno radicalmente distinto al que estaban acostumbradas. El shock no podía ser más potente, aunque en todos los casos fueron ellas las que, por distintas razones, se auto-amputaron de la vida urbana para transplantarse en el sur de Chile.

Una decisión consciente, pero no por ello menos impactante en sus vidas. Quisimos conocer sus experiencias, saber cómo se bancaron su peregrinar al sur y cómo finalmente supieron adaptarse y dar salida a sus inquietudes personales en estas australes tierras. Al conversar con ellas pudimos comprobar que cuando está en los genes emprender, nada detiene el impulso.

 

 

  

Ingrid Vandeputte es una veterinaria procedente de Concepción que hoy emprende en el rubro ganadero en las cercanías de Puerto Varas. La puertomonttina Francisca Brahm y sus socias “inmigradas” Carolina Ruiz Tagle y María Ignacia Jarpa. Hoy encabezan una empresa de comunicaciones.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Derecho” al sur

Cuando la abogada santiaguina de la Universidad de Chile, Macarena Letelier, llegó a Puerto Varas en 2004, junto a su esposo, Rodrigo Eichholz, ejecutivo del rubro turístico, pensó seriamente en producir puré de castañas…

“Hasta hice los cálculos de cuánto ganaría”,recuerda entre risas, aunque reconoce que la idea era más por darse un gusto que por ganar dineros que la vida en una ciudad pequeña era diametralmente distinta al estilo que había desarrollado en la capital. Aunque “ahora tenía tiempo para disfrutar de mis hijos, a diferencia de Santiago, donde trabajaba muchas horas y llegaba tarde a casa”, la verdad es que su nueva vida en el sur le dejaba espacio para canalizar otras inquietudes.

Al poco andar, Macarena conoció a Fernanda Soza, abogada de la Universidad Católica, con cuatro hijos, que llegó de la mano de su esposo, Juan Sebastián Montes, en esa época ejecutivo salmonero, hoy consultor. “Yo estaba feliz de poder disfrutar a mis hijos, pero algo faltaba”, confiesa Fernanda. Ella había vivido un par de años en Barcelona junto a su familia, mientras su esposo hacía un doctorado, período en el cual ya había postergado su desarrollo profesional.

La experiencia laboral de ambas, antes de su arribo al sur, era bastante distinta: mientras Macarena trabajó desde tercer año de su carrera en distintos estudios –de hecho se encontraba colaborando con la destacada abogada Olga Feliú al momento de su cambio de ciudad–, Fernanda estaba trabajando en una fundación.

Sin lazos de amistad previos y con el solo conocimiento que habían alcanzado en la cotidianeidad de la vida familiar que desarrollaban en Puerto Va ras, en 2005 decidieron instalarse con el estudio SYL Abogados. Y no les ha ido nada de mal: tienen una interesante cartera de clientes que abarca desde el Banco Santander hasta varias empresas salmoneras, y atienden desde Valdivia hasta Coyhaique. Incluso, se dan tiempo para que un 25% de sus clientes sean Probono. Uno de sus grandes logros es que son oficina corresponsal de importantes estudios de Santiago, como Carey y Claro y Cía.

Pese a los éxitos, reconocen que a veces sienten la falta de “un/una maestro/a” que las acompañe, situación que compensan, en parte, con material bibliográfico o sitios especializados en Derecho que se encuentran en Internet.

 

 

 

 

La periodista Paula Carvajal se trasladó al sur en 1999. A
poco de llegar fundó la empresa Punto10.
Inés Hanning vive junto a su familia en Ancud. Allí produce cremas a partir de caracoles y emprende en el rubro turístico.

 

 

 

Ingeniería humana

Una historia similar es la que vivieron Natacha Rovira y Carolina Montes. Ambas ingenieras comerciales de las universidades Diego Portales y Católica, respectivamente, llegaron a Puerto Varas en 2004 acompañando a sus maridos, quienes habían asumido importantes cargos ejecutivos en la industria salmonera.

Sin embargo, algunos matices diferencian sus llegadas. Mientras Natacha se sumó a la propuesta laboral de su marido, Martín León, gerente del área Salmones de Pesquera Camanchaca; Carolina, casada con Alfonso Márquez de la Plata, gerente general de AquaChile, fue quien más empujó la idea de irse al sur. “Yo motivé esta aventura sin fecha de regreso”, cuenta, al tiempo que explica que tomaron la decisión luego de haber vivido un par de años en Chicago por estudios de ambos. Una vez de regreso en el país, les hizo sentido probar en una ciudad distinta a Santiago.

En la capital, Natacha y Carolina habían logrado compatibilizar trabajo y familia gracias a que estaban contratadas a media jornada en sus respectivas oficinas. Natacha era la jefa de Internet de Parque Arauco y Carolina, directora de Estudios de Interbrand. Quizás por eso, nunca estuvo es sus planes abandonar el ejercicio de sus profesiones.

Ese aspecto en común y el que ambas son aficionadas al deporte –forman parte del grupo de maratón Corremundo–, les permitió no sólo conocerse y empatizar, sino que también emprender, en conjunto con una consultora orientada al marketing. “Partimos en la cafetería de un hotel como oficina”, recuerdan. Su primer trabajo fue un llamado ad honorem que les hizo Un techo para Chile. “El objetivo era levantar recursos desde las empresas, para lo cual nos enfocamos en la RSE”, anotan.

Después vino una seguidilla de asesorías, entre las que se encuentran la del Centro Integral de Medicina y Ejercicio (CIME) de la Clínica Los Andes (un proyecto que “tuvimos listo en 60 días”); la Maratón de Puerto Varas (a la cual “le dimos el carácter internacional que tiene hoy, y aumentamos de 400 a 1.500 los participantes, además de lograr 30 auspiciadores”).

Pero sus logros no quedarían ahí, ya que luego asesorarían al Centro de la Familia, CENFA, “donde hicimos la migración desde una institución que recibe donaciones a otra que genera recursos. El modelo incluso fue exportado a Santiago, y nos mantenemos ligadas a la institución como parte del directorio”, puntualizan. También trabajarían con Aerocorp, del grupo Fischer, al que apoyarían en el desarrollo de marca. “Nos lanzamos con ese proyecto, pero fuimos más atrevidas, porque transformamos una empresa de aerotaxis en una línea aérea que busca ser líder del mercado”.

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Las ingenieras Carolina Montes y Natacha Rovira, entre otras cosas, se han dedicado a promover el emprendimiento en la zona.

El último desafío que iniciaron juntas fue el convertirse en las directoras de Endeavor Patagonia, institución que promueve el emprendimiento. “El desafío es generar un alto impacto en la zona, a través del aumento del empleo que se produzca gracias a las empresas y los emprendedores”.

Otro caso de una ingeniera comercial que se atrevió a emprender en esta zona es el de Paola Barzelatto. Ella también aceptó el desafío de migrar al sur junto a su esposo, Andrés Abbott, quien asumió en 2006 la gerencia de proyectos de la inmobiliaria de la familia Wellmann. Así, dejaron atrás tres años de vida en Santa Cruz, donde ambos trabajaron para el grupo Cardoen en su área de turismo, y llegaron a Puerto Varas. “Yo no traía planes de trabajar, porque venía embarazada de mi cuarto hijo, así que pensaba a lo más instalarme con algún negocio”.

Sin embargo, al poco andar se encontró con una interesante oferta laboral: asumir la gerencia de Administración y Finanzas de Pacífico Sur Hoteles y Casinos, propiedad del grupo Fischer. Se trataba de ver toda el área financiera de los casinos, recién adjudicados en Temuco, Valdivia, Punta Arenas y Coyhaique. Y en eso está: preocupada del levantamiento de capital, el funcionamiento de la tesorería, la contratación de las 1.500 personas que laborarán en ellos y un largo etcétera que la mantiene en permanente movimiento. Reconoce que uno de los aspectos que más la animan es “que trabajo con profesionales de primera línea. De hecho, si viviera en Santiago, yo querría esta pega”.

 

 

 

 

 

 

 

Las comunicadoras

Las comunicaciones ha sido otro de los rubros en el que han incursionado varias emprendedoras venidas del “norte”. Es el caso de María Ignacia Jarpa y Carolina Ruiz Tagle, periodistas de las universidades Católica y de Los Andes, respectivamente, dueñas de CI Comunicaciones.

Carolina llegó a Puerto Varas en 2004, junto a su esposo, Francisco Correa, gerente de Logística de Pacific Star. En la capital “me había desempeñado en Centro Editor2 y había sido directora de Comunicaciones de Chile Unido”.

María Ignacia, por su parte, arribó el mismo año a Aysén junto a su marido, el abogado Alejandro González, como parte del programa Jóvenes al Servicio de Chile de la Fundación Jaime Guzmán. “En Santiago había trabajado en Emol y Estrategia, y una vez en Aysén me desempeñé en la municipalidad y SalmonChile”.

Dos años más tarde, María Ignacia se trasladaría a la Región de Los Lagos, lo que le permitió unir fuerzas con Carolina y la puertomontina Francisca Brahm. Armaron CI Comunicaciones, que asesora a una serie de empresas de la zona. ¿Su último logro? La alianza alcanzada con la empresa de comunicaciones santiaguina Feedback. Reconocen que no ha sido fácil, porque hasta ahora son pocas las firmas que valoran el tema de las comunicaciones corporativas y que cuando se dan cuenta de su importancia, suelen recurrir a compañías de la capital.

El mismo camino hizo la periodista de la Universidad Gabriela Mistral, Paula Carvajal. Llegó a esta zona en diciembre de 1999, un mes después de casarse. Al principio no pensó mucho en el desarrollo laboral y, de hecho, creyó que se dedicaría a “pintar cerámica o a hacer mermeladas”. Pero el bichito del trabajo la acompañaba. En Santiago había escrito para la revista De Novios y asesorado a la CMPC, así que cuando los amigos comenzaron a pedirle una serie de asesorías comunicacionales, vio la oportunidad de emprender. Fue así como nació Punto10, una empresa que le ha permitido trabajar con la industria salmonera.

Pero quizás lo que más la enorgullece en este momento es haber sido una de las impulsoras, junto a Metrik, del encuentro de emprendedores SalmonVálei, el que va para su cuarta versión y que convoca sobre 200 ejecutivos y empresarios del sector. Su entusiasmo por el tema nació a fines de 2004, después de participar en una gira tecnológica a Silicon Valley. “Allí me di cuenta de que para los gringos el fracaso no existe como tal, sino que es una oportunidad. Para ellos, si te fue mal, eso es un dato de la causa. Así que lo que buscamos con esta iniciativa es que el cluster del salmón sea real, que haya confianza entre las empresas y sus proveedores, que se hablen”.

 

 

 

 

Fernanda Soza y Macarena Letelier, socias de SyL Abogados. Paola Barzelatto ocupa una importante posición ejecutiva en empresas del grupo Fischer.

 

 

 

 

Con los pies en la tierra

Las historias de Ingrid Vandeputte e Inés Hanning Stolpe están ligadas a la tierra. En este caso, fueron ellas quienes decidieron venir a estos sureños paisajes: mientras Ingrid, veterinaria de la Universidad Austral, optó por trasladarse al sur desde su originaria Concepción para producir leche de la mejor calidad, Inés, ingeniero civil estructural de la Universidad de Chile, llegó desde Santiago para “devolver la mano” a su anciano padre, quien desde hacía varios años tenía un campo de 550 hectáreas en Caulín, en la comuna de Ancud, donde desarrollaba un negocio de turismo de verano asociado a cabañas.

Ingrid es toda una emprendedora: tiene un campo de 160 hectáreas en Playa Venado, a 17 kilómetros de Puerto Varas, el que adquirió a una antigua familia de colonos, con casa y todo. Allí, en el verano, aprovecha de desarrollar agroturismo, además de haber realizado una parcelación para desarrollo inmobiliario.

Una de las cosas que la mueven es la incorporación de todo tipo de innovaciones que le permitan mejorar la calidad y productividad lechera. Es así como introdujo la raza de vacas Jersey, proyecto que contó con el apoyo de CORFO; algo impensado hace nueve años, cuando partió. Hoy, todos los productores del rubro saben que las plantas procesadoras premian una leche con menor agua, y “yo produzco un kilo de queso por cada seis litros de leche, mientras que el productor que trabaja con la raza Holstein –la más común en los campos sureños– lo obtiene con 10 litros”.

Hasta la introducción de la raza Jersey, comercializaba su producción en distintas plantas, “pero a partir de ese momento decidimos quedarnos con Quesos Kumey de Purranque, una empresa familiar”. La idea de Ingrid su marido, el agrónomo Ignacio Alvarez, “es exportar este modelo a campos relativamente pequeños, porque la raza Jersey requiere una buena calidad de pradera”, lo cual pueden lograr a través de grupos de transferencia.

Pero las innovaciones de Ingrid no terminan. Actualmente está trabajando en la transferencia de embriones y en la inseminación de semen sexado, lo que permite determinar el sexo de las vaquillas, reduciendo las pérdidas. Entre sus desafíos futuros figura dar valor agregado a la leche: “estamos en condiciones de tener nuestra propia lechería, y de hecho ya pensamos en elaborar un queso gourmet, o helados”.

En Ancud, Inés Hanning, por su parte, debió aprender de todo. Ella se trasladó al sur el año 1997, tras desempeñarse como gerente comercial de la reserva ecológica Oasis La Campana. Al llegar se hizo cargo de un negocio que no conocía mayormente. “Me tocó aprender de campo, vacas y gallinas”, y lo hizo tan bien que al poco andar decidió crear una empresa propia “porque me di cuenta de que la hotelería no daba para vivir”.

En 2001 inició un negocio de carne de caracol, el que derivó en uno de cremas, que comercializa bajo la marca Helix. “Vendo 5.000 potes anuales, pero mi capacidad de producción puede crecer a 15.000”, cuenta entusiasmada. Para ello, está negociando desde hace un año y medio la posibilidad de arribar a los mercados japonés y europeo, trabajo en el cual ha contado con el apoyo de ProChile.

Pero no ha querido dejar de lado el negocio turístico. Hoy cuenta con Caulín Lodge, un centro turístico con cabañas, restaurante, oferta de talasoterapia (terapia de agua de mar caliente), y que forma parte del circuito de la Fundación Senda de Darwin, lo que le permite recibir a numerosos investigadores europeos. También introdujo la crianza de caballos de paseo y chilotes, “una raza mansa y muy amigable con los niños”. Reconoce que aún “tiene muchos planes y proyectos” porque, al igual que las otras emprendedoras, aquí no hay fecha de regreso.